Odiarte nunca fue tan tentador

Capitulo 2

El aula olía a madera vieja y café recién hecho.
Martina entró sin apuro, con su cuaderno contra el pecho y esa expresión de “no me hablen” perfectamente instalada.
Duró exactamente tres segundos.
—Duarte.
La voz del profesor Benítez la frenó en seco.
—Acá —respondió, levantando la mano apenas.
—Perfecto. Vení un momento.
Ya empezamos...
Martina avanzó entre los bancos sintiendo miradas clavadas en la espalda por parte de sus compañeros.
Algunas curiosas por saber sobre la nueva. Otras… evaluando, suponiendo...
Odiaba eso.
—Vas a trabajar con Alcázar en el proyecto trimestral —dijo el profesor, como si estuviera anunciando algo normal.
No lo era.
—No.
Directo.
Simple.
Honesto.
El aula se quedó en silencio.
El profesor la miró por encima de los lentes e hizo una mueca de mal gusto y soltó un suspiro de fastidio.
—¿Me estás contradiciendo? No era una pregunta, te lo aclaro.
—Entonces es una mala decisión.
Un par de risas se escaparon.
—Sentate —ordenó él—. Y acostúmbrate, aquí las órdenes las doy yo y van a trabajar juntos.
Martina apretó la mandíbula, lo único que le faltaba al día era tener un inconveniente con el profesor de Matemáticas.
Asintió.
Giró.
Y ahí estaba.
Iñaki Alcazar, recostado en la silla, mirándola como si esto fuera un espectáculo privado.
Una sonrisa torcida se plasmo en su rostro —Te estaba esperando, pitufa.
Ella dejó caer su bolso sobre el banco.
—Deja de decirme así, qué triste debe ser tu vida...
—No tanto ahora.
Martina tomó asiento sin mirarlo.
Error.
Porque lo tenía demasiado cerca.
Demasiado.
—¿Siempre sos tan insoportable o es solo conmigo? —murmuró ella.
—Depende —respondió él—. ¿Siempre provocás o es un hobby nuevo al que le estás tomando cariño?
Martina giró la cabeza.
Quedaron a centímetros.
Otra vez.
Ese maldito error, podía ser muy peligroso...el sabía cómo hacer bajar la guardia a una mujer...
—No te creas tan importante —susurró.
Iñaki bajó la mirada a sus labios. Apenas un segundo.
Pero suficiente.
—Difícil cuando no dejás de hablarme.
Martina se inclinó un poco más.
—Difícil cuando no dejás de mirarme, pero lamentable para ti, estoy lejos de tu cochino alcance.
Silencio.
Corto.
Denso.
Peligroso.
Iñaki iba a contestarle algo pero no pudo.
—Chicos —interrumpió el profesor—. ¿Quieren compartir la conversación tan fascinante que tienen con todos nosotros?
Martina se separó de golpe.
—No, gracias.
—Lástima —dijo Iñaki—. Era interesante.
—Pongan atención, o los sacaré de la clase; y no habrá clases de consultas, quedan advertidos.
—Si profesor —Respondieron los dos al unísono.
La clase empezó.
O al menos eso intentó.
Porque cada vez que Martina bajaba la mirada a su cuaderno… sentía la de él encima.
Molestando.
Provocando.
—¿Tenés algún problema? —susurró sin mirarlo.
—Sí —respondió Iñaki, tranquilo—. Vos.
—Superalo.
—Estoy en eso.
—No parece.
—Es que no ayudás.
Martina cerró el cuaderno de golpe.
—Escuchame bien —dijo en voz baja—. Hacemos el proyecto, sacamos la nota y listo. Sin drama.
Iñaki ladeó la cabeza.
—¿Sin drama? Qué aburrido, Duarte, pensé que me lo pondrías más...divertido.
—No todos vivimos para llamar la atención.
Él se inclinó hacia ella.
—No necesito vivir para eso.
Otra vez cerca.
Otra vez ese calor incómodo subiéndole por el cuerpo.
Martina apretó el bolígrafo.
—Aléjate.
—¿Por?
—Porque sí.
—No es un argumento válido.
—No me importa.
Iñaki sonrió.
—A mí sí.
—Alcazar.
La voz del profesor lo hizo incorporarse apenas.
—¿Sí?
—¿Querés compartir con la clase lo que estamos viendo?
—Claro —respondió él, sin dudar—. Estamos viendo cómo Duarte intenta concentrarse mientras yo la distraigo.
El aula estalló en risas.
Martina lo miró.
Lento.
Peligroso.
—Sos un idiota...sos un pajero.
—Pero efectivo.
—Cinco minutos afuera —ordenó el profesor si se van les hago un reporte.
—¿A mí? —preguntaron los dos al mismo tiempo.
—A los dos.
Perfecto.
El pasillo estaba vacío.
Silencioso.
Y demasiado estrecho.
Martina se apoyó contra la pared, cruzándose de brazos.
—Te odio, pedazo de pelotudo, primer día y ya me hiciste quedar mal, sos re pajero.
Iñaki cerró la puerta detrás de ellos.
—Original.
—¿Siempre arruinás todo?
—Solo lo interesante.
—Esto no es interesante.
—Discrepo.
Silencio.
Otra vez.
Pero distinto.
Más cargado.
Más real.
—¿Por qué conmigo? —preguntó ella de repente.
Iñaki frunció el ceño.
—¿Qué?
—Tenés a todo el mundo atrás tuyo. ¿Por qué molestarme? ¿Estoy pagando algún derecho de piso por ser la nueva?
Él la miró unos segundos.
Demasiados.
—Porque no sos como el resto.
Error.
Grave error.
Martina desvió la mirada primero.
—No es un cumplido.
—No lo dije como uno.
—Entonces peor.
Iñaki dio un paso hacia ella.
Después otro.
Hasta quedar justo enfrente.
Muy cerca.
—Te gusta pelear conmigo, puedo percibirlo, te brillan los ojitos.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
Martina lo empujó levemente del pecho.
—No.
Iñaki ni se movió.
—Sí.
El aire se volvió pesado.
Ella lo sintió.
En el pecho.
En la piel.
En la forma en que él la miraba, por dios que fuerza tenía en esa mirada.
—Dejá de hacer eso —dijo, más bajo.
—¿Qué cosa?
—Eso.
—¿Mirarte?
—Sí.
—No.
Martina soltó una risa nerviosa.
—Sos insoportable.
—Y vos no te quedas atrás.
Silencio.
Otra vez.
Pero ahora…
Diferente.
Sus miradas bajaron.
Subieron.
Se quedaron.
Demasiado.
—Si me besás te rompo la cara, te pateare las bolas como nadie te lo ha hecho —susurró ella.
Iñaki sonrió apenas.
—Si te beso… no me vas a parar, te encantará, por qué beso muy bien...
Un segundo.
Dos.
Tres.
Pasos en el pasillo.
Risas acercándose.
Y el momento…
Se rompió.
—¿Todo bien? —preguntó Mateo, apareciendo con una sonrisa.
Martina se separó rápido.
—Perfecto, justo estaba pensando en vos.
Iñaki dio un paso atrás.
—Mejor imposible.
Mateo los miró a los dos.
Después negó con la cabeza.
—Ustedes van a ser un problema.
—Él es el problema —dijo Martina.
—Ella empezó —respondió Iñaki.
—No mientas.
—No inventes.
Mateo suspiró.
—Genial. Me encanta estar en el medio de una guerra...
Desde el fondo del pasillo, Nicole observaba.
En silencio.
Con los brazos cruzados.
Y una sonrisa que no prometía nada bueno.
El juego había empezado.
Y nadie…
Sabía cómo iba a terminar.




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