La biblioteca estaba vacía.
Otra vez.
Como si el mundo tuviera la costumbre de dejarlos solos en el peor momento posible.
Martina dejó el bolso sobre la mesa.
No se sentó.
No abrió el cuaderno.
No hizo nada.
Solo esperó.
La puerta se abrió.
Iñaki.
Entró sin decir nada.
Cerró.
Y el silencio…
Cayó entre los dos.
—Tenemos que hablar —dijo ella.
—Sí.
Pero no sonó como si quisiera hablar.
Martina cruzó los brazos.
—Esto no puede seguir así.
—¿Así cómo?
—Así.
Señaló el aire entre ellos.
—Esto.
Iñaki la miró.
—¿Esto?
—Sí.
—Decilo.
Martina dudó.
Un segundo.
—Esto que no sabemos qué es.
Silencio.
Pesado.
Iñaki dio un paso.
—Yo sí sé.
Martina sintió el impacto.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
—Iñaki.
—Martina.
Se quedaron frente a frente.
Otra vez.
Siempre así.
—Nos estamos complicando la vida —dijo ella.
—Puede ser.
—Nos pueden echar.
—Ya lo dijeron.
—Entonces frená.
Silencio.
Iñaki la miró.
De verdad.
—No quiero.
Golpe.
Directo.
Martina apretó la mandíbula.
—No podés elegir eso.
—Ya lo hice.
Error.
Grave.
Error.
—Esto no es un juego —dijo ella.
—Nunca lo fue.
—Entonces actuá como si no lo fuera.
—Lo estoy haciendo.
Silencio.
Peligroso.
—¿Qué querés de mí? ¿Es un capricho, verdad! —preguntó Martina.
Iñaki no dudó.
—A vos.
Sin filtro.
Sin rodeos.
Y ahí…
Se rompió todo.
Martina retrocedió un paso.
—No podés decir eso.
—Ya lo dije.
—No es así de simple.
—Para mí sí.
—No lo es.
—Entonces hacelo complicado.
Se acercó.
Un paso.
Otro.
Martina no se movió.
No esta vez.
—Decime que no sentís nada...porque desde la primera vez que te vi yo sentí todo—Menciono él.
Otra vez.
Siempre la misma pregunta.
Martina lo miró.
Intentó mentir.
De verdad.
Pero...
—No puedo.
Susurro.
Rendición.
Iñaki cerró los ojos un segundo.
Como si eso fuera todo lo que necesitaba.
Cuando los abrió…
Ya no había distancia.
—Entonces dejá de huir de esto.
Y esta vez...
No se detuvo.
Se inclinó.
Lento.
Pero decidido.
Sin darle espacio para escapar.
Martina sintió el aire desaparecer.
El corazón descontrolarse.
La cabeza gritar.
Pero el cuerpo…
No reaccionó.
Y cuando sus labios finalmente se tocaron...
Todo se detuvo.
No fue suave.
No fue dudoso.
Fue intenso.
Necesario.
Contenido durante demasiado tiempo.
Martina lo agarró de la camisa.
Lo acercó más.
Como si eso tuviera sentido.
Como si pudiera frenar algo.
Iñaki respondió igual.
Sin medir.
Sin pensar.
Porque ya no había control.
Ni lógica.
Ni excusas.
Solo eso.
El beso se volvió más profundo.
Más urgente.
Más real.
Y por un momento...
Nada más importó.
Ni el instituto.
Ni el proyecto.
Ni Mateo.
Ni Nicole.
Ni nadie.
Solo ellos.
Hasta que Martina se separó de golpe.
Respirando agitada.
—Esto está mal.
Pero no sonaba convencida.
Iñaki la miró.
Igual de afectado.
—Sí.
—No podemos.
—No.
Silencio.
Pero ninguno se movió.
—Tenemos que parar —dijo ella.
—Sí.
Nadie se movió.
—Ahora.
—Ahora.
Pero entonces...
Iñaki volvió a acercarse.
Y esta vez…
Martina no lo frenó.
Y el segundo beso...
Fue peor.
Más intenso.
Más peligroso.
Sus manos recorriendo sus espaldas
Sus lenguas danzando en sincronía.
Porque ahora sabían.
Y aun así…
No se detuvieron.
Horas después
El cuaderno seguía cerrado.
El proyecto intacto.
Y la línea…
Ya no existía.
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Editado: 08.04.2026