obsecion Unilateral

Capitulo 2: Casualidad o destino

Capitulo 2: Casualidad o destino

Punto de vista de Mateo de como conoció a Daniel:

Cuando conocí a Daniel, todo fue mágico, como si el destino estuviera orquestando nuestro encuentro. Era un día común en el colegio, pero desde el primer momento en que lo vi, supe que algo en mí había cambiado.

Recuerdo que era un día nublado, el tipo de día que invita a quedarse en casa, pero yo estaba en la escuela, absorto en mis pensamientos. En la clase de literatura, la profesora hablaba de algún libro clásico que no lograba captar mi atención. Todo lo que podía pensar era en la hora del almuerzo, en la posibilidad de cruzar miradas con él.

Y entonces sucedió. El timbre sonó, y el ruido habitual de los estudiantes llenó el aire mientras se apresuraban a salir. Yo me quedé atrás, siempre un poco fuera de lugar, pero esa vez, mi mirada se encontró con la de Daniel en el pasillo. Era como si el tiempo se detuviera; todo lo que me rodeaba se desvaneció en un susurro.

Daniel caminaba hacia mí, con una sonrisa que iluminaba su rostro. No sabía que podía sentir algo así; era como si el universo conspirara a nuestro favor. No podía creer que estaba a punto de cruzar caminos con alguien tan impresionante. Sentí un tirón en el estómago, como si las mariposas estuvieran organizando un baile dentro de mí.

“Hola”, dije, y mi voz tembló un poco. Pero en lugar de sentir vergüenza, me embargó una euforia. La magia de ese momento me envolvió, y la idea de que el destino nos hubiera reunido me llenó de esperanza.

“Hola”, respondió él, y su mirada era cálida, como un rayo de sol después de una tormenta. Fue en ese instante que supe que quería conocerlo más. Quería entender qué pasaba por su mente, cuál era su risa favorita, y qué tipo de sueños lo mantenían despierto por las noches.

Mientras nos dirigíamos a la cafetería, sentí que había cruzado un umbral hacia un nuevo mundo. La multitud se desvanecía a nuestro alrededor; solo existíamos Daniel y yo. Hablamos de trivialidades, pero cada palabra que salía de su boca resonaba en mí como una melodía.

“¿Te gusta la música?”, le pregunté, intentando mantener la conversación. Su respuesta fue como un eco de mis propios intereses, y eso me llenó de una alegría inexplicable. Con cada palabra, mi admiración por él crecía; no era solo su apariencia lo que me atraía, sino su esencia.

A medida que el almuerzo avanzaba, me di cuenta de que me encontraba en la cima de un precipicio emocional. ¿Era posible que estuviera enamorándome de alguien que apenas conocía? Pero a la vez, todo parecía tan natural, tan destinado a suceder. Era como si en algún lugar del universo, las estrellas se estuvieran alineando para mí.

Sin embargo, una sombra de duda se asomaba en mi mente. Daniel era popular y carismático, y yo... yo era solo Mateo, un chico que siempre había permanecido en las sombras. Pero ese día, en esa cafetería, todo parecía posible.

Cuando nos despedimos, mi corazón latía con fuerza. “Hasta mañana”, dijo Daniel, y sus palabras me dejaron flotando. En mi mente, la casualidad se había convertido en destino. No podía esperar a ver qué nos depararía el futuro.

A medida que caminaba a casa, no podía dejar de pensar en él. La imagen de su sonrisa se convirtió en mi refugio, y la idea de un futuro compartido se instaló en mi mente. Era solo el comienzo, pero ya podía sentir que este encuentro cambiaría mi vida para siempre



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En el texto hay: thiller, misterio drama, lgbt+

Editado: 14.12.2024

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