Martina no durmió.
Ni un poco.
Cada vez que cerraba los ojos…
Volvía ahí.
La biblioteca.
El silencio.
Sus labios.
El beso.
Se giró en la cama.
Otra vez.
—¿Insomnio o crisis emocional? —murmuró Ruth desde la otra cama.
Martina suspiró.
—Las dos.
—Bienvenida al club.
Silencio.
—¿Pasó algo? —preguntó Ruth.
Martina dudó.
Un segundo.
Dos.
—Sí.
Ruth se incorporó apenas.
—Ok… eso no sonó bien.
Martina se sentó en la cama.
Pasó una mano por su pelo.
—La cagué.
—¿Nivel “me olvidé un trabajo” o nivel “arruiné mi vida”?
Martina la miró.
—Segundo.
Ruth asintió.
—Perfecto. Me interesa.
Silencio.
Corto.
Pesado.
—Lo besé.
Ahí.
Sin filtro.
Ruth se quedó quieta.
—Ok.
Pausa.
—¿Cuál?
Martina cerró los ojos.
—Iñaki.
Silencio.
Y después...
—OK.
Más fuerte.
—No digas nada —murmuró Martina.
—No voy a decir nada.
Pausa.
—Solo voy a pensar MUCHAS cosas.
Martina dejó caer la cabeza hacia atrás.
—No me ayuda.
—No intento ayudarte todavía.
Ruth la miró.
Más seria.
—¿Y?
—¿Y qué?
—¿Te gustó?
Silencio.
Error.
Martina no respondió.
Pero no hizo falta.
Ruth exhaló.
—Estamos en problemas.
—Ya lo sé.
—¿Y Mateo?
Golpe.
Directo.
Martina apretó la mandíbula.
—No sabe.
—Todavía.
—No.
Silencio.
—Le va a doler —dijo Ruth, más bajo.
Martina cerró los ojos.
—Lo sé.
Y eso…
Dolió más que todo.
—¿Y vos? —preguntó Ruth—. ¿Qué querés?
Martina dudó.
—No sé.
—Mentira.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
Martina la miró.
—Estoy cansada de no saber.
Ruth se recostó.
—Entonces dejá de mentirte.
Silencio.
—No es tan fácil.
—Nunca lo es.
Martina suspiró.
—Esto va a explotar.
Ruth asintió.
—Sí.
—Y pronto.
***
El instituto estaba igual que siempre.
Pero no para ella.
Nada estaba igual.
Martina entró al aula.
Y lo vio.
Iñaki.
Sentado.
Como si nada.
Pero cuando levantó la mirada...
La encontró.
Y no apartó los ojos.
Error.
Grave.
Error.
Martina se sentó.
Intentando ignorarlo.
Spoiler: no lo logró.
—Buen día.
Mateo.
Sonriendo.
Como siempre.
Como antes.
Y eso…
Eso dolió.
—Hola —respondió ella, más suave.
—¿Todo bien?
Martina dudó.
—Sí.
Mentira.
Mateo la observó un segundo más.
—No parece.
Silencio.
—Estoy bien —repitió.
Mateo asintió.
Pero no convencido.
—Bueno.
Se sentó a su lado.
Cerca.
Tranquilo.
Iñaki miró la escena.
Desde atrás.
En silencio.
Pero su expresión…
Cambió.
—¿Estudiamos después? —preguntó Mateo.
Martina sintió el golpe.
—Yo...
—Tenemos que avanzar con el proyecto —interrumpió Iñaki desde atrás.
Directo.
Frío.
Silencio.
Mateo giró.
—Lo sé.
—Entonces no perdamos tiempo.
—No lo estoy perdiendo.
Tensión.
Martina cerró los ojos un segundo.
—Podemos… ver los tres.
Error.
Grave.
Error.
Silencio.
Pesado.
—Claro —dijo Mateo.
Pero no sonó convencido.
Iñaki no dijo nada.
Pero tampoco le gustó.
Perfecto.
Todo peor.
—Ok, necesito intervenir —susurró una voz.
Paolo.
Obvio.
Se sentó sin permiso.
—Esto es incómodo hasta para mí.
—Andate —dijo iñaki.
—No —respondió Paolo—. Esto es entretenimiento en vivo.
Miró a Martina.
—¿Dormiste?
—No.
—Se nota.
Miró a Iñaki.
—¿Vos?
—Tampoco.
—Perfecto —sonrió Paolo—. Me encanta cuando el drama avanza.
Mateo frunció el ceño.
—¿Qué está pasando?
Silencio.
Golpe.
Martina sintió el corazón acelerarse.
—Nada.
—No es nada —murmuró Iñaki.
Error.
Mateo lo miró.
—¿Qué?
—Nada.
—Iñaki.
—No es tu problema.
Silencio.
Pesado.
Mateo se tensó.
—Empieza a serlo.
Otra vez.
Las mismas palabras.
Martina se levantó de golpe.
—Basta.
Los dos la miraron.
—No vamos a hacer esto acá.
Silencio.
Paolo levantó una ceja.
—Ah, esto se puso bueno.
Martina lo fulminó con la mirada.
—Cerrá la boca.
—Sí, señora.
Silencio.
—Nos vemos en la biblioteca —dijo ella.
Y se fue.
Sin mirar atrás.
Pero sabía...
Que esto ya no se podía ocultar.
Y cuando la verdad saliera…
Iba a doler.
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Editado: 08.04.2026