Odiarte nunca fue tan tentador

Capitulo 27

El predio estaba lleno.
Gritos.
Aplausos.
Ruido.
Partido amistoso.
Altamira contra otro instituto, el San buenaventura.
Martina estaba en las gradas.
Con Ruth.
Mirando.
O intentando.
—¿Estás viendo el partido o pensando en tu vida amorosa destruida? —murmuró Ruth.
Martina rodó los ojos.
—Las dos.
—Me gusta.
Silencio.
En la cancha.
Iñaki corría.
Concentrado.
Rápido.
Y por un momento…
Martina se olvidó de todo.
Hasta que.
—Che… ¿quién es esa?
Ruth señaló.
Martina siguió la mirada.
Y la vio.
Kiara.
Cabello suelto negro, con mechones rojos.
Actitud relajada.
Sonrisa fácil.
Y sí…
Hermosa...
Pero no era solo eso.
Era cómo se movía.
Como si todo le perteneciera.
—No es de acá —murmuró Ruth.
—No.
Martina no podía dejar de mirarla.
Algo en ella…
No le gustaba.
Instinto.
El partido terminó.
Victoria de Altamira.
Otra vez.
Gritos.
Festejos.
Iñaki salió de la cancha.
Respirando agitado.
Y ahí.
—Buen partido.
Kiara.
Frente a él.
Martina se inclinó apenas.
Atenta.
Iñaki la miró.
—Gracias.
Kiara sonrió.
—Jugás mejor de lo que esperaba.
Iñaki levantó una ceja.
—¿Eso es un cumplido?
—Depende —respondió ella—. ¿Te gustan los desafíos?
Silencio.
Iñaki sonrió.
Apenas.
—A veces.
—Perfecto.
Pausa.
—Entonces voy a ser uno.
Golpe.
Martina sintió algo en el pecho.
Raro.
—Soy Kiara —dijo ella.
—iñaki.
—Ya sé.
Silencio.
Y ahí…
Ya había química.
Real.
Martina apretó la mandíbula.
—Ok… no me gusta —murmuró Ruth.
—A mí tampoco.
Pero no podían dejar de mirar

***

Más tarde en el comedor
El ruido era normal.
Gente hablando.
Risas.
Pero para Martina…
Todo estaba amplificado.
Porque...
Ahí estaban.
Iñaki
Y Kiara.
Sentados juntos.
Riendo.
—No puede ser —murmuró Martina.
—Sí puede —respondió Ruth—. Lo estoy viendo.
Iñaki estaba relajado.
Distinto.
Más suelto.
—Nunca lo vi así —dijo Martina.
Golpe.
Y eso…
Dolió.
—Porque con vos siempre está en modo guerra —respondió Ruth.
Silencio.
Martina no dijo nada.
Porque tenía razón.
En la mesa...
—¿Siempre sos así? —preguntó Kiara.
—¿Así cómo? —respondió Iñaki.
—Difícil.
Iñaki sonrió.
—Depende con quién.
—Entonces soy especial —dijo ella.
Silencio.
—Capaz —respondió él.
Y eso…
Martina lo sintió.
Fuerte.
—La está pasando bien —murmuró.
—Sí —respondió Ruth.
Y no ayudó.
En ese momento.
—Mirá esto.
Nicole apareció.
Obvio.
—Qué rápido cambian las cosas, ¿no?
Martina la ignoró.
—Hace unos días era un desastre por vos…
Pausa.
—Y ahora...
Señaló.
—Eso.
Golpe.
Martina apretó la mandíbula.
—Andate.
—No —respondió Nicole—. Esto es interesante.
Y entonces.
Kiara miró hacia ellas.
Las vio.
Sonrió.
Y se levantó.
—Uh oh...viene para aca, disimulen perras—murmuró Ruth.
Kiara caminó directo.
Sin apuro.
Sin tensión.
Se detuvo frente a ellas.
—Hola.
Silencio.
Martina la miró.
Fría.
—Hola.
Kiara inclinó la cabeza.
—¿Vos sos Martina, no?
Golpe.
—¿Y vos sos…? —respondió ella.
Kiara sonrió.
—Kiara.
Silencio.
Nicole cruzó los brazos.
—No sabía que aceptaban visitas tan rápido.
Kiara la miró.
De arriba abajo.
Y sonrió.
—No sabía que aceptaban mala onda en el comedor.
Silencio.
Ruth se tapó la boca.
Martina… casi sonríe.
Nicole frunció el ceño.
—¿Perdón?
—Nada —respondió Kiara—. Solo digo que el ambiente mejora cuando uno no habla tanto.
Golpe.
Directo.
Nicole no respondió.
Por primera vez.
Kiara volvió a mirar a Martina.
—Nos vemos.
Y se fue.
Tranquila.
Segura.
Peligrosa.
Martina la siguió con la mirada.
Hasta que volvió a su mesa.
Con él.
Y Iñaki…
Sonreía.
Otra vez.
—Ok —murmuró Ruth—. Tenemos un problema.
Martina no respondió.
Porque por primera vez…
Sentía algo nuevo.
No era bronca.
No era confusión.
Era miedo.
Real.
De perderlo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.