Odiarte nunca fue tan tentador

Capitulo 34

El instituto no había cambiado.
Pero para ellos…
Todo era distinto.
Martina caminaba por el pasillo.
Y por primera vez…
No evitaba miradas.
Las enfrentaba.
—Bueno, bueno…
Paolo apareció, como siempre.
—¿Estoy viendo lo que creo que estoy viendo?
Martina rodó los ojos.
—No empieces.
—¿Que ahora sos una chica que toma decisiones y besas deportistas desenfrenadamente en pasillos? —respondió él.
Martina se detuvo.
—¿Quién te dijo eso?
Paolo sonrió.
—El instituto entero, aquí se enteran hasta si te tiras un pedo mí ciela.
Golpe.
Martina cerró los ojos.
—Genial.
—Tranquila —agregó—. A la gente le encanta el drama.
—A mí no.
—Mentira —respondió—. Sos protagonista.
Martina le pegó suave en el brazo.
—Callate.
—Nunca.
Silencio.
—¿Y? —preguntó Paolo—. ¿Cómo estamos emocionalmente?
Martina dudó.
—Bien.
Pausa.
—Creo.
Golpe.
Porque incluso decirlo…
Se sentía raro.

***

En el campo más tarde
Iñaki estaba entrenando.
Pero hoy…
No estaba solo.
Martina estaba en las gradas.
Mirándolo.
Y esta vez…
No se escondía.
Iñaki levantó la mirada.
Y la vio.
Sonrió.
Pequeño.
Pero real.
Kevin, a su lado, lo notó.
—No me digas nada —dijo.
Iñaki rió.
—No iba a decir nada.
—Perfecto.
Pausa.
—Porque no quiero escucharlo.
Silencio.
—¿Estás bien? —preguntó Kevin.
Iñaki asintió.
—Sí.
Pausa.
—Creo.
Kevin lo miró.
—Qué respuesta de mierda.
Iñaki rió.
Pero no era mentira.
Porque aunque estaba con ella…
Había algo.
Algo que todavía no encajaba del todo.

***

En las gradas minutos después
Iñaki se acercó.
—¿Me estás vigilando?
Martina sonrió.
—Capaz.
Silencio.
—¿Y eso? —preguntó él.
—Nada.
Pausa.
—Solo quería verte.
Golpe.
Iñaki la miró.
Y algo en su expresión cambió.
Más suave.
—Eso es nuevo.
Martina se encogió de hombros.
—Me estoy adaptando.
Silencio.
—A mí también me cuesta —dijo él.
Martina lo miró.
—¿Qué cosa?
—Esto.
Pausa.
—Que sea real.
Martina bajó la mirada.
—A mí también.
Silencio.
Pero esta vez…
No era incómodo.
Era honesto.

***

En el comedor más tarde
El ambiente cambió.
Porque ellos entraron juntos.
Y todos lo notaron.
—Ahí vienen —murmuró alguien.
—Al fin —dijo otro.
Martina sintió las miradas.
Pero no se soltó.
Iñaki tampoco.
Y eso…
Decía todo.
Hasta que...
—Qué romántico.
Nicole.
Obvio.
Martina cerró los ojos.
—No ahora.
—Siempre ahora —respondió Nicole.
Silencio.
—¿Cuánto va a durar esta vez? —preguntó—. ¿Una semana?
Golpe.
Iñaki la miró.
—Bajá un cambio.
Nicole sonrió.
—Solo pregunto.
Martina apretó la mano de Tomás.
—No te metas.
—Ya estoy metida —respondió—. Porque cuando esto explote…
Pausa.
—Va a salpicar a todos.
Silencio.
—¿Qué querés decir? —preguntó Martina.
Nicole inclinó la cabeza.
—Que hay cosas que no sabés.
Golpe.
Martina frunció el ceño.
—¿Qué cosas?
Nicole sonrió.
—Preguntale a él.
Y se fue.
Silencio.
Pesado.
Martina soltó la mano de Iñaki.
—Te juro que me tiene arta está tipa ¿De qué habla?
Iñaki no respondió enseguida.
Error.
Martina lo miró.
—Iñaki
Silencio.
—No es nada.
Mentira.
Golpe.
Martina retrocedió apenas.
—No me mientas.
Silencio.
Iñaki se pasó una mano por el pelo.
—Es algo del equipo.
—¿Qué cosa?
Pausa.
—Un problema.
Martina lo sostuvo.
—¿Qué problema?
Silencio.
Y ahí…
Se rompió algo.
No grande.
No todavía.
Pero lo suficiente.
—Después te explico —dijo él.
Golpe.
Martina asintió.
Pero no estaba tranquila.
Porque algo en su tono…
No le gustó.
Para nada.




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