El silencio entre ellos duró demasiado.
No en el momento.
No en el comedor.
Sino después.
Durante horas.
Martina no volvió a preguntarle.
Pero tampoco dejó de pensar.
“Preguntale a él.”
Las palabras de Nicole seguían ahí.
Clavadas.
—Lo vas a encarar o vas a hacer como antes y mirar para otro lado —dijo Ruth, cruzada de brazos.
Martina estaba sentada en la cama.
Mirando el celular.
Sin escribir.
—No estoy mirando para otro lado.
—Estás evitando.
Golpe.
Martina levantó la mirada.
—No es lo mismo.
—Sí lo es —respondió Ruth—. Pero ahora duele más porque sí te importa.
Silencio.
Y tenía razón.
—No quiero arruinarlo —murmuró Martina.
Ruth se acercó.
—Si se arruina por una verdad…
Pausa.
—Entonces ya estaba roto.
Golpe.
Martina cerró los ojos.
Respiró hondo.
Y se levantó.
—Ok.
***
Campo en la noche
Las luces seguían prendidas.
Entrenamiento tardío.
Iñaki estaba solo.
Pateando la pelota.
Fuerte.
Una.
Y otra.
Y otra.
Hasta que...
—¿Me vas a romper algo o te vas a calmar?
Martina.
Iñaki se detuvo.
La miró.
Y supo.
—¿Qué pasa? —preguntó.
Martina se acercó.
—No me mientas.
Directo.
Silencio.
Iñaki bajó la mirada.
—No te estoy mintiendo.
—Entonces decime la verdad.
Golpe.
Silencio.
El viento pasó.
Frío.
—Es una sanción —dijo finalmente.
Martina frunció el ceño.
—¿Qué?
—Después de la pelea del otro día…
Pausa.
—Con el partido.
Martina recordó.
El caos.
Los golpes.
—¿Qué pasó?
Iñaki apretó la mandíbula.
—Me pueden suspender del equipo.
Golpe.
Martina se quedó quieta.
—¿Qué?
—No es seguro —agregó—. Pero hay una reunión con el director.
Silencio.
—¿Y no me lo ibas a decir?
Golpe.""
Iñaki la miró.
—No quería meterte en esto.
—Ya estoy en esto —respondió ella—. Estoy con vos.
Golpe.
Iñaki no respondió.
—¿Desde cuándo lo sabés? —preguntó ella.
—Hace unos días.
Silencio.
—O sea que mientras yo…
Se frenó.
—Mientras todo esto pasaba…
Pausa.
—Vos ya sabías.
Golpe.
Iñaki asintió.
Martina negó.
—No lo puedo creer.
—No era el momento.
—¿Cuándo iba a ser? —respondió ella—. ¿Cuando ya estuvieras afuera?
Silencio.
—No es tan simple.
—No —dijo Martina—. No lo es.
Pausa.
—Porque confiar tampoco lo es.
Golpe.
Iñaki la miró.
—No es falta de confianza.
—Entonces ¿qué es?
Silencio.
—Miedo.
Golpe.
Martina se quedó quieta.
—¿De qué?
Iñaki dudó.
Pero esta vez…
No esquivó.
—De que te canses.
Silencio.
—De que todo esto sea demasiado.
Golpe.
Martina lo miró.
De verdad.
—¿En serio pensás eso?
Iñaki no respondió.
Porque sí.
—No soy esa persona —dijo ella.
—Lo sé.
—No —respondió—. No lo sabés.
Silencio.
—Porque si lo supieras…
Pausa.
—Me lo hubieras dicho.
Golpe.
Iñaki bajó la mirada.
—Capaz.
Martina suspiró.
Dolía.
Pero no era el mismo dolor de antes.
Era más… claro.
—No quiero que me cuides de las cosas —dijo.
Silencio.
—Quiero que me incluyas.
Golpe.
Iñaki levantó la mirada.
—Incluso en lo malo.
Pausa.
—Sobre todo en lo malo.
Silencio.
Y ahí…
Algo cambió.
—Está bien —murmuró él.
Martina lo sostuvo.
—No quiero volver a eso.
—¿A qué?
—A no decirnos las cosas.
Golpe.
Iñaki asintió.
—Yo tampoco.
Silencio.
Se acercaron.
Pero esta vez…
No fue como antes.
No fue impulso.
Fue decisión.
—Vamos a pelear por esto —dijo Martina.
Iñaki la miró.
—Juntos.
Golpe.
Y eso…
Era nuevo.
—Juntos —repitió él.
Se abrazaron.
No perfecto.
Pero real.
Y esta vez…
Eso alcanzaba.
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Editado: 08.04.2026