Odiarte nunca fue tan tentador

Capitulo 22

El vestuario estaba casi vacío.
El ruido del entrenamiento ya se había ido.
Solo quedaba el eco.
Y la tensión.
Martina entró con la botella en la mano, todavía agitada.
El pelo húmedo.
La cabeza… peor.
Apoyó las manos en la bacha.
Respiró hondo.
Una vez.
Dos.
—¿Siempre te escondés acá o es algo nuevo?
Iñaki.
Martina cerró los ojos.
—No me estoy escondiendo.
—Claro.
Su voz sonó cerca.
Demasiado.
Martina se giró.
—¿Qué querés?
Iñaki se encogió de hombros.
—Nada.
Mentira.
Silencio.
Pesado.
—Entonces andate.
Iñaki no se movió.
—No.
Golpe.
Martina cruzó los brazos.
—No podemos seguir así.
—Vos lo dijiste antes —respondió él—. Pero parece que no te importó mucho.
—No empieces.
—No empecé —repitió—. Solo estoy terminando.
Silencio.
Tenso.
Martina apretó la mandíbula.
—No soy la única en esto.
—Nunca dije que lo fueras.
—Pero actuás como si todo fuera mi culpa.
Iñaki la miró.
Directo.
—Porque fuiste vos la que dudó, yo no tengo dudas.
Golpe.
Martina sintió el impacto.
—¿Y vos qué? —respondió—. ¿Perfecto?
—No —dijo él—. Pero yo no estoy entre dos personas, no te orillo a que compitas con otras chicas por mí.
Silencio.
Martina bajó la mirada.
Solo un segundo.
Pero suficiente.
—Ahí está —murmuró Iñaki.
—No es tan simple.
—Lo es.
—No.
—Sí.
Martina dio un paso adelante.
—No podés reducir todo a eso.
Iñaki hizo lo mismo.
Quedaron cerca.
Otra vez.
—Entonces explicámelo —dijo él—. Porque desde donde estoy… parece bastante claro y sobre todo humillante y doloroso...saber que la chica que quiero siente cosas por otro...
Silencio.
Martina lo miró.
Y por primera vez…
No tenía defensa.
—No quiero lastimar a nadie.
Iñaki rió.
Pero no era gracioso.
—Llegaste tarde para eso, porqué con tu poca claridad emocional nos estás jodiendo a los dos.
Golpe.
—Lo sé —murmuró ella.
Silencio.
—¿Y él? —preguntó Iñaki.
—¿Mateo?
—Sí.
Martina dudó.
Error.
Iñaki negó.
—Siempre lo dudás.
—No es duda —respondió ella—. Es que…
Se frenó.
—¿Qué? ¿Cómo lo vas a llamar,eh?—insistió él.
Martina lo miró.
Directo.
—Con él es fácil.
Golpe.
Iñaki se quedó quieto.
—No tengo que pensar —continuó—. No tengo que pelear. No tengo que…
—¿Y conmigo? —la cortó él.
Silencio.
Martina tragó saliva.
—Con vos…
Pausa.
—No puedo parar.
Error.
Grave.
Error.
Silencio.
Pesado.
Iñaki bajó la mirada un segundo.
Después volvió a subirla.
—Entonces dejá de elegir lo fácil.
Golpe.
Martina frunció el ceño.
—No es elegir lo fácil.
—Sí lo es —respondió él—. Porque conmigo tenés que arriesgar.
Silencio.
—Y no querés hacerlo.
—No es eso.
—Entonces ¿qué es?
Martina dio un paso atrás.
—Tengo miedo...hay muchos rumores sobre ti...
Y ahí…
Todo cambió.
Iñaki la miró.
De verdad.
—¿De qué?
Martina soltó el aire.
—De equivocarme.
Silencio.
—Ya lo estás haciendo —respondió él.
Golpe.
Martina sintió el nudo en el pecho.
—No me ayudás.
—No intento ayudarte —dijo Tomás—. Intento que dejes de mentirte.
Silencio.
—No soy bueno para vos...ya...lo dejaste muy claro —agregó él, más bajo.
Martina levantó la mirada.
—Eso no es cierto.
—Sí lo es.
—No.
—Sí.
Se acercó.
Un paso.
—Pero tampoco soy indiferente.
Error.
Martina sintió el aire desaparecer.
—Y eso es peor.
Silencio.
Se quedaron ahí.
A nada.
Otra vez.
Pero esta vez…
Nadie se movió.
—Tenemos que terminar el proyecto —murmuró ella.
Iñaki soltó una risa corta.
—Siempre volvés a eso.
—Porque es lo único que no está roto.
Silencio.
Iñaki la miró.
Más suave.
Por primera vez en mucho tiempo.
—Todo lo demás sí.
Martina no respondió.
Porque tenía razón.
—Nos vemos mañana —dijo él.
Y se fue.
Sin tocarla.
Sin acercarse más.
Y eso…
Dolió más que cualquier beso.
Martina se quedó sola.
Otra vez.
Pero ahora…
Entendiendo algo.
Que no elegir…
También era una decisión.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.