Obliviate: El Lado Oscuro [#3]

12.- CÓNCLAVE NOCTURNO

Quedamos con Rhys por mensaje: todo se llevaría a cabo el próximo fin de semana. Tendría que acompañarla hasta las profundidades de su reino, y allí mismo forjaríamos el arma mágica y romperíamos temporalmente el vínculo del pacto para que recuperara su cola. Cuando le conté el plan a Cuervo, me respondió con su habitual tono serio y precavido: me dijo que podía hacerlo, pero que debía ser muy inteligente al cerrar cualquier trato, ya que las sirenas eran seres acostumbrados a jugar con las palabras y a tejer engaños con una facilidad que pocos podían prever. También me recomendó incorporar una especie de contraparte o restricción en el arma, para que no pudiera ser usada para atormentar ni salirse de control si llegaba a caer en otras manos.

He estado dándole vueltas a la idea, pero todavía no he encontrado la fórmula exacta que me dé la seguridad que busco.

Dejo esos pensamientos de lado por un momento y vuelvo al presente. Siento la presencia de Mikael acercándose hacia el lugar donde siempre nos citamos: el llamado "rincón de los eternos enamorados". Por la tarde había recibido un aviso en forma de recado de fuego, una llama que se transforma en palabras antes de apagarse, diciéndome que necesitaba mi ayuda para infiltrarnos en una reunión clandestina que habían descubierto que tendría lugar en una zona bastante alejada y salvaje del bosque. No me dio muchos detalles, pero acepté sin dudarlo: con Cuervo fuera por unos días, yo tenía que seguir haciendo lo que estuviera en mis manos para mantenernos alerta. Si Mikael me pedía acompañarlo, era porque realmente la situación lo requería.

Al llegar, lo veo primero a él: es un poco más alto que yo, de complexión firme y marcada, con piel tostada por el sol y una cicatriz fina que le cruza la mejilla derecha desde el pómulo hasta la mandíbula. Junto a él viene una mujer que llama de inmediato mi atención: es más alta que él, con una piel tan blanca que parece casi traslúcida, unos labios de un rojo intenso y profundo que resaltan con fuerza, y un cabello largo y ondulado del color más brillante de la escarlata.

Mikael me saluda con esa misma coquetería relajada que siempre usa, como si estuviéramos hablando de algo sin importancia, mientras que ella se mantiene más reservada y solo asiente levemente con la cabeza en señal de saludo.

—Kathrina, te presento a Diana —dice él—. Es una de las integrantes más leales y hábiles de mi clan.

—Mucho gusto —respondo, devolviéndole el asentimiento.

—¿De qué va todo esto exactamente? —pregunto sin rodeos.

—Te lo explico todo en el camino —indica Mikael—, pero tenemos que irnos ya o perderemos la oportunidad de llegar antes de que empiece.

Asiento, y sin más dilación pronuncio las palabras con claridad.

Inverzer Dectrum.

El aire entre los dos árboles empieza a ondularse, brillando con una luz tenue y azulada, hasta revelar el portal invisible por el que tenemos que entrar. Cruzamos al instante, y del otro lado nos recibe el frío cortante y el silencio profundo del bosque invernal, donde la nieve cruje bajo cualquier paso y las ramas cargadas de hielo parecen manos esqueléticas que nos observan.

Diana me tiende una capucha oscura, igual a las que ellos llevan puestas. Me la pongo sin entender muy bien por qué, pero me cubro la cabeza y parte del rostro, dejando solo mis ojos al descubierto. Empezamos a caminar, siguiendo un sendero apenas visible entre la nieve.

—Diana es nuestra mejor espía —empieza a explicar Mikael mientras avanzamos—. Hace unos días llegaron noticias al Magiesterio de que se están organizando encuentros secretos, con un carácter claramente conspirador, en lugares apartados donde nadie suele ir.

Mi mente da vueltas a esa información y surgen cientos de preguntas, pero la única que logro pronunciar es la más lógica.

—¿Y en esas reuniones solo participan vampiros?

Esta vez es Diana quien responde, con una voz suave pero cargada de un tono que no deja lugar a dudas:

—No. Hay muchas de los tuyos también.

Al decir "los tuyos", noto un matiz claro de molestia, casi de desprecio, como si pronunciar la palabra "brujos" le causara una verdadera incomodidad. Decido no detenerme en ese detalle por ahora y concentrarme en lo importante.

—¿Quién las organiza y con qué fin? —insisto.

Diana guarda silencio, con la boca apretada, pero Mikael responde con calma:

—Creo que ya te lo puedes imaginar.

—¿Ishyra? — mi boca responde por instinto.

Diana suelta un bufido de impaciencia y me mira como si fuera obvio hasta el punto de resultar estúpida.

—¿Acaso no es evidente? —espeta con tono cortante.

Mikael la mira con severidad y le hace un gesto para que se calle.

—Compórtate —le dice en voz baja pero firme.

Ella resopla de nuevo, gira la cabeza hacia otro lado y no dice nada más, aunque puedo ver en su expresión que sigue molesta por tener que compartir esta misión conmigo.

La actitud de Diana me saca de quicio, pero decido morderme la lengua y no responderle de inmediato. No quiero que una discusión entre nosotras eche a perder todo antes de empezar. En cambio, vuelvo mi atención a Mikael.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.