El Primer Golpe
La mañana siguiente llegó con una calma engañosa. El sol se filtraba por los ventanales de la mansión, pero la tensión en el aire era palpable. Isabella despertó con una sensación de inquietud clavada en el pecho.
Alessandro ya estaba vestido cuando ella entró al comedor. Llevaba un traje oscuro, impecable, pero su rostro denotaba una preocupación contenida.
—Tenemos que hablar —dijo él sin preámbulos, haciéndole un gesto para que se sentara a su lado.
Isabella obedeció, sintiendo que cada latido de su corazón resonaba en sus oídos.
—Luca no hace amenazas vacías —continuó Alessandro—. Anoche envió un mensaje claro. No podemos ignorarlo.
—¿Qué tipo de mensaje? —preguntó ella con voz tensa.
Alessandro deslizó un sobre sobre la mesa. Isabella lo tomó con manos temblorosas y lo abrió. Sus ojos se abrieron de par en par al ver la fotografía en su interior: una imagen borrosa de ella misma, tomada desde la distancia. Un escalofrío la recorrió.
—¿Cuándo…? —susurró, su voz casi inaudible.
—Anoche. Lo dejaron en la puerta de la mansión —explicó Alessandro con el ceño fruncido—. Quiere que sepas que te está vigilando.
Isabella sintió un nudo en la garganta. No podía creer lo que estaba ocurriendo.
—Esto no puede seguir así —dijo ella, intentando controlar el temblor en su voz—. No puedo vivir con miedo todo el tiempo.
Alessandro tomó su mano con firmeza.
—No permitiré que te haga daño. Pero tenemos que estar preparados. Luca no se detendrá hasta conseguir lo que quiere.
En ese momento, la puerta del comedor se abrió de golpe y Marco, uno de los hombres de confianza de Alessandro, entró con expresión grave.
—Jefe, tenemos un problema. Luca atacó uno de nuestros locales anoche.
La calma de la mañana se hizo añicos en un instante.
—Dime exactamente qué pasó —exigió Alessandro, poniéndose de pie.
Marco tragó saliva antes de responder.
—Es solo el comienzo.