Odiarte fue nuestro primer voto

14. Primera sesión

—Quien me garantiza que no es un plan de esa trepadora.

Gruño luisa haciendo un puchero, Samuel se acerco la tomo de la cintura pegándola a él, luisa soltó un pequeño gemido su sonrisa se volvió traviesa, tomo ambos lados de la sudadera de Samuel y lo acerco a su boca.

—Solo serán unos meses mas y podre ser tuyo completamente — murmuro Samuel contra los labios de luisa.

Luisa renegando lo tuvo que dejar ir, Samuel con un suspiro tomo las llaves del auto y salió del departamento, hoy era su primera cita con la terapeuta desde aquel día exactamente hace cuatro días no había visto a valentina, tomo su teléfono y reviso su contacto.

“¿Seria buena idea acordar decir lo mismo?” Pensó, antes que pudiera decidir algo mas una voz familiar lo interrumpió.

—¡Primo! — saludo un muy enérgico Caín.

Este se acercaba con una enorme sonrisa, se quito las gafas de sol.

—Caín — hablo Samuel un tanto hastiado.

—Te quería invitar a ti y a tu esposa a cenar ¿Qué les parece?

—Le preguntaré.

Dicho esto le dio unas palmaditas en el hombro para después subir a su coche e irse a toda velocidad, el edificio era de unos cuatro pisos, el interior era de distintos tonos de café, le faltaban 10 minutos para entrar así que decidió esperar en la sala para nada cómoda.

—Señor y Señora Sandoval es su turno.

Una bella dama de falda y camisa blanca le hablo al imponente joven quien leía una revista, este miro a los lado sin encontrar a valentina.

—Mi esposa aun no llega — soltó seco.

—Bueno si no llegara asistir eso seria una mancha en el expediente.

—¿Para ambos? — alzo una ceja.

—Solo para la señora.

Samuel sonrió y soltó el suspiro mas lastimero posible.

—Creo que no vendrá ella nunca es impuntual.

—Siendo así tendré que cancelar la-

—¡No! Ya llegue lo siento, es que había un tráfico de los mil demonios.

Valentina se agarraba el pecho mientras intentaba mejorar su respiración, Samuel la miro con burla.

—¿Corriste, cariño?

—Tuve que, mi inútil marido no pudo traerme.

Dicho esto entro a la oficina topándose con una mujer rubia, lentes rectangulares con un diseño de leopardo, vestía un pulcro traje de falda color gris, aquella terapeuta se levanto de su asiento y les dio la bienvenida.

—Haremos un pequeño ejercicio, contándome los que les gusta y lo que no de cada uno — miro a valentina — ¿Te gustaría empezar?

Valentina se enderezo sobre el sofá café mucho mas cómodo que el de la sala de espera, pareció pensárselo un poco.

—Bueno me gusta y podría decirse que me encanta cuando no lo veo, odio cuando lo veo, cuando huelo su espantoso perfume créame que tiene gustos… solo conmigo mejoro un poco.

—¡Ja! Bueno pues yo odio cuando respiras y estas en mi mismo entorno, odio que tomes café con leche ¡Dios! Mejor toma pura leche.

—Que tiene que tome café con leche…es…es lo mejor yo no soy una mujer sin corazón y desalmada como tu, tomas café mas amargo que tus sentimientos.

La terapeuta los miraba entre el silencio, bueno al menos notaban las pequeñas acciones y gustos que tenían.

—Sabes el color rojo no te queda te hace ver como una ¡maldita bruja!.

—Señores….

—¡No sabes lo ridículo que te ves con tus trajecitos cafés con rayas, como un estúpido payaso!

—La actividad ya finalizó...

—¡Pero tu que vas a saber si no eres mas que una pueblerina!

—Por hoy la sesión puede terminar…pronto.

—Prefiero ser una pueblerina a un estúpido niñato de ciudad.

La terapeuta suspiro cansada, había tenido parejas que no se llevaran bien pero nunca una tan desastrosa, se puso de pie.

—¡Señores!

Ambos pararon su pelea y la miraron, la terapeuta sonrió.

—Culminada la actividad…ahora tómense de las-

—No pienso tomarme las manos quien sabe donde las ha metido — se quejo valentina.

—Crees que soy igual que tu que me gusta estar metiendo las manos en la suciedad y fingir que soy feliz — ataco Samuel.

—Aunque no lo creas plantar hace muy feliz a la mente imbécil.

—Deja de insultarme

—¡O que!

—Doy por terminada la sesión

Anuncio la terapeuta saliendo de la oficina, miro a su secretaria.

—Por hoy que las demás sesiones sean en la oficina de arriba.

La secretaria asintió y miro como la terapeuta se iba derrotada hacia el ascensor, hasta acá podía escuchar la pelea de la pareja que había entrado hace unos minutos.

—Deja de refunfuñar no eres una niña.

Escupió Samuel mirando de reojo a valentina quien iba con los brazos cruzados, miraba por la ventanilla del auto, tenía un puchero y debes en cuando hablaba en murmullos.

—Tu no me dices que hacer.

—Cállate hasta que lleguemos a casa y si no lo haces te bajo del carro.

Valentina lo miro entrecerró los ojos, “podría estar guapo pero es un cabeza hueca” pensó valentina.

—Si te atreves a bajarme del auto voy y te acuso con el abuelo.

Samuel la miro como quien mira a su traidor, valentina desvió la mirada altiva.

—No metas al abuelo en esto, te dije que no quería que lo volvieras a ver.

—Se me olvido decir que el abuelo me invito a desayunar mañana y por cierto nunca me dijiste tal cosa…idiota.

—Deja de insultarme niña tonta.

Valentina se volteo hacia Samuel de golpe, por instinto este se espanto, la miro trago saliva ante la mirada asesina.

—Pareces poseída, baja del auto…volveré a la oficina.

—Aja a la oficina así que ahora así se llaman las faldas de tu querida.

Dijo valentina con ironía, antes de que Samuel pudiera refutar valentina bajo del coche azotando la puerta entro al edificio sin mirar atrás, Samuel sonrió con un toque de burla Valentina una campesina quien intentaba tomar el papel de una ciudadana intentaba vestir a la moda aunque los tacones no eran los suyo ya que a cada nada sus pies se iban de lado o con los vestidos que los tomada de los lados para que no volará o se alzara.




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