Odiarte fue nuestro primer voto

#7. Jaula

Las pequeñas vacaciones habían terminado y por lo tanto tenían que regresar a su hogar, al llegar Samuel fue directo al departamento de luisa mientras que valentina se quedó sola en aquel departamento que se sentía frio y solitario, camino hacia el gran ventanal que daba vista a una hermosa ciudad, aunque su corazón estaba triste no podía negar que la ciudad la había dejado boquiabierta, recorrió el departamento con cautela como si se tratase de alguna casa del terror.

Samuel de camino le había comentado que el departamento era nuevo por lo tanto solo contaba con unos pocos muebles ya que quería esperar a que ella eligiera la decoración, valentina se dispuso a ver el catalogo, algunas opciones le habían gustado, aunque sabía bien que mañana irían a la tienda personalmente.

Por otro lado, Samuel apenas cruzo un pie en aquel departamento y se fundió en un apasionado beso con su amada, aunque luisa seguía molesta no podía negar que había extrañado a Samuel.

—Yo no seré tu amante — refuto aquella mujer con un puchero.

—Ni loco te haría mi amante, solo espérame un año y por fin serás mi esposa Luisa de Sandoval.

Luisa sonrió con suficiencia, había escuchado la loca idea de aquel vejete quien desde que la conoció se interpuso en su camino, amaba a Samuel, pero también amaba el poder y Samuel podía darle ambas, sin embargo, una vez más tenía un nuevo obstáculo.

—Te prohíbo cualquier contacto con ella.

—Me encantaría prometértelo…pero mi abuelo puso unas cláusulas y si no se cumplen las consecuencias serán graves.

La joven se cruzó de brazos, no aceptaría que ninguna mujerzuela quisiera quedarse en el lugar que a ella tanto le ha costado obtener, tomo del cuello a Samuel y lo acerco a ella.

—Bueno entonces prométeme que cuando se separen a ella no le quedaran ganas ni siquiera de volver a ver la luz del día.

Lo que pedía luisa era descabellado, Samuel sonrió y la tomo de la cintura, con otro beso más apasionado que el anterior le dio su respuesta, ambos se fueron a la habitación a culminar tal acto que ambos necesitaban.

La habitación era demasiado fría, valentina estaba a acostumbrada a la libertad, a la calidez, aquí se sentía enjaulada, tomo un abrigo y salió, aunque tenía miedo quería salir de esa asfixiante jaula, prefería mil veces perderse en una inmensa ciudad que en una jaula triste y solitaria.

Se detuvo frente a un restaurante pequeño, Samuel le había dejado una tarjeta así que decidió aprovechar, al entrar quedo fascinada, no era grande pero la decoración era entre moderna y antigua.

—Buen día, gusta ordenar algo — hablo un amable mesero.

—M-me gustaría ordenar la lasaña.

—¿Quiere acompañarle con vino?

Valentina miro al mesero como si le acabara de salir otra cabeza, asintió muy poco convencida, pocas veces había escuchado del vino y tal vez le causaba un poco de curiosidad saber a qué sabia. Se relamió los labios en cuanto tuvo su orden frente a ella, se dio el gusto y el tiempo, por un momento le encantó la idea de pasar tiempo con ella misma.

—Dios…creo que voy a explotar.

—Señorita, ya vamos a cerrar gusta que le hablemos a alguien para que venga por usted.

—No…yo quiero más vino.

Más o menos dos botellas se había tomado valentina, el mesero sin más que hacer tuvo que tomar su teléfono y revisar a quien podía llamar, encontró un mensaje de alguien que preguntaba su ubicación, dudoso marco y espero a que esa persona fuera por la señorita que lucía triste.

Samuel Sandoval miro con decepción a valentina, no era digna de ser su esposa, a grandes zancadas se acercó a ella y la cargo, al llegar al departamento la llevo a la cama, valentina abrió los ojos y lo miro como si fuera una simple alucinación.

—Eres el hombre más estúpido que he conocido.

Samuel furioso la dejo caer en la cama, valentina se quejó.

—Ah sí? Pues tu eres la oportunista más tonta que he conocido.

Valentina un tanto mareada por el vino se rio con sorna.

—Créeme que si le quisiera robar el dinero a un hombre tu serias el último en mi lista.

—Sabes que me largo.

—Me haría muy feliz si no te vuelvo a ver nunca.

Valentina se dejó caer miro el techo esperando que el sueño llegara y se llevara sus penas, Samuel hecho una furia salió del departamento, era la primera vez que le decían estúpido saco un cigarro y se dispuso a encenderlo, ni siquiera tenía ánimos de ir con luisa así que se fue a la terraza del edificio “Debí dejarla ahí sola” pensó Samuel.

Mañana sería un día largo pues pasaría casi todo el día con valentina así que se fue a dormir no sin antes poner una barrera en la cama, no quería que aquella oportunista hiciera de las suyas.




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