Odiarte nunca fue tan tentador

Extra 4

La residencia estaba en silencio.
Luces apagadas.
Puertas cerradas.
Todo en calma.
O eso parecía.
Martina estaba acostada.
Con el celular en la mano.
Intentando dormir.
Sin lograrlo.
Hasta que.
Golpecito.
Se quedó quieta.
Golpecito.
Se incorporó.
—¿Qué…?
Miró la ventana.
Y lo vio.
Iñaki.
Afuera en el balcón.
Trepado al maldito edificio.
—¿Estás loco? —susurró, abriendo apenas.
Iñaki sonrió.
—Un poco.
Entró con agilidad.
Cerró detrás suyo.
Respirando agitado.
—Te podías matar.
—Pero no me maté.
Silencio.
Martina lo miró.
—¿Qué hacés acá?
Iñaki se acercó.
—Vení.
—No.
—Sí.
—Iñaki.
—Confía en mí.
Golpe.
Martina dudó.
Un segundo.
Dos.
Y después.
—Ok

***

Pasillos — noche
Caminaban en silencio.
Pegados a las paredes.
Esquivando luces.
Escuchando pasos lejanos.
—Si nos agarran, estamos muertos —murmuró ella.
—Vale la pena.
Golpe.
Martina lo miró.
—Eso espero.
Se escondieron detrás de una columna.
Una linterna pasó.
Cerca.
Demasiado.
Iñaki tomó su mano.
Fuerte.
Y no la soltó.
Cuando el camino quedó libre. Siguieron.
Rápido.
Hasta que.
—Llegamos.
La escalera vieja
Oscura.
Polvo.
Nadie pasaba por ahí.
—¿Qué es este lugar?
Iñaki sonrió.
—Mi lugar.
Movió una vieja madera.
Una pequeña puerta.
Oculta.
—¿Me estás jodiendo?
—No.
La abrió.
—Entrá.
Martina dudó.
Pero entró.
Y cuando lo hizo.
Se quedó sin aire.
La habitación secreta
Pequeña.
Reducida.
Pero…
Perfecta.
Luces cálidas.
Flores.
Globos.
Una pancarta hecha a mano.
“Merecemos algo nuestro”
Música suave de fondo que colocó en su celular.
Almohadones en el suelo.
Íntimo.
Seguro.
Real.
Martina se giró.
—¿Vos hiciste esto?
Iñaki se encogió de hombros.
—Capaz.
Silencio.
—Es… hermoso.
Golpe.
Iñaki la miró.
—Como vos.
Martina rodó los ojos.
—No arruines el momento.
Iñaki rió.
Se sentaron.
Cerca.
Demasiado.
Pero sin prisa.
—Quería traerte acá —dijo él.
Pausa.
—Sin ruido.
Sin gente.
—Solo nosotros.
Silencio.
Martina lo miró.
Iñaki saco de su bolsillo un estuche y lo abrió ante ella era un corazón con doble cadena, estaba dividido en dos mitades, cada uno tenía las iniciales.
—Cada mitad representa los sueños del otro, yo llevaré el tuyo y vos llevarás el mío.
Iñaki dividió el corazón en dos y se lo colgó y el se colocó el suyo.
—Te juro que me encanta, que especial que es.
—¿Estas enamorada de mí?
—Lo lograste.
Pausa.
—¿Y ahora?
Iñaki bajó la mirada.
—Ahora…
Respiró hondo.
—Quiero saber si esto puede funcionar.
Golpe.
Martina no habló.
—Vos y yo…
Pausa.
—Somos distintos.
—Lo sé.
—Mucho.
Silencio.
—Y no quiero que eso nos rompa.
Golpe.
Martina inclinó la cabeza.
—Entonces no dejemos que lo haga.
Silencio.
Iñaki la miró.
—¿Qué querés?
Directo.
Martina no dudó.
—Ser doctora.
Golpe.
—Ayudar.
Pausa.
—Salvar vidas.
Silencio.
Iñaki sonrió.
—Suena a vos.
—¿Y vos?
Iñaki la sostuvo.
—Futbolista profesional.
Golpe.
—Jugar en lo más alto.
Silencio.
—Siempre fue eso.
Martina asintió.
—Entonces tenemos un problema.
Iñaki frunció el ceño.
—¿Por qué?
Martina sonrió.
—Porque nuestros mundos no coinciden.
Silencio.
Iñaki se acercó.
—Entonces los hacemos coincidir.
Golpe.
Martina lo miró.
—¿Cómo?
Iñaki tomó su mano.
—No dejando que uno opaque al otro.
Silencio.
—No eligiendo entre vos o yo.
Pausa.
—Eligiéndonos… con todo.
Golpe.
Martina sintió el corazón acelerarse.
—Eso no es fácil.
—Nunca lo fue.
Silencio.
—Pero vale la pena.
Golpe final.
Martina sonrió.
—Entonces prometelo.
Iñaki la miró.
—Prometo no dejar de luchar por lo mío.
Pausa.
—Y no dejar de apoyarte en lo tuyo.
Silencio.
Martina asintió.
—Yo también.
Se acercaron.
Lento.
Sin apuro.
Y se besaron.
Pero no como antes.
No por impulso.
No por necesidad.
Sino por decisión.
Por futuro.
Por todo lo que venía.
Y en ese pequeño lugar escondido…
Donde nadie los veía…
Se prometieron algo más fuerte que el amor.
Se prometieron no perderse.




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