La mañana llegó demasiado rápido.
Martina no había dormido.
Dio vueltas.
Pensó.
Se arrepintió.
Volvió a pensar.
Y al final…
Nada cambió.
—Tenés cara de haber peleado con tu conciencia —dijo Ruth apenas la vio.
Martina dejó caer la mochila.
—Perdí.
Ruth frunció el ceño.
—¿Perdiste qué?
Silencio.
—No sé.
Y eso…
Era peor.
—¿Qué pasó? —preguntó Ruth.
Martina suspiró.
—Fui a hablar con Iñaki.
—Obvio que fuiste.
—Y Kiara estaba ahí.
Ruth hizo una mueca.
—También obvio.
Silencio.
—Les dije que no me iba a quedar mirando.
Ruth levantó las cejas.
—Ok… eso no me lo esperaba.
Martina se dejó caer en la cama.
—Pero no sé si sirvió.
—Sirvió —respondió Ruth—. Porque por lo menos hiciste algo.
Silencio.
—Pero creo que ya es tarde.
Golpe.
Ruth no respondió.
Porque sabía…
Que podía ser verdad.
—Y Mateo… —murmuró Martina.
Silencio.
—No me habla.
Golpe.
—Y creo que esta vez…
Pausa.
—Es en serio.
Ruth se sentó a su lado.
—Capaz es lo mejor.
Martina la miró.
—¿En serio?
—Sí —respondió—. Porque con él nunca dudabas.
Silencio.
—Y con el otro sí.
Golpe.
Martina bajó la mirada.
Porque era verdad.
***
El ambiente estaba raro.
Miradas.
Susurros.
Algo había cambiado.
Martina caminó sin prestar atención.
Hasta que.
—Mar.
Se detuvo.
Mateo.
Otra vez.
Pero distinto.
Más serio.
Más frío.
—¿Podemos hablar? —preguntó él.
Golpe.
Martina asintió.
En el patio.
Silencio.
—Te vi ayer —dijo Mateo.
Directo.
Martina sintió el estómago caer.
—Mateo…
—No —la cortó—. No expliques.
Silencio.
—Solo necesitaba confirmarlo.
Golpe.
Martina lo miró.
—No es lo que parece.
Mateo rió.
Pero no era gracioso.
—Siempre es lo que parece.
Silencio.
—¿Te gusta? —preguntó él.
Martina dudó.
Error.
Mateo cerró los ojos.
—Listo.
—No.
—No hace falta que lo digas —respondió—. Ya lo entendí.
Golpe.
Martina sintió el nudo en la garganta.
—Yo…
—No —repitió él—. De verdad.
Pausa.
—No quiero escuchar nada.
Silencio.
—Porque yo…
Se frenó.
Respiró hondo.
—Yo sí sabía lo que quería.
Golpe final.
Martina sintió que algo se rompía.
—Y te elegí.
Silencio.
—Pero vos no.
No gritó.
No acusó.
Y eso…
Dolió más.
—Perdón —murmuró Martina.
Mateo negó.
—No.
Pausa.
—No te voy a odiar.
Silencio.
—Pero tampoco voy a seguir.
Golpe.
Martina sintió el vacío.
—Esto… —agregó él—. Se terminó.
Silencio.
—De verdad.
Y esta vez…
No había duda.
Mateo se dio vuelta.
Y se fue.
Sin mirar atrás.
Martina se quedó ahí.
Quieta.
Porque por primera vez…
Había perdido algo real.
Y no había vuelta atrás.
***
Iñaki estaba entrenando.
Concentrado.
Pero no del todo.
—Perrote.
Kevin.
—¿Qué?
—Cara de problema.
Iñaki suspiró.
—Siempre.
Silencio.
—¿Y ahora cuál es? —preguntó Kevin.
Iñaki pateó la pelota.
—Se terminó con el otro.
Kevin levantó las cejas.
—¿En serio?
—Sí.
Silencio.
—¿Y eso es bueno o malo?
Iñaki dudó.
—No sé.
Golpe.
—Antes lo tenía claro.
Pausa.
—Ahora no.
Kevin lo miró.
—Bienvenido al caos.
Iñaki rió apenas.
Pero no era suficiente.
Porque algo había cambiado.
Y esta vez…
No dependía solo de él.
#3108 en Novela romántica
#938 en Otros
#374 en Humor
romance drama odio, humor celos seducción intriga, enemigos to lovers
Editado: 08.04.2026