El campo estaba vacío.
Por primera vez…
Demasiado.
Iñaki estaba sentado en el banco.
Sin pelota.
Sin entrenamiento.
Sin nada.
Mirando el suelo.
Como si ahí estuviera la respuesta.
Pero no había nada.
—No podés quedarte así —dijo Kevin, apoyándose contra la reja.
Iñaki no levantó la mirada.
—Mirá, si me vas a venir con frases motivacionales...
Kevin resopló.
—No soy tan boludo.
Silencio.
—Pero tampoco sos esto.
Golpe.
Iñaki apretó la mandíbula.
—¿Esto qué?
—Alguien que se rinde al primer obstáculo.
Silencio.
—No me estoy rindiendo —respondió.
—Entonces levantate.
Golpe.
Iñaki no se movió.
Porque no podía.
Porque por primera vez…
No sabía cómo.
—Dejá —murmuró Kevin—. No te voy a romper las bolas.
Se dio vuelta.
—Pero cuando te canses de perderte…
Pausa.
—Volvé.
Y se fue.
Silencio.
Otra vez.
Pesado.
Hasta que.
—¿Siempre sos tan dramático o hoy es especial?
Martina.
Iñaki cerró los ojos un segundo.
—No ahora.
Martina no se fue.
Se sentó al lado.
—Bueno —dijo—. Entonces me quedo.
Silencio.
Iñaki no la miró.
—No tenés que hacerlo.
—Sí tengo.
Golpe.
Silencio.
—No quiero que me veas así.
Martina giró la cabeza.
—Así como…
Pausa.
—¿Real?
Golpe.
Iñaki la miró.
Por fin.
—Así como alguien que la cagó.
Silencio.
Martina negó.
—Todos la cagamos.
Pausa.
—La diferencia es lo que hacemos después.
Golpe.
Iñaki bajó la mirada.
—No tengo después.
Impacto.
Martina se acercó un poco más.
—Sí tenés.
Silencio.
—Pero ahora no lo ves.
Iñaki rió.
Pero sin humor.
—Me sacaron del equipo, Martina.
Golpe.
—Eso no es “un mal momento”.
—No —respondió ella—. Es un golpe.
Pausa.
—Pero no sos solo eso.
Silencio.
Iñaki la miró.
—Para mí sí.
Golpe.
Y ahí…
Estaba la verdad.
—No —dijo ella, firme.
Pausa.
—Para vos.
Silencio.
—Para mí sos más.
Golpe.
Iñaki no respondió.
Porque no sabía cómo.
—Y no me voy a ir por esto.
Silencio.
—Ni por algo peor.
Golpe.
Iñaki la sostuvo.
—¿Por qué?
Directo.
Martina dudó.
Pero no escapó.
—Porque te elegí y nos vamos a acompañar en nuestros peores momentos, en nuestros aciertos y en nuestros errores, en los momentos de felicidad como también en la tristeza, por qué eso es elegirse, con todo lo bueno y con todo lo malo y saber sobre llevar lo altibajos para que nada nos haga dudar.
Silencio.
—Y esta vez es de verdad.
Golpe.
Iñaki tragó saliva.
Porque eso…
Pesaba más que todo.
—No quiero arrastrarte conmigo —murmuró.
Martina sonrió apenas.
—No me estás arrastrando.
Pausa.
—Estoy caminando con vos, a la par...
Silencio.
Y algo…
Se acomodó.
No todo.
Pero suficiente.
Iñaki se pasó una mano por la cara.
—No sé qué hacer...
Golpe.
Martina lo miró.
—Entonces no lo pienses ahora.
Silencio.
—Solo no te quedes acá, lamentándote.
Pausa.
—No te quedes en este punto.
Golpe.
Iñaki la observó.
—¿Y vos?
—¿Qué?
—¿Te vas a quedar?
Silencio.
Martina sonrió.
—Ya estoy.
Golpe suave.
Pero firme.
Iñaki la miró unos segundos.
Y después…
Se acercó.
La abrazó.
Fuerte.
Como si se estuviera sosteniendo.
Y en parte…
Lo estaba.
Martina respondió.
Sin decir nada.
Porque no hacía falta, esos brazos fuertes que la envolvían, era todo lo que estaba bien en el mundo.
***
En el pasillo en ese mismo momento
Ruth y Paolo caminaban.
—¿Cómo creés que está? —preguntó Ruth.
Paolo hizo una mueca.
—Hecho mierda.
—Sí.
Silencio.
—Pero no está solo —agregó Paolo.
Ruth sonrió apenas.
—No.
—Y eso cambia todo.
***
En el campo
El abrazo seguía.
Más tranquilo.
Más firme.
Y por primera vez en todo el día…
Iñaki respiró.
De verdad.
#3108 en Novela romántica
#938 en Otros
#374 en Humor
romance drama odio, humor celos seducción intriga, enemigos to lovers
Editado: 08.04.2026