Las puertas del baño de Myrtle la Llorona permanecían cerradas mientras el vapor de la Poción Multijugos llenaba lentamente el ambiente. El caldero desprendía un espeso humo amarillento y un olor tan desagradable que Harry tuvo que contener una arcada.
Hermione observó el reloj por última vez.
— Es la hora.
Sobre el borde del lavabo descansaban dos vasos llenos con la poción. Harry había añadido uno de los cabellos de Goyle y Ron uno de Crabbe. Ambos observaron cómo el líquido adquiría un tono oscuro y espeso antes de removerse por sí solo.
— ¿Listos? —Preguntó Hermione.
— Listos. —Respondieron Harry y Ron al mismo tiempo.
— A la una... a las dos... y a las tres.
Harry se tapó la nariz y bebió de un solo trago. El sabor era peor de lo que había imaginado. Sabía a col hervida mezclada con barro.
No tuvo tiempo de quejarse ya que un dolor insoportable comenzó a retorcerle el estómago.
Cayó de rodillas.
Sentía como si miles de serpientes vivas se movieran dentro de su cuerpo. El calor se extendió por cada músculo mientras los huesos empezaban a crujir. Sus manos crecieron hasta volverse enormes; los dedos se ensancharon, los nudillos sobresalieron y las uñas adquirieron un aspecto grueso y amarillento. Los hombros se expandieron con un chasquido doloroso y la túnica comenzó a rasgarse por las costuras.
Todo terminó tan rápido como había empezado, Harry respiró con dificultad desde el suelo de piedra. Su cuerpo ya no era el suyo. Con esfuerzo consiguió ponerse de pie. Se quitó las gafas y observó en el espejo roto el rostro inexpresivo de Gregory Goyle devolviéndole la mirada.
— ¿Estás bien? —preguntó.
La voz grave y torpe de Goyle salió de su garganta. A su lado apareció Ron.
O, mejor dicho, Vincent Crabbe.
— Es increíble... —murmuró, tocándose la cara—. Soy horrible.
Harry no pudo evitar asentir.
— Tenemos que irnos.
Ambos se acercaron a la puerta donde Hermione seguía encerrada.
— Vamos, Hermione.
Desde el interior respondió una voz temblorosa.
— Me... me temo que no voy a poder ir.
Harry frunció el ceño.
— ¿Qué pasó?
— No puedo salir.
— ¿Estás bien?
— Sí... solo váyanse.
Harry intercambió una mirada con Ron.
No tenían tiempo.
— Quédate aquí, volveremos enseguida.
El recorrido por los pasillos fue más complicado de lo esperado. Intentar actuar como Crabbe y Goyle resultaba casi tan difícil como la propia transformación. Harry tenía que recordarse constantemente que debía moverse con menos cuidado y aparentar ser mucho más torpe.
Después de varios intentos fallidos, terminaron encontrándose con Draco Malfoy.
Por primera vez en mucho tiempo, Harry sintió alivio al verlo.
Draco no pareció notar nada extraño y los llevó hasta la sala común de Slytherin. Allí, entre comentarios crueles y conversaciones desagradables, Harry y Ron consiguieron descubrir información importante sobre la Cámara de los Secretos y sobre lo que Lucius Malfoy sabía del pasado del colegio.
Sin embargo, antes de poder averiguar más, la poción comenzó a perder efecto. Con el tiempo en contra, ambos abandonaron la sala común rápidamente y regresaron al baño antes de que alguien pudiera descubrirlos.
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Horas después, Draco encontró a Akira en uno de los corredores cercanos a las mazmorras.
— Vi algo extraño hoy. —Comentó él con indiferencia, Akira levantó la mirada.
— ¿Algo extraño?
Draco se apoyó contra la pared, cruzándose de brazos.
— Crabbe y Goyle. No sé qué les ocurría, pero estaban diferentes.
— ¿Diferentes cómo?
Draco frunció el ceño, intentando explicarlo.
— No sé. Más callados, más atentos. Como si de repente supieran pensar. —Akira tuvo que contener una pequeña sonrisa.
— Eso suena bastante grave.
Draco la miró con fastidio.
— No bromees, fue raro.
—¿Y crees que pasó algo importante?
Draco se encogió de hombros.
— No lo sé, probablemente no. Ya sabes cómo son ellos, tal vez simplemente estaban cansados.
Akira notó que, aunque Draco fingía no darle importancia, el detalle seguía rondándole la cabeza.
— Entonces será mejor que no les quites el ojo de encima.
— Eso pensaba hacer.
Draco se alejó con su habitual expresión orgullosa, aunque claramente seguía preguntándose qué había ocurrido realmente.
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El diario de Tom Riddle había mostrado una verdad que Harry no esperaba encontrar. Después de regresar del recuerdo, permaneció unos segundos en silencio, intentando ordenar todo lo que había visto.
La figura de Hagrid aparecía una y otra vez en su mente. Cuando Ron llegó al dormitorio y lo encontró allí, notó inmediatamente que algo iba mal.
— ¿Qué ocurrió?
Harry levantó la mirada.
— Vi lo que pasó hace cincuenta años.
Ron se quedó serio.
— ¿Y?
Harry apretó el diario entre sus manos.
— Creo que Hagrid estuvo relacionado con la apertura de la Cámara de los Secretos.
La noticia cayó como una piedra entre ambos.
Más tarde, en la sala común de Gryffindor, Harry, Ron y Hermione intentaron comprender todo lo ocurrido. La conversación avanzó entre dudas y preguntas, hasta que apareció un detalle que ninguno había esperado.
El apellido del joven que había escrito el diario.
Riddle.
Hermione, que había estado escuchando en silencio, levantó lentamente la cabeza.
— ¿Riddle?
Harry la miró.
— Sí, Tom Riddle.
— ¿Lo conoces?
Ella tardó unos segundos en responder.
— No, pero... —Harry observó su expresión con curiosidad.
— ¿Pero...?
— Akira tiene ese apellido, y ya saben que dicen de las familias mágicas... —Ron frunció el ceño.
— ¿Estás diciendo que podría estar relacionada?
Hermione negó rápidamente con la cabeza.
Editado: 13.08.2026