El gimnasio estaba lleno.
Música alta.
Gente entrenando.
Ruido constante.
Martina estaba concentrada.
De verdad.
Auriculares puestos.
Respiración controlada.
—Una más… —murmuró.
Bajó.
Subió.
Sentadillas.
Otra vez.
—Bien…
No pensaba en Mateo.
No pensaba en Iñaki.
Por cinco minutos…
Paz.
Error.
—Che…
Kevin.
Iñaki, apoyado contra una máquina, ni lo miró.
—¿Qué?
—Disimulá, te estás acabando solo esos calzoncillos.
—¿Otra vez con eso?
Kevin señaló con la cabeza.
Iñaki miró.
Y ahí estaba.
Martina.
Otra vez.
Concentrada.
En su mundo.
Y él…
Otra vez mirándola.
—No estoy haciendo nada —murmuró.
Kevin soltó una risa.
—Claro.
Pausa.
—Muy natural todo.
Iñaki desvió la mirada.
Pero volvió.
Instinto.
—Es increíble —dijo Kevin—. No aprendés más.
—Cerrá la boca.
—No.
Silencio.
Martina terminó la serie.
Se sacó los auriculares.
Tomó agua.
Y por un segundo.
Levantó la mirada.
Y lo vio.
Iñaki.
Mirándola.
Error.
Grave.
Error.
Martina frunció el ceño.
—¿Qué mirás?
Directo.
Kevin sonrió.
—Me voy.
Desapareció.
Cobarde.
Iñaki se quedó ahí.
—Nada.
—Claro —respondió ella—. Nada.
Silencio.
—¿Tenés algún problema? —preguntó Martina.
Iñaki se encogió de hombros.
—No.
—Entonces dejá de mirarme así.
—¿Así cómo?
Martina lo señaló.
—Así.
Silencio.
Iñaki la sostuvo.
—No puedo.
Error.
Martina se tensó.
—¿Qué?
—No puedo —repitió.
Silencio.
—¿Sabés qué? —dijo ella—. Sos un—
En ese momento.
Un chico pasó corriendo detrás de Iñaki con otros mas.
Lo empujó sin querer.
Iñaki dio un paso adelante.
Y chocó contra Valentina.
Fuerte.
Martina perdió el equilibrio.
Intentó sostenerse.
Y en el proceso.
Le dio un golpe directo en el ojo.
Silencio.
—¡AU! —saltó Iñaki, llevándose la mano a la cara.
Martina se quedó congelada.
—¿Qué hiciste? —murmuró él.
—¡Te lo merecías! —respondió ella, automática.
Silencio.
Iñaki la miró.
—¿En serio?
Martina parpadeó.
—Ok… no.
Pausa.
—Fue un accidente.
Kevin volvió.
Obvio.
—¿Me perdí algo?
Iñaki lo miró.
—Me pegó.
Kevin abrió los ojos.
—¿Te pegó?
Miró a Martina.
—Te amo.
—Andate —dijeron los dos al mismo tiempo.
Silencio.
Iñaki volvió a llevarse la mano al ojo.
—Creo que me dejaste ciego.
—No exageres —respondió Martina.
—Veo menos.
—Mentira.
—Un poco menos.
Martina suspiró.
—Dejá ver.
Se acercó.
Y ahí.
Otra vez.
Cerca.
Pero distinto.
Sin tensión pesada.
Sin pelea.
Solo…
Algo raro.
Martina le corrió la mano.
—No es tan grave.
—Decís eso porque no es tu ojo.
Martina rodó los ojos.
—Drama.
Silencio.
Pero ninguno se alejaba.
—Igual… —murmuró él.
Martina levantó la mirada.
—¿Qué?
Iñaki la sostuvo.
—Valió la pena.
Error.
Martina sintió el calor subirle a la cara.
—Sos insoportable.
—Lo sé.
Silencio.
Y por un segundo…
Se rieron.
De verdad.
Como antes.
Y eso…
Eso fue lo peligroso.
Porque les recordó…
Que podían estar bien.
—No te acostumbres —dijo Martina, alejándose.
—Tarde —respondió él.
Silencio.
Pero esta vez…
No dolía.
No tanto.
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Editado: 08.04.2026