El Gran Comedor estaba irreconocible.
Las habituales telas con los colores de la casa vencedora habían desaparecido. En su lugar, enormes cortinas negras cubrían el muro detrás de la mesa de los profesores, apagando por completo el ambiente festivo que solía acompañar el banquete de fin de curso. Ni siquiera las velas suspendidas en el techo conseguían devolverle algo de calidez al salón.
Akira entró junto a Draco, Theodore, Blaise y Pansy sin decir una palabra. Ninguno de ellos lo hizo.
Las conversaciones apenas existían aquella noche, todo Hogwarts parecía caminar más despacio. Incluso los alumnos de Slytherin hablaban en voz baja.
Cuando tomaron asiento, Akira recorrió el Gran Comedor con la mirada.
La mesa de Hufflepuff era un retrato del duelo. Muchos tenían los ojos enrojecidos; otros permanecían inmóviles, contemplando el plato vacío frente a ellos sin intención alguna de comer.
Más allá distinguió a Harry, Ron y Hermione entrando juntos. Harry tenía un aspecto mucho peor que unos días atrás. Caminaba despacio, como si todavía le doliera cada paso.
Después su atención subió hasta la mesa de profesores.
Moody había regresado.
Ya no era el hombre extraño que habían conocido durante el curso, sino el verdadero Alastor Moody, con su pierna de madera y el ojo mágico girando sin descanso. Parecía agotado y sobresaltado; daba pequeños respingos cada vez que alguien le dirigía la palabra.
La silla de Karkaroff, en cambio, permanecía vacía.
Nadie parecía saber dónde estaba, pero fue otra figura la que terminó reteniendo la atención de Akira.
Severus Snape.
Continuaba sentado junto a McGonagall, exactamente igual que siempre, aunque ella ya sabía distinguir diferencias que para el resto pasaban desapercibidas.
Tenía el rostro más pálido, las ojeras más profundas y mantenía las manos entrelazadas sobre la mesa con una rigidez impropia incluso de él. No levantaba la vista, no hablaba con nadie, simplemente permanecía allí.
Akira recordó la expresión que había visto en la sala común la noche anterior: la misma tensión, el mismo silencio. Algo estaba ocurriendo, algo mucho más grande que la muerte de Cedric. La atmósfera se había vuelto pesada, como si todos supieran que lo que había pasado en el laberinto era apenas la superficie de algo mucho más oscuro.
Draco, Blaise y Theodore intercambiaron miradas breves.
— ¿Qué tanto lo miras? —preguntó Blaise en voz baja.
Ella apartó la vista.
— Nada.
Pero sabía que era mentira.
Mientras los profesores permanecieran así, no conseguiría convencerse de que todo había terminado.
A unos cuantos asientos de distancia, Viktor Krum ocupaba un lugar entre los alumnos de Durmstrang que todavía permanecían en Hogwarts. Tenía el semblante serio, muy distinto al campeón seguro de sí mismo que había conocido durante el torneo.
Nadie parecía tener ánimo para conversar.
El silencio terminó cuando Dumbledore se levantó.
Todo el Gran Comedor quedó completamente inmóvil.
El director observó a los alumnos durante varios segundos antes de hablar.
— Antes que nada... quisiera que recordáramos a alguien que debería estar hoy entre nosotros. —Su mirada se dirigió hacia la mesa de Hufflepuff— Les pido que se pongan de pie... y alcen sus copas por Cedric Diggory.
El sonido de los bancos arrastrándose rompió el silencio, todo el salón se levantó. Akira hizo lo mismo. Levantó lentamente la copa mientras observaba a los compañeros de Cedric, muchos ya estaban llorando.
— Por Cedric Diggory.
La voz colectiva retumbó por todo el Gran Comedor.
Akira bebió un pequeño sorbo antes de volver a sentarse.
Nadie habló.
Dumbledore continuó con un discurso pausado, recordando la lealtad, la valentía y la bondad de Cedric. Cada palabra hacía que el ambiente pesara un poco más.
Entonces llegó el momento que cambió el aire del salón.
— Creo que todos ustedes tienen derecho a saber qué ocurrió realmente. —Akira sintió cómo Theodore dejaba de mover los dedos sobre la mesa, Blaise también levantó la cabeza, hasta Draco dirigió toda su atención hacia el director— Cedric Diggory fue asesinado por Lord Voldemort.
Durante un segundo nadie reaccionó.
Después, el salón explotó.
Las conversaciones estallaron de golpe, como si alguien hubiera roto un enorme cristal. Decenas de voces comenzaron a mezclarse unas con otras. Algunos alumnos palidecieron; otros negaban con la cabeza una y otra vez, incapaces de creer lo que acababan de escuchar. Los profesores intercambiaron miradas tensas mientras los prefectos intentaban pedir silencio sin demasiado éxito.
Akira sintió un escalofrío recorrerle toda la espalda.
No era un rumor.
No era una teoría.
No era Harry Potter delirando después de la tercera prueba.
Dumbledore acababa de confirmar, delante de todo Hogwarts, que lord Voldemort había regresado. Su mirada buscó instintivamente la mesa de profesores. Snape permanecía inmóvil, no había sorpresa en su rostro, tampoco incredulidad, solo aquella expresión seria, agotada y hermética que ella le había visto la noche anterior cuando regresó tarde a la sala común.
Entonces comprendió algo que le revolvió el estómago.
Él ya lo sabía.
Pero apenas tuvo tiempo de asimilarlo.
Sintió las primeras miradas, al principio fueron unas pocas, después otra, y otra. Como una ola silenciosa que avanzaba mesa por mesa.
Los alumnos dejaron de mirar a Dumbledore, comenzaron a mirarla a ella. Akira tardó apenas unos segundos en darse cuenta.
Los de Hufflepuff fueron los primeros en señalar discretamente hacia la mesa de Slytherin. Un grupo de Ravenclaw empezó a susurrar entre ellos mientras giraban la cabeza en su dirección. Incluso desde Gryffindor varias personas la observaban con una mezcla de inquietud y desconfianza.
Las palabras "hija de Voldemort" empezaron a viajar de boca en boca.
Editado: 06.09.2026