Odiarte nunca fue tan tentador

Capitulo 41

El instituto estaba en calma.
Después de días de ruido…
Por fin silencio.
Pero no vacío.
Era un silencio distinto.
De esos que vienen después de sobrevivir.
Martina caminaba por el pasillo.
Más tranquila.
Más segura.
Más ella.
—Mirá quién apareció —dijo Paolo, apoyado contra la pared.
Martina sonrió.
—No empieces.
—¿Yo? Jamás —respondió—. Solo observo el crecimiento emocional de mis amigas.
Ruth se acercó.
—Está insoportable.
—Estoy brillante —corrigió Paolo.
Martina rió.
Y ese sonido…
Ya no dolía.
—¿Cómo estás? —preguntó Ruth.
Martina lo pensó.
—Bien.
Pausa.
—De verdad.
Golpe suave.
Y esta vez…
Era cierto.

***

El entrenamiento había vuelto.
El ruido.
Los gritos.
La energía.
Iñaki estaba ahí.
Otra vez en su lugar.
Corriendo.
Jugando.
Viviendo.
Levantó la mirada.
Y la vio.
Martina.
En las gradas.
Como siempre.
Pero diferente.
Porque ahora…
No había distancia.
Sonrió.
Y esta vez…
No fue pequeño.
Fue real.
Después del entrenamiento
Iñaki se acercó sonriendo.
—¿Otra vez vigilando?
Martina sonrió.
—Capaz, la delincuencia está cada vez peor, me pueden robar el novio.
Silencio.
—Gracias —dijo él.
Martina lo miró.
—Ya te dije que era juntos.
Golpe.
Iñaki asintió.
—Lo sé.
Silencio.
—Y esta vez…
Pausa.
—No quiero hacer nada solo.
Golpe.
Martina sonrió.
—Me parece bien.
Se miraron.
Sin apuro.
Sin miedo.
—¿Sabés qué es lo más raro? —dijo él.
—¿Qué?
—Que después de todo…
Pausa.
—Esto es lo más tranquilo que se siente.
Golpe.
Martina asintió.
—Porque es real.
Silencio.
Iñaki se acercó.
—Y porque te elegí.
Martina sonrió.
—Y porque me quedé.
Golpe final.
Se besaron.
Pero esta vez…
No fue impulso.
Fue decisión.

***

Último día de clases
El ambiente era distinto.
Risas.
Fotos.
Despedidas.
El internado ya no era lo mismo.
Ni ellos tampoco.
—No puedo creer que sobrevivimos a todo esto, nos veremos el siguiente año —dijo Ruth.
—Yo sí —respondió Paolo—. Siempre supe que íbamos a dar contenido de calidad.
Martina rodó los ojos.
—Gracias por tanto, los quiero mucho.
Paolo hizo una reverencia.
—De nada, querida protagonista.
Silencio.
Pero lindo.
—¿Lista? —preguntó Iñaki, acercándose.
Martina lo miró.
Y no dudó.
—Sí.
Le tomó la mano.
Y esta vez…
No la soltó.




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