Odiarte nunca fue tan tentador

Extra 3

El vestuario estaba lleno.
Risas.
Gritos.
Toallas volando.
Lo normal.
Hasta que.
—Che, Paolo…
Ese tono.
Paolo ni levantó la vista.
—¿Sí, amor?
Algunos se rieron.
—¿Es verdad que te gustan los pibes?
Silencio.
Pequeño.
Pero suficiente.
Paolo cerró su mochila.
—¿Y si te digo que sí?
El chico sonrió.
—No sé… medio raro.
Otro se sumó.
—Capaz te gusta alguno de acá…
Risas.
Paolo apoyó el codo en el banco.
—Tranquilos —dijo—. Tengo estándares.
Golpe.
Algunos se callaron.
Otros se picaron.
—¿Ah sí?
—Sí —respondió Paolo—. Y ninguno de ustedes califica.
Risas.
Pero esta vez…
No eran iguales.
—Qué gracioso —dijo otro—. Igual, no te acerques mucho.
Silencio.
Más pesado.
Paolo lo sostuvo.
—No te preocupes.
Pausa.
—No me gustan los inseguros.
Golpe.
Y eso…
Pegó.
—¿Qué dijiste?
Se acercaron.
Demasiado.
Y ahí.
—Ya fue.
Kevin.
Apoyado contra la pared.
Mirando la escena.
—¿Tienen algún problema real o solo ganas de quedar como boludos?
Silencio.
Uno de los chicos resopló.
—No te metas.
Kevin se encogió de hombros.
—Me meto si quiero.
Golpe.
Paolo lo miró.
Interesado.
—Además —agregó Kevin—, ya aburren.
Silencio.
—¿Qué, ahora sos defensor?
Kevin dio un paso adelante.
—No.
Pausa.
—Solo no banco la mierda.
Golpe.
Y eso fue todo.
Un empujón.
Otro.
Ruido.
Desorden.
Kevin reaccionó.
Rápido.
Directo.
Cortando la situación antes de que escalara más.
—¡Basta!
Un profesor apareció.
Todo se frenó.
Respiraciones agitadas.
Miradas tensas.
—¿Qué está pasando acá?
Silencio.
Nadie respondió.
Pero ya era suficiente.
Afuera — minutos después
El aire estaba más frío.
Más limpio.
Paolo salió.
Kevin detrás.
—No hacía falta —dijo Paolo.
Kevin se encogió de hombros.
—Sí hacía.
Silencio.
—Igual gracias, héroe sin capa, te llamaré musculote.
Kevin rió.
—No soy tu tipo.
Paolo lo miró de arriba abajo.
Lento.
—Mmm…
Pausa.
—No sé.
Golpe.
Kevin levantó una ceja.
—¿Ah no?
Paolo sonrió.
—Tenés cara de problema.
—Y vos de quilombo.
Silencio.
Se miraron.
Y algo…
Se encendió.
—¿Siempre defendés causas perdidas? —preguntó Paolo.
Kevin negó.
—No sos una causa perdida.
Golpe.
Paolo inclinó la cabeza.
—¿Ah no?
Kevin lo sostuvo.
—No.
Pausa.
—Sos alguien que no se deja pisar.
Silencio.
Eso…
No era lo que esperaba.
Paolo bajó la mirada un segundo.
Después sonrió.
Pero más suave.
—Cuidado…
Kevin frunció el ceño.
—¿Qué?
Paolo se acercó un poco.
—Que me vas a empezar a gustar.
Golpe.
Kevin soltó una risa corta.
—Ya empezaste vos.
Silencio.
Paolo levantó una ceja.
—Puede ser.
Se quedaron ahí.
Sin apuro.
Sin incomodidad.
—Igual te aviso —dijo Kevin—
Pausa.
—No soy fácil.
Paolo sonrió.
—Me encantan los desafíos.
Golpe final.
Y eso…
Eso recién empezaba.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.