Como era de esperar, Draco llegó a la cabaña de Hagrid con su habitual expresión de superioridad.
— Miren, chicos, ahí está el campeón de Hogwarts —comentó con una sonrisa burlona al ver a Harry—. ¿Trajeron un pergamino para pedirle un autógrafo? Dense prisa, porque dudo que sobreviva mucho. La mitad de los campeones terminaron muertos durante el torneo. ¿Cuánto creen que aguante Potter? Yo digo que diez minutos en la primera prueba.
Crabbe y Goyle soltaron una carcajada, mientras Pansy se cubría la boca para disimular la risa. Blaise negó con la cabeza, divertido por la actuación de Draco más que por la broma en sí.
Akira permaneció en silencio.
No le agradaba Potter, pero tampoco encontraba especialmente gracioso aquello.
La conversación terminó cuando Hagrid apareció cargando una enorme pila de cajas de madera. Dentro de ellas se movían los escregutos de cola e xplosiva, considerablemente más grandes que a principios de curso.
— Muy bien, cada uno tomará uno y lo sacará a pasear. —Anunció Hagrid con entusiasmo.
Un silencio incómodo recorrió la clase.
—¿Pasearlo? —repitió Draco con evidente desagrado—. ¿Y dónde se supone que le ponemos la correa? ¿En el aguijón, en la cola explosiva o en esa cosa que usa para succionar?
Hagrid le mostró cómo sujetarla alrededor del cuerpo del animal y recomendó ponerse los guantes de piel de dragón antes de empezar.
Los alumnos obedecieron de mala gana.
Pronto el terreno se convirtió en un auténtico desastre. Algunos escregutos salían disparados impulsados por las explosiones de sus colas, otros arrastraban a los estudiantes por el barro y unos cuantos simplemente se negaban a avanzar. Mientras tanto, Hagrid llamó a Harry para hablar con él unos metros más allá, apartándolo del resto de la clase.
Akira apenas les prestó atención. Tenía suficiente con intentar impedir que su escreguto explotara cada diez segundos.
— Estoy convencido de que Hagrid disfruta viendo sufrir a los alumnos. —Murmuró Theodore mientras el suyo casi lo hacía caer de bruces.
— No es una teoría, es un hecho. —Respondió Blaise.
Pansy resopló con fastidio mientras esquivaba otra explosión.
— ¿Quién en su sano juicio piensa que esto es una clase?
Crabbe y Goyle intentaban controlar a los suyos sin demasiado éxito. Cada pocos segundos uno de los dos terminaba cubierto de barro.
A varios metros de allí, Viktor Krum observaba con curiosidad a los escregutos junto a algunos alumnos de Durmstrang. Draco no tardó en acercarse a él para continuar la conversación que había iniciado durante la cena de la noche anterior.
Akira los vio hablar durante unos instantes. No le dio demasiada importancia. Al menos, no al principio.
Mientras trataba de mantener quieto a su escreguto, dos estudiantes de Durmstrang se aproximaron a ella. Eran mayores, probablemente de sexto o séptimo curso.
— ¿Necesitas ayuda? —preguntó uno de ellos con un marcado acento.
— Parece que ese bicho quiere escaparse.
Akira soltó una pequeña risa.
— Creo que quiere matar a todos por igual.
Los dos muchachos rieron con ella. Intercambiaron un par de comentarios más antes de seguir caminando, no llegaron muy lejos.
— Akira.
Ella levantó la vista.
Draco acababa de aparecer a su lado.
— ¿Qué?
Su tono era completamente serio.
— ¿Qué querían esos dos?
Akira miró por encima del hombro.
— ¿Los de Durmstrang?
— Sí.
— Solo estaban hablando.
Draco desvió la mirada hacia ellos justo cuando uno de los chicos volvía la cabeza para mirar a Akira una vez más. Frunció ligeramente el ceño.
— Pues hablan demasiado.
Ella arqueó una ceja.
— Hace cinco minutos tú estabas hablando con Krum.
— Eso es distinto.
— ¿En qué sentido?
Draco abrió la boca para responder. Permaneció unos segundos en silencio.
— Porque sí.
Akira no pudo evitar sonreír.
— Vaya argumento.
Él soltó un resoplido y volvió a sujetar la correa de su escreguto.
— Olvídalo.
Akira observó cómo se alejaba unos pasos, todavía con el ceño fruncido. Le resultaba curioso. La noche anterior había sido ella quien se había sentido incómoda al verlo tan pendiente de las alumnas de Beauxbatons. Ahora era Draco quien parecía molestarse porque un par de chicos de Durmstrang simplemente le hubieran dirigido la palabra.
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La clase terminó siendo un completo desastre.
Los escregutos parecían tener un talento especial para convertir el terreno en un lodazal. Más de un alumno regresó al castillo con la túnica cubierta de barro y pequeños rasguños provocados por las explosiones de aquellas criaturas.
— Nunca pensé que diría esto —murmuró Pansy mientras limpiaba sus zapatos con la varita—, pero echo de menos las mandrágoras.
— Yo echo de menos cualquier criatura que no intente matarme. —Respondió Blaise.
Theodore soltó una breve risa.
— Creo que Hagrid entiende el concepto de "clase práctica" de una forma muy particular.
El grupo comenzó a caminar de regreso hacia el castillo. Draco seguía unos pasos por delante, todavía algo serio, aunque ya no parecía tan molesto como durante la clase. Akira lo observó de reojo durante un instante antes de desviar nuevamente la vista.
Todavía seguía preguntándose qué había sido aquello. Llegaron a las mazmorras justo cuando sonaba la campana que anunciaba la siguiente clase.
Pociones.
Como de costumbre, los alumnos comenzaron a reunirse frente al aula del profesor Snape mientras esperaban que abriera la puerta.
Entonces Akira notó algo extraño.
Muchos estudiantes de Slytherin llevaban una insignia nueva prendida en la túnica.
Draco sacó una de su bolsillo y la colocó sobre su pecho con una sonrisa satisfecha.
En letras rojas brillantes podía leerse:
Apoya a CEDRIC DIGGORY: ¡El auténtico campeón de Hogwarts!
Editado: 13.08.2026