Obliviate »draco Malfoy« //completa// [ar I]

Capítulo 25: El inicio

Con un suspiro, terminó de doblar el último jersey y lo acomodó dentro de la maleta. Era el que Molly Weasley le había regalado durante su primera Navidad en Hogwarts y, cada vez que lo veía, no podía evitar recordar lo mucho que habían cambiado las cosas desde entonces. Cerró la maleta despacio y apoyó las manos sobre la tapa durante unos segundos, intentando reunir el ánimo suficiente para afrontar otro curso que prometía no ser más sencillo que el anterior.

En ese momento llamaron suavemente a la puerta.

— ¿Ya estás lista, Akira? —preguntó Dumbledore desde el otro lado.

— Casi.

— ¿Puedo pasar?

— Claro.

La puerta se abrió lentamente y Albus entró en la habitación con una expresión serena. Llevaba la larga túnica gris que acostumbraba usar y sostenía una taza de té entre las manos. Sus ojos recorrieron la habitación con calma hasta detenerse en la maleta, que descansaba cerrada junto a la cama.

— Veo que este año has tardado menos en preparar el equipaje.

Akira sonrió apenas.

— La experiencia ayuda.

Dumbledore dejó escapar una leve risa antes de acercarse a la ventana. Desde allí podía verse parte de la calle londinense, donde la gente caminaba con total normalidad, completamente ajena al conflicto que atravesaba el mundo mágico.

— ¿Has disfrutado las vacaciones?

— Sí.

La respuesta fue sincera.

Había leído más que nunca, había recorrido media ciudad y había descubierto lugares a los que seguramente volvería cuando tuviera la oportunidad. También había recibido varias cartas de Draco durante el verano y, aunque nunca lo admitiría en voz alta, aquellas cartas habían hecho que las semanas pasaran mucho más rápido.

Dumbledore permaneció unos segundos observando el paisaje antes de volver a mirarla.

— Me alegra escucharlo.

Akira asintió, aunque la sonrisa desapareció poco a poco.

— No tengo muchas ganas de volver.

— Lo imaginaba.

Ella bajó la vista.

— Todo será igual otra vez.

No necesitó explicar a qué se refería.

Dumbledore conocía perfectamente la situación.

Desde el regreso de Voldemort, muchos alumnos habían comenzado a tratarla como si compartiera las mismas ideas que su padre biológico. Algunos simplemente la evitaban; otros no perdían oportunidad de recordarle quién era o de culparla por acontecimientos sobre los que nunca había tenido ningún control.

— No puedo decirte que este año será fácil —respondió el director con tranquilidad—, porque probablemente no lo sea.

Akira soltó una risa sin humor.

— Al menos es sincero.

— Siempre procuro serlo. —Hubo un breve silencio— Pero tampoco estarás sola. —Ella levantó la mirada, Dumbledore sonrió con amabilidad— Hay personas que te conocen lo suficiente como para no dejarse llevar por los prejuicios de los demás. No olvides eso cuando las cosas se compliquen.

Akira pensó inmediatamente en Draco, en Theodore, en Blaise... incluso en la profesora McGonagall.

No eran muchos, pero estaban.

— Lo intentaré. —Ella, de pronto, recordó algo. y sacó la insignia de prefecta del baúl— No pensé que...

Se interrumpió a mitad de la frase.

— ¿Que te elegirían? —completó Dumbledore.

Akira asintió.

— Supongo que no.

El director sonrió.

— Ser prefecto no depende únicamente de obtener buenas calificaciones. También implica saber actuar con responsabilidad, mantener la calma en situaciones difíciles y ser capaz de tomar decisiones pensando en los demás. Los profesores creemos que posees esas cualidades.

Akira sostuvo la insignia entre los dedos. Por primera vez desde que habían comenzado las vacaciones, sintió que volver a Hogwarts quizá no sería tan terrible.

Además, no tardó en pensar en Draco. Él le había contado en una de sus cartas que también había sido nombrado prefecto de Slytherin. Una leve sonrisa apareció en su rostro.

Dumbledore la observó con curiosidad, aunque decidió no hacer ningún comentario.

— Será mejor que nos pongamos en marcha —dijo finalmente, dejando la taza sobre el escritorio—. El Expreso de Hogwarts no suele esperar a los alumnos que llegan tarde.

Akira guardó cuidadosamente la carta y la insignia dentro de la maleta antes de cerrarla por completo.

— Estoy lista.

Los dos abandonaron el apartamento pocos minutos después. Mientras descendían por la escalera del edificio, Akira respiró hondo. El verano había terminado y, quisiera o no, era momento de regresar a Hogwarts. Esta vez, sin embargo, llevaba consigo algo más que libros y ropa para el nuevo curso: llevaba una insignia de prefecta..

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La estación estaba tan concurrida como cada primero de septiembre. Familias enteras caminaban de un lado a otro con carros cargados de equipaje, niños que corrían entre la multitud y viajeros completamente ajenos al mundo mágico.

Akira avanzó junto a Dumbledore hasta atravesar la barrera.

El bullicio del andén nueve y tres cuartos la envolvió de inmediato.

El Expreso de Hogwarts ya esperaba con la locomotora soltando grandes columnas de vapor. Lechuzas ululaban desde sus jaulas, los gatos se paseaban entre los equipajes y decenas de alumnos se despedían de sus familias antes de subir al tren.

Por un instante creyó que todo sería como cualquier otro inicio de curso.

Se equivocó.

Las conversaciones comenzaron a apagarse a medida que caminaba.

No todas.

Sólo las que estaban lo suficientemente cerca como para reconocerla.

Una bruja sujetó con más fuerza la mano de su hija al verla pasar. Dos alumnos de segundo curso dejaron de hablar para observarla. Un hombre murmuró algo al oído de su esposa y ambos desviaron la mirada hacia ella.

Akira continuó caminando sin detenerse.

Había aprendido que mirar de vuelta sólo empeoraba las cosas.

— Es ella...

La frase llegó desde algún punto a su derecha.



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En el texto hay: fanfic, hogwarts, dracomalfoy

Editado: 06.09.2026

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