La sala común de Slytherin permanecía inusualmente silenciosa aquella noche.
Las llamas verdes de la chimenea proyectaban sombras ondulantes sobre los muros de piedra, mientras pequeños grupos de estudiantes conversaban en voz baja, todavía impresionados por los rumores que recorrían Hogwarts desde el final del juicio de Barty Crouch Jr. y la desaparición del señor Crouch.
Akira apenas escuchaba aquellas conversaciones.
Se había instalado en uno de los sofás cercanos al fuego con un libro abierto sobre las piernas, aunque llevaba varios minutos leyendo la misma página sin comprender una sola palabra.
Su mente regresaba una y otra vez al corredor del cuarto piso, al abrigo, a las palabras de Draco y al beso; no había sido largo ni especialmente apasionado, pero tampoco había sido un impulso vacío: había ocurrido, y ninguno de los dos sabía qué hacer con aquello.
La puerta de la sala común se abrió con un chirrido; Draco entró primero, con las manos en los bolsillos de la túnica, seguido por Theodore Nott y Blaise Zabini, los tres acababan de regresar de la biblioteca; Akira levantó la vista por puro reflejo y los ojos grises de Draco encontraron los suyos apenas un instante, fue apenas un segundo, los suficientes para que ambos desviaran la mirada exactamente al mismo tiempo; Theodore arqueó una ceja y no dijo nada, pero Blaise, en cambio, sí lo notó.
— ¿Qué les pasa? —preguntó mientras se dejaba caer en un sillón frente al fuego. Akira cerró el libro con calma.
— ¿Por qué tendría que pasarnos algo?
— Porque parecen dos desconocidos.
Draco tomó asiento en el respaldo del sofá, manteniendo una distancia prudente.
— ¿Desde cuándo te interesa nuestra vida personal, Zabini?
— Desde que llevo cinco minutos viendo cómo evitan mirarse.
— No evitamos nada.
— Claro. —Blaise sonrió con evidente diversión— Y Crabbe es un prodigio intelectual.
Draco soltó un bufido.
— ¿No te cansas nunca?
— Nunca.
Theodore dejó sobre la mesa el grueso ejemplar de Transformaciones Avanzadas que había estado consultando.
— Yo también lo noté.
Akira giró despacio hacia él.
— ¿Tú también?
— Sí.
Respondió con la misma tranquilidad con la que hablaba siempre.
— Llevan dos días actuando raro.
— No actuamos raro.
— Draco acaba de responder por los dos.
Hubo un breve silencio.
Draco carraspeó.
— ¿Podemos hablar de otra cosa?
— Por supuesto.
Blaise apoyó un codo sobre el respaldo.
— Entonces cuenten qué pasó.
Akira sintió que el calor de la chimenea resultaba insuficiente para explicar el repentino rubor que ascendía por sus mejillas.
— No pasó nada.
— ¿Seguro?
— Sí.
— ¿Completamente seguro?
— Blaise...
— ¿Qué?
— Cállate.
El muchacho soltó una carcajada.
— Bueno, bueno, pero admitan que es raro. Hace una semana no podíais pasar diez minutos sin discutir.
— Seguimos discutiendo.
— No. —Theodore negó lentamente— Eso es precisamente lo extraño.
Akira y Draco volvieron a mirarse sin querer; otra vez fue apenas un segundo, y otra vez desviaron la vista antes de que el otro pudiera sostenerle la mirada; Blaise soltó una risita por lo bajo.
— Interesante.
— No empieces.
— No digo nada.
Pero seguía sonriendo.
Akira abrió nuevamente el libro.
— ¿Terminaron ya?
— Sí.
— Bien.
— No estás leyendo.
Ella levantó una ceja.
— ¿Perdón?
— Llevas cinco minutos en la misma página.
Akira bajó la vista, Blaise tenía razón. Ni siquiera se había dado cuenta.
— Estoy cansada.
— Claro.
Draco se incorporó antes de que Blaise siguiera molestándola.
— ¿Oyeron que McGonagall dejó a Potter usar el aula de Transformaciones?
Theodore asintió.
— Durante la hora del almuerzo.
— ¿Para qué?
— Preparar la tercera prueba.
Blaise hizo una mueca.
— Debe de ser seria, entonces.
— Lo es.
Theodore cruzó las piernas.
— Dicen que Moody prácticamente lo obliga a practicar todos los días.
— Moody siempre ha tenido debilidad por Potter. —Comentó Draco con desdén.
— O quizá simplemente quiere que el campeón de Hogwarts no haga el ridículo.
Draco resopló.
— Potter hace el ridículo sin ayuda.
Akira sonrió apenas; era la primera vez en toda la conversación, Draco la vio hacerlo y, sin proponérselo, sonrió también; fue una sonrisa pequeña, tan breve que desapareció antes de que pudiera convertirse en algo más, los dos volvieron a apartar la vista y Blaise los observó alternativamente.
— Bueno... —Silencio— Ahora sí estoy convencido de que ocurrió algo.
— No ocurrió nada.
Respondieron ambos al mismo tiempo.
Blaise abrió mucho los ojos.
Luego miró a Theodore.
— ¿Lo has oído?
Theodore asintió con absoluta serenidad.
— Sí.
— Da miedo.
— Un poco.
Draco negó con la cabeza, exasperado.
— Son insoportables.
— No tanto como ustedes esta semana.
Akira dejó escapar una risa involuntaria.
Editado: 06.09.2026