Odiarte nunca fue tan tentador

Capitulo 6

El día siguiente fue… raro.
Demasiado silencioso.
Demasiado tenso.
Martina caminaba por el pasillo con el cuaderno apretado contra el pecho, evitando mirar a los lados.
Evitando pensar.
Spoiler: no lo estaba logrando.
Iñaki.
Mateo.
La escena.
El casi beso.
Todo.
—Genial… —murmuró—. Arruiné todo en menos de 24 horas.
—No sos la única.
Martina se detuvo.
Mateo.
Apoyado contra la pared, con las manos en los bolsillos.
Pero ya no estaba sonriendo.
Y eso…
Eso dolió un poco.
—Hola —dijo ella, más suave.
—Hola.
Silencio.
Incómodo.
—Lo de ayer.
—No hace falta —interrumpió él.
Directo.
Frío.
—Mateo.
—En serio —repitió—. No me debés explicaciones.
Mentira.
Y los dos lo sabían.
Martina frunció el ceño.
—No es lo que pensás.
Mateo soltó una risa corta.
Pero no era divertida.
—Nunca dije lo que pienso.
Golpe.
—Entonces decilo —respondió ella.
Él la miró.
Por primera vez desde que empezó la conversación.
—Pienso que te estás metiendo en algo que no te va a hacer bien.
Silencio.
—No sabés eso.
—Sí lo sé.
—No.
—Sí.
Martina apretó la mandíbula.
—No es asunto tuyo.
Ahí.
Lo dijo.
Las mismas palabras.
Mateo bajó la mirada un segundo.
Y cuando la volvió a levantar…
Algo había cambiado.
—Tenés razón —dijo—. No lo es.
Y eso…
Eso fue peor que cualquier pelea.
Mateo se apartó de la pared.
—Nos vemos en clase.
Y se fue.
Sin esperar respuesta.
Sin mirarla otra vez.
Martina se quedó quieta.
—Perfecto…
Pero no lo sentía así.
Para nada.
La clase pasó sin que registrara mucho.
Iñaki no apareció.
Mateo no la miró.
Y Nicole…
Sonreía demasiado.
—¿Te peleaste con tu grupo nuevo? —dijo Nicole, sentándose delante de ella sin invitación.
Martina ni levantó la vista.
—¿No te enseñaron a meterte en tu vida?
—Mi vida es bastante interesante —respondió ella—. La tuya también, últimamente.
Martina cerró el cuaderno.
—Decí lo que tengas que decir.
Nicole apoyó el codo en el banco.
—Solo me pregunto… cuánto falta para que todo explote.
Silencio.
—No sé de qué hablás.
—Claro que sí.
Martina la miró.
Firme.
—No.
Nicole sonrió.
Lento.
—Tené cuidado con él.
—¿Celosa?
—No —respondió Nicole—. Consciente.
Se inclinó un poco más.
—Iñaki rompe todo lo que toca.
Martina sostuvo su mirada.
—Entonces que no me toque.
Nicole ladeó la cabeza.
—Eso ya no depende solo de vos.
El timbre sonó.
Martina se levantó sin decir nada más.
Pero algo le quedó dando vueltas.
Y no le gustó.

***

La habitación estaba en penumbra cuando entró.
Extraño.
No recordaba haber dejado la luz así.
Y entonces.
—Perdón.
Martina se detuvo.
Una chica estaba sentada en la cama de al lado.
Cabello oscuro, mirada baja, postura cerrada.
—No sabía que ya había alguien —dijo la chica, sin mirarla.
Ah.
La compañera.
La chica misterio.
—No pasa nada —respondió Martina.
Silencio.
Incómodo.
Las dos evitando mirarse.
—Soy Ruth —murmuró la chica.
—Martina.
—Lo sé.
Claro.
Todos sabían todo.
—Buen primer día , ¿no? —intentó Ruth, con una sonrisa débil.
Martina dejó el bolso.
—He tenido peores.
Mentira.
Pero tampoco iba a admitirlo.
Ruth asintió.
—Yo también.
Y algo en cómo lo dijo…
No sonó normal.
Martina la miró mejor.
Ojeras.
Ojos rojos.
Manos inquietas.
Algo no estaba bien.
—¿Estás bien? —preguntó, casi sin pensar.
Ruth se tensó.
—Sí.
Mentira.
Evidente.
—Ok.
Martina no insistió.
Solo se sentó en su cama.
Silencio.
Pesado.
Un sonido rompió el momento.
El celular de Ruth.
Vibrando.
Una vez.
Otra.
Otra.
Ruth lo miró.
Y su expresión cambió.
Miedo.
Ansiedad.
Algo peor.
—No atiendas —dijo Martina, sin pensar.
Ruth levantó la vista.
Sorprendida.
—¿Qué?
Martina se encogió de hombros.
—Si te hace esa cara… no vale la pena.
Silencio.
Ruth dudó.
El celular seguía vibrando.
Insistente.
Pesado.
Y entonces.
Lo apagó.
Silencio.
Pero distinto.
Más liviano.
Un poco.
—Gracias —murmuró Ruth.
Martina asintió.
—De nada.
Pasaron unos minutos.
Sin hablar.
Pero ya no era incómodo.
—¿Siempre sos así? —preguntó Ruth de repente.
—¿Así cómo?
—Directa.
Martina soltó una pequeña risa.
—Sí.
Ruth dudó.
—Está bien.
—¿El qué?
—Que alguien no dé vueltas.
Silencio.
Otro tipo de silencio.
—No tenés que contarme nada —dijo Martina—. Pero…
Se encogió de hombros.
—No estás sola.
Error.
Tal vez.
O no.
Ruth bajó la mirada.
Y por un segundo…
Pareció quebrarse.
Pero no dijo nada.
Todavía.
Martina se recostó en la cama.
Mirando el techo.
Pensando.
En todo.
En todos.
En él.
—¿Internado nuevo? —preguntó.
—Sí.
—¿Cambio o escape?
Silencio.
Ruth tardó en responder.
—Un poco de los dos.
Martina asintió.
—Entiendo.
Y lo hacía.
Más de lo que decía.
Esa noche…
Por primera vez desde que llegó…
Martina no se sintió completamente sola.
Pero eso no significaba que las cosas estuvieran mejor.
Porque afuera...
Iñaki no dejaba de pensar en ella.
Mateo estaba tomando distancia.
Y Nicole…
Ya estaba planeando su próximo movimiento.




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