Odiarte nunca fue tan tentador

Capitulo 23

El aula estaba demasiado silenciosa.
Otra vez.
Pero ya no era casualidad.
Era expectativa.
Martina entró tarde.
Error.
Porque todas las miradas fueron directo a ella.
—Llegás justo —dijo el profesor.
Tono serio.
Martina se detuvo.
—¿Justo para qué?
El profesor la observó un segundo.
—Para escuchar algo que te involucra.
Golpe.
Martina sintió el estómago cerrarse.
—Como saben —continuó—, el proyecto final será presentado frente a todo el instituto.
Pausa.
—Pero debido a los últimos acontecimientos…
Silencio.
—Habrá modificaciones.
Murmullos.
—Algunos grupos serán evaluados de forma individual.
Golpe.
Martina frunció el ceño.
—¿Qué?
—Duarte —dijo el profesor—. Vas a presentar sola.
Silencio total.
Martina sintió el impacto.
—¿Sola?
—Sí.
—¿Y Alcázar?
Iñaki , desde atrás, no dijo nada, dio vuelta la cara y miro por la ventana.
—También —respondió el profesor—. Cada uno será evaluado por separado.
Golpe.
Directo.
—Esto no tiene sentido —dijo Martina.
—Tiene todo el sentido —respondió el profesor—. Claramente no están funcionando como equipo.
Silencio.
Martina sintió la bronca subir.
—Y además —agregó—, queremos ver qué pueden hacer… sin depender del otro.
Eso dolió.
Más de lo que debería.
—Clase suspendida —dijo finalmente.
—Pueden retirarse.
El ruido volvió de golpe.
Murmullos.
Comentarios.
Martina salió rápido.
Otra vez.
—Bueno…
Paolo apareció a su lado.
Obvio.
—Eso fue un desastre elegante.
Martina no respondió.
—¿Sola? —continuó él—. Me encanta. Drama + presión.
—No me encanta —murmuró ella.
—Ya sé —respondió Paolo—. Pero te va a obligar a dejar de depender de él.
Golpe.
Martina se detuvo.
—Yo no dependo de él.
Paolo la miró.
—Claro.
Pausa.
—Y yo soy discreto.
Martina rodó los ojos.
—Andate.
—No.
Silencio.
—Esto es bueno —agregó él.
—¿Bueno?
—Sí —respondió—. Porque ahora no podés esconderte detrás del proyecto.
Golpe.
Martina bajó la mirada.
—Ahora es vos… con vos.
Silencio.
—Lo odio —murmuró ella.
—Lo sé.
—Y lo peor…
Pausa.
—Es que tiene razón.
Paolo sonrió apenas.
—Bienvenida al crecimiento personal.
Martina le pegó en el brazo.
—Callate.
—Nunca.
Se separaron.
Martina caminó por el pasillo.
Sin rumbo.
Hasta que...
—Mar...
Se detuvo.
Mateo.
Otra vez.
Pero distinto.
Más firme.
Más tranquilo.
Más lejos.
—¿Qué pasó? —preguntó él.
Martina suspiró.
—Nos separaron el proyecto.
Mateo asintió.
—Lo escuché.
Silencio.
—¿Estás bien?
Martina dudó.
—No sé.
Mateo la miró.
—Vas a estarlo.
Simple.
—¿Y vos? —preguntó ella.
Mateo se encogió de hombros.
—Estoy mejor.
Golpe.
Martina sintió el impacto.
—Me alegro.
Mentira.
Silencio.
—¿Avanzaste algo? —preguntó él.
—No mucho.
—Si necesitás ayuda…
Pausa.
—Decime.
Martina lo miró.
Sorprendida.
—Pensé que…
—Que no iba a hablarte más —la interrumpió.
Silencio.
—No soy así —dijo él—. Pero tampoco voy a estar como antes.
Golpe.
Martina asintió.
—Lo entiendo.
Y lo hacía.
Eso era lo peor.
—Nos vemos —dijo Mateo.
Y se fue.
Sin drama.
Sin reproche.
Pero dejando una distancia…
Que dolía más.
Martina se apoyó contra la pared.
—Ok.
Paolo, otra vez.
—Confirmo: este triángulo es emocionalmente destructivo.
Martina lo miró.
—¿Siempre estás ahí?
—Sí.
Silencio.
—¿Qué hago? —preguntó ella.
Paolo la observó.
—Elegir.
Golpe final.
Martina cerró los ojos.
Porque ya no había excusas.
Ni tiempo.
Ni escapatoria.




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