El sol pegaba fuerte en el campo.
Gritos.
Risas.
Pelotas rodando.
Todo normal.
Menos para él.
Iñaki estaba sentado en las gradas, escuchando con sus auriculares la banda que siempre está escuchando Martina cuando está en la biblioteca, Airbag, y la canción era Noches de insomnio, estaba con los codos apoyados en las rodillas.
Mirando.
Fijo.
A ella.
—La desgraciada tiene buen gusto...por tu culpa voy a estar cantando esto todo el día—Dijo por lo bajo.
—Amigo…
Kevin, su mejor amigo estaba a su lado, moreno y grandote, ojos cafés y cabello oscuro, el defensor del equipo del colegio, ni se molestaba en disimular la sonrisa.
—Disimulá un poco, te falta colgar una pancarta por poco.
Iñaki se movió.
—Estoy mirando el entrenamiento.
Kevin soltó una risa.
—Sí, claro.
Pausa.
—Muy técnico lo tuyo...
Iñaki entrecerró los ojos.
—Está haciendo mal las sentadillas...así no se puede pensar con claridad...
Kevin lo miró.
Dos segundos.
Tres.
—La está rompiendo —dijo—. El problema no es la técnica.
Silencio.
Iñaki no respondió.
Pero tampoco apartó la mirada.
Martina.
En el campo.
Con el pelo atado.
Concentrada.
Moviéndose con seguridad.
Y él…
No podía dejar de mirarla, cada faccion de su rostro, cada parte de su cuerpo...su sonrisa...era jodidamente un encanto.
—Hace diez minutos que no parpadeás —agregó Kevin
—Cerrá la boca.
—No, ya parece que te dio la garrotera por poco.
Pausa.
—¿Desde cuándo te pasa esto? ¿Donde quedó el todas mías?
Iñaki suspiró.
Molesto.
—Entraba una al dormitorio y tenías otra en el pasillo esperando para despues... detonando bombas por aquí y por allá.
—No me pasa nada.
Kevin se inclinó hacia él.
—Te gusta ella, estás clavadisimo...
Golpe.
Iñaki apretó la mandíbula.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
iñaki lo miró.
—¿Querés que te empuje de las gradas?
Kevin sonrió.
—Confirmado, cupido te flechó la polla.
Silencio.
Iñaki volvió a mirar al campo.
Y ahí estaba otra vez.
Martina riéndose con una compañera.
Relajada.
Como si nada.
Como si él no existiera.
Y eso…
Eso le molestaba más de lo que debería.
—Ella...no es como las otras...vas a decir que soy un loco...pero con ella el sexo lo veo como secundario...de verdad ...alguien me interesa...hasta una simple discusión se vuelve especial...bese a muchas chicas...pero ella...no tienes idea de las ganas que tengo de que sus labios me besen una vez más...
—Mi hermano, me cuesta decírtelo pero te llego el karma...te burlaste de varias...hasta que llegó una que no te lo puso fácil, y te tiene como un boludo...ahora quien sufre sos vos...
—Puede ser...—Miro a Martina reír con su amiga Ruth y sonrio—No quiero lastimarla...
Kevin se encendió un Chesterfield y le dio una calada al cigarrillo.
—¿Y el otro? —preguntó Kevin.
Iñaki frunció el ceño.
—¿Qué otro?
—El bueno —respondió Kevin—. El que la mira como si ella fuera un poema.
—Vos tambien lo notaste...
Le dio una calada al cigarro y asintio—Ese tipo es un riesgo si te quieres ligar a Martina.
Mateo.
Iñaki lo ubicó enseguida.
Al costado del campo.
Hablando con otro chico.
Pero mirando.
Siempre mirando.
Golpe.
Iñaki desvió la mirada.
—No es problema mío.
Kevin levantó una ceja.
—Claro.
Pausa.
—Por eso estás así, jodido, una tipa le está pateando el corazoncito al gran Iñaki Alcázar...
Silencio.
—¿Así cómo? —preguntó Iñaki.
Kevin sonrió.
—Como alguien que llegó tarde.
Golpe.
Directo.
Iñaki no respondió.
Porque algo en esa frase…
Dolió.
—No llegué tarde —murmuró.
Kevin lo miró.
—Entonces ¿por qué no estás con ella?
Silencio.
Iñaki bajó la mirada.
Un segundo.
—Porque no es tan simple.
—Nunca lo es —respondió Kevin.
Pausa.
—Pero tampoco es imposible.
Silencio.
—La cagaste, ¿no? —agregó Kevin.
Iñaki soltó una risa sin humor.
—Un poco...pero ella es el problema.
—¿Y ahora?
Iñaki volvió a mirarla.
Martina estaba corriendo.
Concentrada.
Libre.
Y él…
No.
—Ahora… —murmuró.
Pausa.
—No sé.
Kevin lo observó.
Más serio.
—Si no hacés nada… la vas a perder.
Golpe.
Iñaki apretó la mandíbula.
—Capaz ya la perdí...con ella es todo muy difícil...
Silencio.
Kevin negó.
—No.
Pausa.
—Pero estás cerca.
El silbato sonó.
Entrenamiento terminado.
Martina se acercó a las gradas.
Tomando agua.
Respirando agitada.
Y por un segundo.
Sus miradas se cruzaron.
Error.
Porque esta vez…
No hubo sonrisa.
No hubo provocación.
Solo algo más.
Confusión.
Distancia.
Y eso…
Le pegó más fuerte que cualquier pelea.
Martina bajó la mirada.
Y se fue.
Sin decir nada.
Iñaki se quedó ahí.
Quieto.
—Ok —dijo Kevin—. Eso fue doloroso de ver...
Iñaki no respondió.
Porque por primera vez…
No tenía una jugada.
Y eso…
No le gustaba nada.
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Editado: 08.04.2026