El Expreso de Hogwarts avanzaba con suavidad mientras el paisaje verde desaparecía detrás de las ventanas. El ambiente era mucho más relajado que durante el viaje de ida. Algunos alumnos dormían, otros jugaban partidas improvisadas de ajedrez mágico y muchos simplemente aprovechaban las últimas horas antes de volver a casa.
Akira ocupaba el mismo compartimento que Draco, Blaise, Theodore, Crabbe y Goyle. Durante un buen rato nadie habló demasiado. Después del agotador final de curso, incluso Draco parecía haber perdido las ganas de discutir con alguien.
El silencio resultaba sorprendentemente agradable.
Blaise cerró el libro que había intentado leer durante casi media hora y dejó escapar un bostezo.
— Creo que este ha sido el año más raro que recuerdo.
— ¿Más que el anterior? —preguntó Theodore.
— Muchísimo más. Un asesino escapando de Azkaban, dementores por todo el castillo, profesores nuevos... Empiezo a pensar que Hogwarts intenta matarnos poco a poco.
— No exageres. —Respondió Draco.
— ¿Exagerar? Casi cancelan los partidos de Quidditch.
— Eso sí habría sido una tragedia.
Akira soltó una risa por lo bajo.
— Sabía que terminarías diciendo eso.
Draco giró apenas la cabeza hacia ella.
— Alguien tiene que mantener las prioridades en orden.
— Claro, la seguridad de toda la escuela puede esperar mientras haya Quidditch.
— Exactamente.
Theodore negó con la cabeza.
— No puedo creer que estés de acuerdo con esa lógica.
— No lo estoy.
— Entonces, ¿por qué no discutes?
Akira sonrió con tranquilidad.
— Porque discutir con Draco cuando habla de Quidditch es una batalla perdida.
Draco levantó una ceja con una expresión satisfecha.
— Ves que aprendes rápido.
— No confundas resignación con aprendizaje.
Blaise observó el intercambio durante unos segundos antes de mirar discretamente a Theodore. No hizo falta decir nada; ambos compartían exactamente el mismo pensamiento.
Era impresionante lo naturales que se habían vuelto esas conversaciones.
Ya casi no existían silencios incómodos entre ellos.
Si uno se levantaba para comprar algo, el otro iba detrás sin pensarlo. Si alguno encontraba un compartimento vacío, automáticamente guardaba un lugar para el otro. Eran pequeñas costumbres que ninguno parecía notar, pero que para quienes los conocían resultaban cada vez más evidentes.
Después de un rato, el carrito de dulces volvió a pasar por el pasillo.
La mujer apenas había llegado a la puerta cuando Draco levantó la vista.
— ¿Quieres algo?
Akira observó rápidamente lo que quedaba sobre el carrito.
— Las ranas de chocolate se terminaron.
— Entonces otra cosa.
— Me da igual.
Draco suspiró con exageración.
— Eso no ayuda demasiado.
La mujer esperó pacientemente mientras ambos seguían mirando los estantes.
— Esas plumas de azúcar no se ven mal. —Dijo Akira al final.
Draco pidió dos sin hacer más preguntas.
Cuando regresó a su asiento, dejó una frente a ella y comenzó a abrir la suya.
— Gracias.
— No es nada.
Akira tomó la golosina y sonrió apenas.
— Igual podrías haber comprado solo una.
— Podría.
— ¿Y entonces?
Draco se encogió de hombros, como si la respuesta fuera evidente.
— Si iba a levantarme, daba lo mismo traer dos.
Ella no respondió enseguida. Solo desenvolvió lentamente la pluma de azúcar mientras una pequeña sonrisa aparecía sin que pudiera evitarlo. Blaise volvió a mirar a Theodore, esta vez ni siquiera intentó disimular.
— Cinco galeones a que antes de quinto año esos dos terminan juntos.
Theodore soltó una risa.
— Vas a perder dinero.
— ¿Porque no pasará?
— No. —Theodore observó cómo Draco y Akira seguían conversando completamente ajenos a ellos— Porque van a tardar mucho menos.
Blaise soltó una carcajada.
Ninguno de los dos escuchó el comentario.
Seguían demasiado ocupados discutiendo cuál de todas las golosinas del carrito era la peor de Honeydukes, una conversación completamente absurda que, por alguna razón, parecía divertirlos más que cualquier otra cosa. Mientras el tren continuaba su camino hacia King's Cross, el resto del compartimento terminó uniéndose a la discusión, y por un rato Hogwarts, los dementores y Sirius Black quedaron relegados a un segundo plano. Sólo eran un grupo de amigos disfrutando de las últimas horas antes de que comenzaran las vacaciones.
Editado: 13.08.2026