Odiarte nunca fue tan tentador

Capitulo 20

La habitación estaba en silencio.
Pero no tranquilo.
Era de esos silencios que pesan.
Martina estaba sentada en el piso, con la espalda contra la cama.
Sin celular.
Sin música.
Sin nada.
Solo pensando.
Error.
—Ok, esto ya es preocupante.
Ruth.
Sentada en su cama, observándola.
—¿Hace cuánto estás así?
Martina se encogió de hombros.
—No sé.
—¿Horas?
—Capaz.
Silencio.
—¿Vas a hablar o seguimos en modo “me apago emocionalmente”? —preguntó Ruth.
Martina soltó una risa seca.
—No puedo más.
Ahí estaba.
Ruth se bajó de la cama.
Se sentó frente a ella.
—Bueno.
Pausa.
—Eso es un buen comienzo.
Martina se pasó una mano por la cara.
—Todo salió mal.
—Sí.
Directo.
—Mateo no quiere verme.
—Lógico.
—Iñaki está… —se frenó.
—¿Idiota?
—Peor.
Ruth levantó una ceja.
—Interesante.
Martina apoyó la cabeza contra la pared.
—No me mira.
Golpe.
—Eso sí es nuevo —murmuró Ruth.
—Prefiero que me grite —admitió
Martina—. Esto…
Pausa.
—Esto es peor.
Silencio.
—Porque te importa —dijo Ruth.
Martina cerró los ojos.
—No sé a quién más le importa.
Y eso…
Eso era la verdad.
Ruth la miró.
—Mentira.
Martina frunció el ceño.
—¿Qué?
—Te importan los dos.
Golpe.
Silencio.
Martina no lo negó.
No pudo.
—Ese es el problema —agregó Ruth.
Martina rió sin humor.
—Sí.
—Pero no podés quedarte ahí —continuó—. Porque los vas a perder a los dos.
Golpe.
Más fuerte.
Martina tragó saliva.
—Ya estoy perdiendo a uno.
Silencio.
—Y al otro… —murmuró.
Pero no terminó.
Porque sabía la respuesta.
—Entonces dejá de esperar —dijo Ruth.
Martina la miró.
—¿Qué?
—Dejá de esperar a que se arregle solo.
Silencio.
—No se va a arreglar —agregó.
Y eso…
Fue suficiente.
Martina se levantó de golpe.
—Tenés razón.
Ruth sonrió apenas.
—Siempre.
—Voy a hablar con él.
—¿Con cuál?
Martina dudó.
Un segundo.
—Con Iñaki.
Ruth asintió.
—Ok.
Pausa.
—Eso va a ser un desastre.
Martina tomó aire.
—Sí.
Y salió.
El patio estaba casi vacío.
Atardecía.
Perfecto para drama.
Y ahí estaba.
Iñaki.
Apoyado contra una baranda.
Mirando nada.
Martina caminó hacia él.
El corazón en la garganta.
—Tenemos que hablar.
Iñaki no se giró.
—No.
Golpe.
Martina frunció el ceño.
—¿Qué?
—No quiero.
Silencio.
—No podés decidir eso solo.
—Ya lo hice.
Se giró.
Por fin.
Pero su mirada…
Era otra.
Más fría.
Más cerrada.
—¿Qué te pasa? —preguntó Martina.
Iñaki la miró.
—Nada.
Mentira.
—No —insistió ella—. Esto no es nada.
Silencio.
—¿Te arrepentís? —preguntó él.
Otra vez.
Martina dudó.
Error.
Iñaki rió.
Pero no era gracioso.
—Listo.
—No —dijo ella rápido—. No es eso.
—Entonces ¿qué es?
Martina dio un paso adelante.
—Estoy confundida.
Golpe.
Iñaki negó.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
—No estás confundida —dijo él—. Estás eligiendo.
Silencio.
Martina lo miró.
—No es tan simple.
—Para mí sí —respondió él.
Pausa.
—Y no voy a esperar.
Golpe.
Final.
Martina sintió el aire desaparecer.
—¿Qué significa eso?
Iñaki la sostuvo.
—Que cuando decidas…
Pausa.
—Capaz ya sea tarde.
Silencio.
Martina sintió el nudo en el pecho.
—No podés hacer eso.
Iñaki se encogió de hombros.
—Ya lo estoy haciendo.
Y se fue.
Otra vez.
Pero esta vez…
De verdad.
Martina se quedó sola.
Otra vez.
Pero ahora…
Sin ningún lugar seguro.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.