Oculta

SEMANA DE LOCOS

CAPITULO CUARENTA

 

 

Los gritos de Victoria llenan toda la sala y agradezco al cielo que mis hermanos no se encuentren en casa porque lleva gritando como loca desde hace dos horas, intentando averiguar porque razón Erick se encontraba en la sala de espera de la clínica donde se encontraba mi mamá en unas de sus terapias. Yo no he podido gesticular una sola palabra porque he escuchado una variación de “ingenua e insensata en el amplio vocabulario del idioma español”, así como otras palabras que se podrían decir que no se encuentran en el diccionario.

Por otro lado, sus gritos también han tratado puntos de ¿Por qué no voy al trabajo? ¿Cómo me atrevo a, no decirle que fui despedida? Y otras preguntas y gritos que están causando en mi un grave dolor de cabeza.

He intentado en esas dos horas al menos gesticular palabra en veinte veces las cuales ninguna ha surgido efecto más allá de aflojar mi mandíbula, su largo recorrido un lado a otro hace que dese con todas mis fuerzas que se detenga – ¿Cuándo tengas la intención de que responda todas tus preguntas? – le digo poniéndome de pie con toda la intención de alejarme de ella – me buscas en el patio que tengo cosas que hacer - al no tener la intención de cambiar de opinión dirijo mis pies fuera de la sala, fuera de mi casa, al patio, al único lugar al cual me siento segura y me he sentido segura desde la muerte de mi papá, su taller.

El celular que lo tengo guardado en el bolcillo trasero de mi pantalón vibra con mucha insistencia indicando que no es un mensaje el que estoy recibiendo, dirijo mi mano a donde se encuentra, descuelgo sin ver de quien se trata después de todo no es necesario porque los únicos que me llaman son los del trabajo con nuevas instrucciones. La voz de Erick llega a mis oídos después de descolgar, quejándose que no recibe un saludo de mi parte ni con nuestros nuevos términos, me da demasiada risa su actitud.

La noche del viernes o la madrugada del sábado fue larga, hablamos muchas cosas, así como acordamos que no se repetiría lo de los besos que nos dimos, sin estar de acuerdo accedió a mis peticiones.

-Tal vez, tengas suerte un día – le digo entrando a mi lugar favorito, por lo que me encantaría volver a vivir en esta casa

-Te llamo para invitarte a almorzar – habla con mucha seguridad a que le voy a decir que “si”

-eso no es posible, a menos que quieras comer en una mesa de hospital con todos mis hermanos y la gritona de Vicky – me quejo, de la última persona que ha sido mi dolor más grande en los anteriores instantes

-Estoy seguro que puedo sobrevivir a tus hermanos, a tu mamá, pero dudo de mi capacidad de sobrevivir a una amiga sobreprotectora – no puedo evitar reír ante eso

Eeres bueno esquivando balas, pero contra victoria no puedes – le digo con la intención de pullar su orgullo

-tengo protección contra las balas – habla en tono obvio – y aseguro que soporto mas un balazo que a Victoria en plan investigación o hermana mayor, que tal una cena, antes de que te deje en el club y pasare por ti al salir

-al parecer tienes todo un plan – gruño al no haber sido tomada en cuenta

-nunca dijiste que no podía hacer planes sin consultarte – se ríe al otro lado de la línea porque estoy segura de que sabe que me estoy muriendo del enojo – lo único que quedo prohibido fueron los besos

-si, eso no se va a repetir, no te voy a dejar que me beses otra vez

-¿a quién no vas a besar otra vez? – la voz de Vicky llega a mis oídos al levantar la cabeza me topo con la mirada de enfado de mi amiga que está preparando su perorata sobre lo que escucho, cuelgo sin decir adiós o algo que le indique a Erick que no puedo continuar con la conversación, siento un nudo en la garganta, estoy en el momento menos oportuno para develar información, al ver que no respondo me hace una señal para que hable.

-me vas a dejar? – la cuestiono – hace dos días nos besamos con Erick – le suelto sentándome sobre la mesa de trabajo donde vi a mi papá trabajar los días que tenia de descanso entre sus misiones, el rostro de mi amiga ha perdido todo su color por unos segundos espero los gritos, contando uno, dos, tres, cuatro, cinco no logro decir seis en mi mente cuando las vociferaciones de mi amiga se hacen presentes.

-¿Cómo demonios sucedió eso? – vocifera – lo has visto, porque dejaste que lo hiciera, estas loca al pensar nuevamente en estar con un toto como ese, no fue suficiente lo que te hizo hace unos años – repite una y otra vez todos los argumentos que me repiti por más de tres meses después de romper con el hasta que un dia le dije que ya no necesitaba de su terapia de superación, tres semanas después de mi ruptura con Erick, el general me llevo a la academia, no lo acepto tan felizmente como me hubiera gustado.

-no te había contado nada de eso porque estaba segura que me darias el discurso de: Erick es malo, un patan, un insensible que no pensó en el daño que te hacia al decir lo que te paso, entre otras cosas que te aseguro estoy consiente, pero no fuiste tu la que me dijo que debía dejar que llegara alguien a mi vida que no fueras tu o tu guapo hermano – le digo con una sonrisa – que dejara de pensar que mi trabajo era un impedimento para tener una vida normal – le digo las ultimas palabras con un toque de voz chillona en un intento de sacarla de sus cabales.

-mi voz no suena así – se queja

Me rio de su propuesta – no pero necesitaba que me dejaras de ver como si cometiera un delito, creeme que no fue fácil aceptar, y no soy la novia de nadie aun, solo estamos viendo si logramos congeniar – hago un gesto con las manos para quitarle importancia – quiero saber si puedo vencer mi miedo a los hombres en forma romántica

-te juro que no estoy en contra de eso y es mas me alegra que lo hagas, pero no con el, no con Erick, por el amor a Dios hay muchos hombres afuera que podrían ser un buen prospecto amoroso para ti.




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