Oda por la Estabilidad Bipolar

Prólogo (por María ML)

 

Voy a ir directa al grano: pasa de mis palabras y comienza a leer el libro. Cuando Víctor me comentó que escribiera la introducción de su última obra, tuve claro que no iba a ser capaz porque no se «escribir»—entendido de la manera en que lo hacen los escritores: para llegar y emocionar a quien lee—, pero me sentí muy agradecida de que pensara en mí para esta tarea.

Mis andaduras con los libros de Víctor comenzaron hace ya unos cuantos años. En concreto en el 2016, cuando una escritora que también acababa de conocer, R. Crespo, organizó una lectura conjunta de su libro "La Taberna". Leí la sinopsis y me llamó la atención porque era diferente a lo que había leído hasta el momento y, sobre todo, reseñado. Mi blog contaba con dos años y no me había encontrado con un desafío así: un libro que mezclaba la enfermedad mental del protagonista con el infierno que se desataba en la mente del escritor y el alcohol como camino para apaciguarlo todo.

Con ese libro me asomé a otro mundo, el mundo de Víctor: rico, variado, lleno de personajes que brotan a raudales de sus dedos dando forma a las ideas que bullen en su cabeza, pero también un mundo atormentado, lleno de desesperación y agonía en ocasiones. El escritor encontró la manera de hacernos llegar el infierno particular con el que convive: la bipolaridad, una enfermedad mental, como tantas otras, que no se ve, se nota en ocasiones puntuales, pero condiciona la vida de la persona que la padece convirtiendo su día a día en una batalla constante.

Las enfermedades mentales están ahí, pero, a diferencia de muchas enfermedades físicas, no se suelen notar —por supuesto, hay enfermedades físicas que no se perciben y sólo por eso, parece que no existen o se hace de menos a la persona que la padece—. Vemos, quizás, algo «raro» en la persona, su comportamiento no encaja con lo que se tiene en mente o sus palabras no cuadran con lo que se supone hay que decir. Nada sabemos o nada queremos saber de lo que hay detrás, es más cómodo dejar de lado, pasar de largo, apartar a esa persona porque «no encaja». Nada queremos saber de sufrimientos, de brotes, de medicación que aturde y adormece, de sentirse encerrados en la propia mente sin poderlo remediar, un ciclo que se repite de manera constante y que desgasta y agota las fuerzas, pero es más fácil ignorar.

Víctor nos tira todo esto a la cara, nos hace partícipes del sufrimiento a través de sus historias nos asomamos a trozos de su mente y su alma en el pellejo de otros personajes, en metáforas que simulan aventuras, en tropiezos y caídas del héroe de turno, tras batallar en arduos combates, que reflejan la flaqueza de algunos momentos. Sin embargo, nada de eso encontrarás aquí.

Son muchas las horas que he pasado leyéndolo, no me he perdido nada de lo que ha escrito, conozco la evolución de los seres que ha creado y el hueco que se han ido ganando en mi corazón: desde Joel y su libreta, fiel reflejo de sus atormentados pensamientos, hasta la joven Rebeldía: valiente, fuerte, inteligente, de gran corazón, protagonista absoluta de su penúltima obra: El Símil 2: Días de Rebeldía y Noches Monstruosas.

Para los que seguís la obra de Víctor, os habréis dado cuenta de que tiene unas cuantas constantes a lo largo de sus libros: las aventuras de sus personajes, pasajes en los que nos habla sobre enfermedades mentales y, sobre todo, la sensación de que rendirse no es nunca una opción por más que no se vea ninguna luz al final del túnel o más veces que se caiga. En su obra anterior, El Símil 2, y en esta propia hay un cambio: en la primera solo tenemos las aventuras de la joven Rebeldía con un toque de terror en algunos momentos y en esta última no hay ningún personaje. Solo está Víctor.

Víctor va hablando a través de algunas bandas sonoras, desgrana pensamientos, ideas y actitudes, desnuda su alma para el lector en una búsqueda constante de algo que muchos anhelan: la estabilidad, aunque en su caso la palabra adquiere una dimensión mayor. 

Complemento perfecto de su obra anterior en la que dio alas a sus personajes y los dejó volar libres en pos de sus aventuras, aquí solo lo encontrarás a él.

 

Quédate a leer...

 

 

María ML.

 




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