La Sangre de los Hermanos
El coche avanzaba por una carretera solitaria, lejos de la ciudad. Isabella miraba a Alessandro, sintiendo que cada minuto a su lado la arrastraba más profundo a un mundo desconocido.
—¿Tienes hermanos? —preguntó finalmente, intentando desviar su mente del miedo.
Alessandro mantuvo la mirada en la carretera, su expresión endureciéndose.
—Sí. Dos —respondió con voz tensa—. Matteo y Luca.
—¿Dónde están ahora?
Su mandíbula se apretó antes de contestar.
—Matteo murió hace cinco años. Fue ejecutado por traición.
Isabella sintió un escalofrío recorrer su cuerpo.
—¿Traición?
—En este mundo, la lealtad es la única moneda que realmente importa —susurró Alessandro—. Matteo pensó que podía cambiar las reglas del juego. Creyó que podía salirse… y pagar por ello. Mi padre no tuvo opción.
—¿Tu padre ordenó su muerte? —preguntó ella con incredulidad.
—Era necesario —afirmó él sin titubear—. Y Luca… él es diferente. Siempre ha sido la sombra, el que se mueve en la oscuridad. Si alguien en este mundo es verdaderamente peligroso, es él.
Isabella tragó saliva.
—¿Y ustedes dos? ¿Se llevan bien?
Alessandro soltó una risa seca.
—Digamos que tenemos un respeto mutuo. Pero Luca nunca ha confiado en mí del todo. Y ahora que nuestro padre está muerto, estamos en lados opuestos del tablero.
Un silencio pesado cayó entre ellos. Isabella comprendió entonces que la familia de Alessandro no era solo un lazo de sangre, sino una herida abierta. Y ahora, ella estaba en medio de todo.
Y quizás, Luca sería su peor amenaza.