Odiarte nunca fue tan tentador

Capitulo 13

El ambiente en el instituto estaba… raro.
Más de lo normal.
Más pesado.
Más incómodo.
Martina lo sintió apenas cruzó la puerta.
Las miradas.
Otra vez.
Los susurros.
Otra vez.
—No me gusta esto —murmuró Ruth a su lado.
—A mí tampoco.
—Y eso que yo vivo al borde del colapso.
Martina soltó una pequeña risa.
—Se nota.
Ruth le dio un leve golpe en el brazo.
—Idiota.
—Duarte.
Martina se detuvo.
Ya sabía quién era.
No hacía falta girarse.
—¿Sí?
Nicole.
Sonriendo.
Como siempre.
Pero esta vez…
Había algo más.
—El director quiere verte.
Silencio.
—¿A mí sola?
—No —respondió Nicole—. A todos.
Pausa.
—Pero pensé que te gustaría saberlo primero.
Martina la miró.
Firme.
—¿Qué hiciste?
Nicole ladeó la cabeza.
—¿Por qué asumís que hice algo?
—Porque siempre lo hacés.
Nicole sonrió.
Más amplia.
Más peligrosa.
—Solo dije la verdad.
Golpe.
—¿Qué verdad? —preguntó Martina.
—La que todos ven… pero nadie dice.
Silencio.
Pesado.
—Nos vemos en dirección —agregó Nicole.
Y se fue.
Como si nada.
—La odio —murmuró Ruth.
—Hacemos fila —respondió Martina.
Pero algo en su estómago…
Se apretó.
Fuerte.
La oficina estaba igual que siempre.
Pero esta vez…
Peor.
Mateo ya estaba ahí.
Serio.
Callado.
Iñaki también.
Tenso.
Mirando al frente.
Y Nicole…
Sentada.
Tranquila.
Como si nada.
—Llegaron —dijo el director.
Frío.
—Siéntense.
Silencio.
Nadie hablaba.
Nadie respiraba casi.
—He recibido información preocupante.
Ahí estaba.
—Sobre conductas inapropiadas dentro de la institución.
Martina sintió el golpe.
—Peleas.
Pausa.
—Falta de disciplina.
Otra.
—Y relaciones que interfieren con el rendimiento académico.
Silencio.
Pesado.
Martina miró a Nicole.
Ella no apartó la vista.
Ni sonrió.
Ni nada.
Y eso…
Fue peor.
—¿Quieren decir algo? —preguntó el director.
Nadie respondió.
—Bien.
Se inclinó hacia adelante.
—Entonces voy a ser claro.
Pausa.
—Esto se termina ahora.
Golpe.
—Su proyecto conjunto será supervisado directamente por el cuerpo docente.
Iñaki frunció el ceño.
—¿Supervisado cómo?
—Cada avance. Cada reunión. Cada entrega.
Mateo apretó la mandíbula.
—Perfecto…
—Y si hay un solo incidente más…
Silencio.
—Se van.
Directo.
Final.
Martina sintió el peso de esas palabras.
Más fuerte que antes.
Más real.
—Pueden retirarse.
Salieron en silencio.
Otra vez.
Pero esta vez…
Nadie se fue.
—¿Fuiste vos? —preguntó Iñaki, mirando a Nicole.
Directo.
Sin rodeos.
Nicole se encogió de hombros.
—Dije lo que vi.
—Sos una mierda —murmuró él.
—Y vos un problema —respondió ella.
—¿Qué dijiste exactamente? —preguntó Mateo.
Nicole lo miró.
—Lo suficiente.
Martina dio un paso adelante.
—No tenías derecho.
—Claro que sí —respondió Martina—. Cuando algo afecta a todos… deja de ser privado.
Silencio.
Tenso.
—Te gusta esto —dijo Martina.
—¿El qué?
—El caos.
Nicole sonrió.
Ahí estaba.
—Alguien tiene que poner orden.
—Esto no es orden —dijo Mateo—. Es manipulación.
—Llámalo como quieras.
Iñaki se acercó.
—Alejate de ella.
Nicole levantó una ceja.
—¿De cuál?
Silencio.
Golpe.
Martina sintió el impacto.
Directo.
—De las dos —respondió Iñaki.
Y eso…
Eso cambió todo.
Nicole lo miró.
Por primera vez…
Sin sonrisa.
—Cuidado, Iñaki.
—¿Con qué?
—Con pensar que podés salvar a todo el mundo.
Pausa.
—No siempre funciona.
Se dio media vuelta.
Y se fue.
Silencio.
Pesado.
Mateo fue el primero en hablar.
—Esto se está yendo a la mierda.
—Ya se fue —respondió Iñaki.
Martina no dijo nada.
No podía.
Porque algo…
Había cambiado.
Otra vez.
—Tenemos que concentrarnos —dijo Mateo—. El proyecto.
—Sí —respondió ella.
—No podemos fallar.
—No.
Iñaki la miró.
—Nos vemos en la biblioteca.
Y se fue.
Mateo se quedó.
—Martina…
Ella levantó la mirada.
—¿Sí?
—Tené cuidado.
Pausa.
—Con él.
Silencio.
Martina sostuvo su mirada.
—¿Y con vos?
Mateo dudó.
Solo un segundo.
—También.
Se fue.
Y Martina…
Se quedó sola.
En el medio.
Otra vez.
Porque ahora ya no era solo tensión.
Ni deseo.
Ni confusión.
Ahora…
Había consecuencias reales.
Y lo peor…
Era que no sabía a quién creerle.




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