Odiarte nunca fue tan tentador

Epilogo

Meses después.
La vida siguió.
Como siempre.
Pero ellos…
No eran los mismos.
Martina estaba sentada en una cafetería.
Libros abiertos.
Pero no leyendo.
Esperando.
—Llegué tarde.
Iñaki.
Se sentó frente a ella.
—Como siempre —dijo ella.
—Pero llegué.
Golpe suave.
Martina sonrió.
—Eso es lo que importa.
Silencio.
—¿Te arrepentís de algo? —preguntó él.
Martina lo pensó.
Todo.
El caos.
Las dudas.
El dolor.
Y después…
Lo miró.
—No.
Golpe final.
Porque todo eso…
La llevó ahí.
Con él.
—Yo tampoco —respondió Iñaki.
Se quedaron en silencio.
Pero no incómodo.
De esos que dicen todo.
—Al final… —murmuró ella—
Pausa.
—No era elegir entre dos.
Iñaki la miró.
—Era aprender a elegir bien.
Silencio.
Y esta vez…
Lo habían hecho...
FIN




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