Oculta

RECUERDOS 

CAPITULO NUEVE 

 

 

Todos los pelitos de mi cuello están erizados por el frio horrible que hace, estoy esperando a Vicky a que me venga a recoger pues no puedo caminar, desde el sábado en la noche que Edgar me llevo a emergencia y me tuvieron que inmovilizar el pie hasta la rodilla y utilizo muletas, son una lata especialmente con las gradas, pero a pesar de todo siento un gran alivio, los días pasados todo ha estado tranquilo y tampoco lo he recordado, cada vez que pienso en eso se me hace un nudo en la garganta pero sé que ya no me puede dañar.  

Es la quinta vez que reviso mi reloj en dos minutos, pues me estoy congelando por completo y el peso de mi maletín me está molestando, el sostenerme solo con un pie es fatigante. Dirijo mi mirada a la esquina de la calle frente a mí y veo un hatchback plateado, siento un alivio y una sonrisa se forma en mis labios, ese auto tiene grandes momentos gravados que guardo en mi memoria cuando vivía con mis abuelos. Se estaciona justo frente a mí y sale del auto muy guapa como siempre unos jeans ajustados, botines de tacón el cabello corto, una chaqueta de cuero café a juego con sus botas, un labial rojo, aretes largos, sus ojos resaltan bajo esas sombras. 

-Amiga mía, debo decir que me da pena estar parada junto a ti hoy – y me quita el maletín que cuelga de mi hombro, ella se ha encargado de transportarme a la universidad esta semana, que está de vacaciones dado que no estoy en casa ella ha decidido venir 

-Ja, ja, muy chistosa Vicky – y camino al lado del copiloto para, cuando se enteró de que me había lastimado porque mi abuela le conto la mañana de domingo que Vicky llego a desayunar con ellos, dos horas exactas después del desayuno solo el tiempo justo para preparar sus maletas viajo desde la capital a mi casa y no me ha dejado mover una sola cosa en casa, me abrocho el cinturón de seguridad y ella pone en marcha el auto. 

-Lo único bueno de que este aquí es que mis vacaciones no terminan hasta dentro de dos meses y me tendrás danto lata con un nuevo guarda ropa – doy un suspiro largo, es una amenaza con todas las letras y no va a descansar hasta verme con un par de tacones y brillo en los labios 

-Sabes que no lo vas a lograr – y le doy una gran sonrisa falsa 

-¡oh vamos Lucí! – dice en un gran grito – niña eres muy guapa, tienes que vivir tu vida y tienes derecho a enamorarte, déjate querer ¿quieres? 

-Vamos, mujer tu mejor que nadie sabe mi historia y las razones que tengo...  

-Si, si me la tengo de memoria Lucí,...  

-Bien pues no me hagas ¡recordártela!  

*** 

 

No, no, no por favor, no lo hagas me duele, suelta me, no, no, - sus manos suben por mis piernas, siento su respiración en mi cuello, sube mi camisón de dormir, sus manos están en mis pequeños pechos los aprieta y me duele no quiero que me toque, me muevo debajo de el para liberarme, pateo intento gritar pero tiene su mano en mi boca y sigue haciéndolo después de un rato un horrible dolor atraviesa dentro de mis piernas, lo ha hecho después de todo lo hizo, me penetro se retira después de dos envestidas, me deja en mi cama tirada llorando, un dolor insoportable me invade, mi cuerpo tiembla veo como cierra la puerta de mi cuarto, quiero moverme y cerrar la puerta de mi cuarto pero no lo puedo hacer duele, duele ahí abajo. 

El reloj junto a mi lámpara de bailarina marcan las once de la noche, falta mucho para que mamá venga y si me quedo lo volverá hacer, mi mami no me va a creer, me tengo que ir, a ¿Dónde?, - me duele todo me arrastro en la cama y busco el interruptor de mi lámpara, bajo mis piernas despacio de mi cama siento el dolor atravesar cada hueso existente, caigo de rodillas al lado de mi cama y saco las dos maletas que tengo debajo una roja grande que use la última vez que viaje con mis abuelos y me compraron tanta ropa que no cabía en mi maleta principal, la otra es de Hello Kitty , uso todas mis fuerzas para levantarlas y ponerlas en mi cama las subo una a una. 

 

Camino despacito a la puerta y pongo el seguro por si quiere regresar, arrastro la silla de mi cuarto y la trabo con la chapa, saco la otra maleta de mi closet y comienzo a meter toda la ropa que quepa en cada una, por cada paso tengo sujeto mi vientre que me duele. 

 

Después de cuatro horas de llenar maletas tengo toda mi ropa metida en cuatro maletas de viaje y dos maletines deportivos, mamá vino hace dos hora pero no vino a darme el beso de buenas noches, a de estar enojada por lo que paso con su esposo, mañana no me va a querer ver, siento como mis ojos se siguen llenando de lágrimas y corren en mis mejillas, ya no hay ruidos afuera, deben de estar dormidos en su dormitorio y la bebe debe de estar en su cuna, quito la silla de la chapa de la puerta y la abro sin hacer ruido bajo las escaleras y el reloj marcan las tres de la mañana no se cuento tiempo después de que el saliera de mi cuarto me pude mover, marco el numero de la casa de mis abuelos y escucho el timbre sonar una, dos, tres, cuatro veces y suena la contestadora, ¿Qué hago si ellos no me quieren tampoco en su casa por lo que acaba de pasar?, no, no, ellos vendrán marco nuevamente y suena una, dos, tres, 

 

-Halo – se escucha la voz de mi abuelo, si les tengo que decir – halo – no me sale ninguna palabra – halo Sofía 

-Halo abuelo soy yo Luci 

-Niña, que pasa, tu mamá esta bien  

-Si abuelo, soy – no puedo hablar me cuesta, “rayos Lucia debes hablar” – no, mamá esta bien, soy yo quien necesita que vengas a por mí ¿puedo ir a vivir contigo? 

-Niña si, te iremos a recoger en la tarde  

-No, no, puede ser muy temprano, ¡por favor! – y mis lágrimas caen otra vez y ya no puedo hablar 

-Lucia, hija que te pasa porque lloras 

-Solo puedes venir-  

-Lucia ¿dime que te pasa? ¿Qué te paso? – no puedo hablar, no puedo decir nada mas solo me quedo muda escuchando las interminables preguntas de mi abuelo – Lucia sube a tu cuarto, yo llegare lo más pronto que pueda – muevo la cabeza en sentido de aprobación, pero las palabras siguen atoradas en mi garganta, escucho cuando cuelga mi abuelo me quedo con el teléfono en el oído unos momentos y después reacciono a lo que me dijo mi abuelo. 




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