Odiarte nunca fue tan tentador

Capitulo 28

El comedor seguía igual.
Gente hablando.
Risas.
Ruido.
Pero para Martina…
Todo estaba enfocado en un solo punto.
Ellos.
Iñaki.
Y Kiara.
Seguían hablando.
Cerca.
Demasiado cómodos.
—Ok… ya es suficiente —murmuró Ruth.
—No estoy mirando —respondió Martina.
—Mentira.
—Un poco.
Silencio.
Martina clavó el tenedor en la comida.
Sin comer.
—¿Qué tiene? —preguntó de repente.
Ruth la miró.
—¿Qué tiene quién?
—Ella.
Ruth siguió la mirada.
Kiara se reía.
Tranquila.
Natural.
—Todo —respondió.
Golpe.
Martina frunció el ceño.
—Gracias, re útil.
—¿Querés que te mienta?
—Sí.
Ruth sonrió.
—Ok. No tiene nada.
Martina rodó los ojos.
Silencio.
—No me gusta —murmuró.
—No tiene que gustarte.
—No.
Pausa.
—Pero tampoco me gusta que él…
Se frenó.
—¿Qué? —insistió Ruth.
Martina apretó la mandíbula.
—Que esté así con ella.
Golpe.
Ruth la observó.
—Ahí está.
Martina la miró.
—¿Qué?
—Celos.
—No son celos.
—Sí lo son.
—No.
—Sí.
Martina suspiró.
—Ok… sí.
Silencio.
—Pero no puedo hacer nada.
Ruth levantó una ceja.
—¿Ah, no?
Martina frunció el ceño.
—¿Qué querés que haga? ¿Ir y decirle algo?
Ruth se encogió de hombros.
—Podrías empezar por dejar de actuar como si no te importara.
Golpe.
Martina bajó la mirada.
Porque sí le importaba.
Mucho más de lo que quería admitir.
—Ya lo perdiste una vez —agregó Ruth.
Silencio.
—No esperes a perderlo de verdad.
Golpe.
Final.
Martina levantó la mirada.
Y ahí.
Iñaki se levantó.
—Bueno… —dijo Kiara—. ¿Me vas a mostrar el lugar o no?
Iñaki sonrió.
—Depende.
—¿De qué?
—De si sos buena caminando.
Kiara rió.
—Intento.
—Entonces vení.
Y se fueron.
Juntos.
Martina se quedó congelada.
—No.
—Sí —respondió Ruth.
—No.
—Sí.
Martina se levantó de golpe.
—Voy a matarlo.
—No lo vas a matar —dijo Ruth—. Pero por fin vas a hacer algo.
Martina no respondió.
Porque ya estaba caminando.
Rápido.
Determinada.
En el pasillo
—¡Iñaki!
Los dos se frenaron.
Se giraron.
Kiara levantó una ceja.
Iñaki la miró.
—¿Qué pasa?
Martina llegó.
Respiración acelerada.
—Necesito hablar con vos.
Silencio.
Kiara miró entre los dos.
—¿Interrumpo algo? —preguntó, tranquila.
—Sí —respondió Martina.
Directo.
Iñaki levantó las cejas.
—Ok… —dijo Kiara—. Eso fue honesto.
Silencio.
Iñaki miró a Martina.
—¿Ahora?
—Sí.
—Estoy ocupado.
Golpe.
Martina se tensó.
—No te va a llevar mucho tiempo.
Iñaki dudó.
Kiara levantó una mano.
—Tranqui.
Pausa.
—No me voy a escapar.
Y eso…
Lo dijo mirándolo a él.
Martina lo notó.
Y no le gustó nada.
—Cinco minutos —dijo Iñaki.
Kiara sonrió.
—Te espero.
Y se apoyó contra la pared.
Relajada.
Como si nada.
Martina giró.
—Vení.
Iñaki la siguió hasta la escalera
Silencio.
—¿Qué querés? —preguntó él.
Martina se giró.
—¿En serio?
—Sí.
—¿Eso estás haciendo ahora?
Iñaki frunció el ceño.
—¿Qué cosa?
—Esto —respondió ella—. Irte con ella como si nada.
Silencio.
Iñaki la miró.
—¿Y qué querés que haga?
Golpe.
Martina se quedó sin respuesta.
Un segundo.
—No sé.
—Exacto —respondió él—. No sabés.
Silencio.
—Pero te molesta —agregó.
Martina apretó la mandíbula.
—Sí.
Por fin.
Iñaki la sostuvo.
—¿Por qué?
Silencio.
Martina dudó.
Pero esta vez…
No escapó.
—Porque no me gusta verte con otra.
Golpe.
Directo.
Silencio.
Iñaki bajó la mirada un segundo.
Después la volvió a subir.
—Tarde.
Golpe.
Martina sintió el impacto.
—No es tarde.
—Sí lo es —respondió él—. Porque cuando yo estaba ahí…
Pausa.
—Vos dudabas.
Silencio.
—Y ahora…
Se encogió de hombros.
—Ahora yo no.
Golpe final.
Martina sintió el nudo en el pecho.
—No podés hacerme esto.
Iñaki la miró.
—¿Hacerte qué?
Silencio.
—Seguir con esto.
Golpe.
Y eso…
Dolió más de lo esperado.
—No estoy haciendo nada malo —agregó él.
Martina no respondió.
Porque sabía…
Que tenía razón.
—Tengo que volver —dijo Iñaki.
Y se fue.
Otra vez.
Martina se quedó ahí.
Pero esta vez…
No estaba paralizada.
Estaba…
Despertando.




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