Ofiuco

Capítulo 4: La criatura que se esconde en las profundidades del universo.

Tan pronto como ví al taquillero acercarse, me levanté y corrí tan rápido como pude hasta la puerta trasera. El anciano pareció preguntarme que me pasaba, mas no me detuve a escucharlo.

El siguiente vagón estaba lleno únicamente con el equipaje de los pasajeros. Apenas entré, cerré la puerta y puse algunas de las maletas como obstrucción. Me dirigí hacia el fondo nuevamente para buscar una puerta que me permita salir, pero no había ninguna. Entonces divisé una ventana pequeña con el espacio suficiente para que yo pueda salir por ahí. Envolví una parte de mi casaca en mi puño y procedí a golpear la ventana. De pronto, alguien empezó a forcejear la entrada del vagón. La criatura sin rostro ya estaba aquí. Procedí a golpear con más fuerza la ventana, pero apenas logré hacer unas grietas. El monstruo logró abrir la puerta y empezó a golpearla con fuerza para quitar las valijas que la atascaban. «Maldición, esta ventana no se rompe», pensé. Mis esfuerzos dieron frutos y la ventana cedió, empero, la criatura también logró dispersar los maletines que yo había puesto.

El ser sin rostro ingresó al vagón y observó todo el desastre que yo había hecho. Se acercó a la ventana rota e imaginó que yo había huido por ahí. Sin embargo, yo no alcancé a escapar y solo me refugié tras un grupo de maletas, desde dónde podía ver al monstruo. Para mi desgracia, la criatura dudó sobre mi fuga y lanzó una nueva mirada a todo el lugar. El terror se apoderó de mí y solo me limité a no mover ningún músculo mientras mi persecutor analizaba todos los hechos. Mi corazón latía a mil y en mi mente solo rogaba que Dios me ayude de alguna manera.

Afortunadamente la criatura pareció detener su análisis, porque escuché sus pasos dirigirse a la salida. Respiré aliviado entonces y asomé mi cabeza para observar la situación. De pronto, una mano sujetó mi brazo con fuerza y me arrojó contra un montón de bultos. La criatura me había engañado para atraparme. Entonces sacó una jeringa, probablemente con sedante, y se dispuso a inyectármela. Con mucho esfuerzo logré detener sus manos y un forcejeo empezó. Él era más fuerte, pero no iba a darme por vencido. La ira subió a mi cabeza, y deseos de muerte cruzaban por mi mente. De repente, el tren empezó a sacudirse y sentí mareos, mas no me permití ceder a ellos. Las paredes, así como el techo empezaron a agrietarse. Al ver esto, la criatura sin rostro aumentó su fuerza y consiguió colocarme el sedante. No obstante, ya era tarde para él y un pedazo de la parte superior del tren cayó sobre él. Inmediatamente después una de las paredes se abrió dejando una gran abertura a mi alcance. Con todas mis fuerzas, salté por ella y corrí hacia el bosque que aparecía ante mis ojos. De pronto, el sedante empezó a afectarme, por lo que me detuve a tomar aire. Sin embargo, ruidos provenientes de las afueras del bosque me alertaron que mis perseguidores ya estaban aquí. Con todas mis fuerzas, me levanté y corrí hacia un barranco. Abajo se alcanzaba a ver un río. El sedante no me dio tiempo para pensar lo que hacía y salté del precipicio. Tuve suerte, puesto que el río fue lo suficientemente profundo para no provocarme daños y además, unos segundos después, el hombre de negro había llegado al barranco. Su negro sombrero oscureció mi vista, y por el sedante, caí en el sueño nuevamente.

De pronto, estaba yo, con unos meses menos de edad, saltando de alegría puesto que había conseguido elevar en el aire una piedra, casi de mi tamaño, usando solo mi mente. Me había desmayado sí, pero eso no quitaba mérito a mi logro. Lo que podía hacer era increíble, y aunque desconocía por completo el origen de estos poderes, no me iba a detener hasta conocer cuáles eran sus límites. Taché la piedra de mi lista de objetos que podría mover con la mente y me dispuse a continuar con el siguiente en la lista. Sin embargo, el amargo recuerdo del accidente, el día de la competencia de natación, concibió una idea distinta en mi cabeza. Entonces se me ocurrió probar con algo mucho más grande, el suelo. ¿Qué pasaría si trato de mover el suelo? ¿Cuánto será el área que logre desplazar? ¿Podría yo ser capaz de provocar un terremoto? Muchas preguntas alborotaron mi cabeza. Aun así, hoy en día, no sabría responderme con exactitud si fue la curiosidad o la culpa lo que me impulsó a llevar a cabo tal acción.

Así que me puse manos a la obra, me arrodillé y puse mis manos en el suelo. Luego procedí a mentalizar el área de terreno que quería mover. Cerré los ojos y me concentré, todo lo que pude, en lograrlo. Pude sentir como la tierra temblaba y como se resquebrajaba por mi poder. De pronto, el temblor se incrementó tanto que me asustó, por lo que rompí mi concentración y abrí los ojos. Todo el lugar era un desastre, mucho más de lo que había imaginado.

—¿Qué es este poder? —me pregunté. Repentinamente, comencé a sentirme adormecido, tal vez era un desmayo. Sin embargo, no caí dormido, seguía despierto. Alcé la mirada y vi como el cielo empezó a caer sobre mí. Esto me asustó tanto que caí de espaldas, mas no me pasó nada. Descubrí que ya no estaba en el suelo, sino flotando sobre las nubes. Por extraño que suene, podía ver más de lo que imaginaba a esa altura. Todo parecía estar a mi alcance. Pensé en contárselo a mi madre. Inesperadamente, ya estaba ahí junto a ella, que se hallaba haciendo una llamada. «¿Acaso me he teletransportado?», me pregunté en mi mente. Pero no era así, mi madre volteó en mi dirección y no me vio. ¿Dónde estaba entonces? ¿Acaso estoy en otro plano dimensional?

Pensé en ir más arriba, y de pronto me hallaba en los cielos nuevamente. Quise ir más allá y el espacio se abrió ante mis ojos, mientras a mi espalda se encontraba mi mundo. La curiosidad me invadió nuevamente y pensé en ir mucho más allá, mas no pude. Creo que había alcanzado mis límites. De repente, un escalofrío recorrió mi espalda cuando alguien me llamó. Quizá no era el único con estas habilidades, pero cómo era posible que sepa mi nombre. La voz se hizo presente nuevamente y dijo —: Finalmente te he encontrado.




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