Es muy fácil que nosotros confundamos el amor con el odio; nadie toca ese tema. Todo el mundo dice: "es muy fácil que confundamos el amor con la pasión, el amor con el deseo", pero nunca nos dicen la verdad, nunca. O tal vez no les pasa lo que me pasó a mí.
Aún recuerdo cómo todo pasó, cómo lo conocí. Me acuerdo que entré y fue como en las películas o en las novelas, mejor dicho; sentí literal el flechazo. Y sí, lo sentí en cuanto crucé la mirada con él; yo dije: "¡wow!". Cabe mencionar —hago un paréntesis— que a mí siempre me han gustado los hombres morenos. Tengo un fetiche por los hombres morenos; tengo la ideología de una película donde les dicen "hombres de chocolate", entonces tengo esa ideología y me encantan.
Pero cuando lo conocí a él, fue como: "¡wow, qué hombre!". Qué guapo estaba: alto, medía dos metros, estaba muy espaldón (para mí, los hombres espaldones son mi delirio, me fascinan, me derriten), estaba un poquito "ponchadito" de los brazos, poquito, y tenía una cara preciosa: ojos azules, nariz respingada, labios gruesos, cabello color castaño claro y lacio. Yo me fijé en todo. Cuando me enamoro de alguien, yo soy muy enamoradizo, cabe mencionar; pero cuando me enamoro de alguien, literal me fijo de pies a cabeza en todo. Iba vestido con su pantalón de mezclilla, una camisa polo negra y unos tenis Nike; se veía muy bien. No sé, a mí se me hizo atractivo en el momento en el que lo vi.
Me senté junto a mi hermano Alonso; somos muy íntimos, somos como la mantequilla y el pan, no podemos estar uno sin el otro. Entonces, inmediatamente que me senté junto a él, lo primero que hice fue decirle:
— "Alonso, préstame una pluma, güey, tengo que pedirle su número".
Y se me quedaba viendo Alonso como diciendo: "Cálmate, cabrón, ¿qué te está pasando?".
Yo no soy nada aventado, soy muy reservado. Yo nunca doy el primer paso con nadie, ni nunca fui de coqueteo, de acercarme, de atreverme o aventarme. Para nada. Si ellos no daban el paso, yo no lo daba nunca. Si me gustaba alguien y la persona no daba el paso, yo me quedaba con las ganas siempre. Pero yo nunca me atreví, hasta que lo conocí.
— "Tienes que darme una pluma", le dije.
— "No traigo plumas", me respondió él.
Mis papás nada más se me quedaban viendo como diciendo: "¿Qué te traes?". Es que me encanta. Alonso lo volteó a ver y dijo:
— "Ay, pues se me ve de lo más equis, nada que ver, está horrible".
Mi hermano también es gay como yo, pero siempre me dice: "Ay no, yo nunca entenderé tus gustos, güey, de verdad tus gustos son tan raros".
Me acuerdo que él estaba ayudando a servir las bebidas y todo; pasaba junto a mí y estaba bien ocupado, ni me pelaba. Pasaba junto a mí y yo: "Ay, qué guapo". Lo recordé de pies a cabeza, pero con una mirada —tengo que reconocerlo ahora analizando mis gestos— sexual. Así de crudo y simple: se me hacía buenísimo, la verdad me lo quería comer con la mirada.
Pasó junto a nosotros con una bandeja de bebidas y ni me pelaba, pero después se sentó cerca. Estaba recibiendo a la gente en la puerta y nosotros estábamos cerca de la entrada al área de urgencias. Después de estar ahí sentado, nos sirvieron de comer a los compañeros de ella y del área de enfermería. Él era intendente de esa área y se nos quedaba viendo. Cruzamos miradas y me acuerdo muy bien que le sonreí; él también me sonrió de una manera muy sutil. Supongo que por miedo a quién era mi papá y lo "pesado" que era en el área de urgencias; era muy respetado, y pues sentía miedo o más que nada respeto hacia mi padre.
Se acabó el evento y dije: "No puede ser, me voy a ir sin saber su nombre". Entonces pasó lo siguiente: entra el director del área de urgencias y da un discurso agradeciendo a cada uno de los que trabajan en esa área, y en especial agradece con estas palabras:
"En especial agradezco a Ángel, que es el que ahorita está cuidando la puerta y recibiendo a nuestros invitados. Me da mucho orgullo mencionarlo: lleva un año limpio de drogas. Lo he apoyado mucho y va muy bien; de verdad, démosle un fuerte aplauso".
Todos le dimos un aplauso. ¡Pues era con el que yo tanto estaba coqueteando, el del flechazo! Yo dije: "Ah, se llama Ángel... wow, pero es adicto", me quedé pensando. Y me dije por dentro: "Ay no, adictos no". Hasta que el director cometió el "error" de decir estas palabras:
— "No se fijen en el detalle de que es adicto; el adicto también sabe amar. Denle oportunidad de amar, de conocerlo y de acercarse a él. Los adictos también somos personas y sabemos amar".
El director tenía más de 18 años limpio de drogas.
— "Acérquense sin miedo", dijo.
No debió haber dicho esas palabras, porque se me quitó la idea de la cabeza de que los adictos no. Al momento de oír esto, ya me fui tranquilo. Me retiré, pero impotente porque quería hablarle, quería acercarme, pero no tenía ni pluma ni nada con qué hacerlo. Antes de salir, él estaba sentado ahí en la puerta y sentí su mirada en mí, recorriéndome de pies a cabeza. Yo lo volteé a ver como diciendo: "¡Ay, qué bueno estás!".
Esta historia no paró aquí. Yo no me iba a quedar ahí. Mi papá lo veía a diario, tenía contacto directo con él, eran amigos, se llevaban bien, platicaban mucho y lo apoyaba. Aquí no acababa la historia y yo no me iba a quedar de brazos cruzados; yo tenía que hacer algo, y lo hice.
Bueno, muy bonita la historia por ahorita, eh? Suena a una historia romántica, feliz, de amor típica. No. No se dejen engañar. Esta es una historia donde el diablo se viste de oveja; donde él es el diablo vestido de oveja y donde yo soy el carnicero. Es como la frase de esa película donde el león se enamora de la oveja... Así. Exactamente así.
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oscuridad y caos, celos deseo lujuria y pocesividad, darkromace
Editado: 17.09.2026