Ofrenda De Amor (lady Frivolidad) Trilogia Prohibido 1 Y 2

X

"La vida es incierta.

Los momentos efímeros, las entregas totales y los te amo invaluables.

Pero hay acciones que lo borran todo.

Menos el dolor.

En donde aprender a vivir con este no es lo ideal, pero si la única opción.

La de ambos o quizás la de ninguno.

Formando grandes obstáculos como resultado, sin ser conscientes que el más difícil aún no ha llegado.

Y protegerlo sera lo único sagrado.

Regresando al inicio de todo.

Retornando a aquel doloroso pasado.

Solo es cuestión de tiempo.

Largo o corto los designios escritos ya no tienen retroceso"

**********

 

Los cascos de los caballos que remolcaban el carruaje, las ruedas de este, que repiqueteaban en el camino empedrado.

Esos sonidos eran los únicos que se oían, pues como cuando emprendieron rumbo a su destino el silencio se instaló entre ellos, pero esta vez con una diferencia notoria.

En esta ocasión si se observaban.

Se grababan las facciones del otro, como si fuese la última vez que tuvieran la dicha de verse con tal devoción.

Alexandre sonreía a la par de Luisa.

Sus ojos brillaban con el más puro amor.

Los de ella pese a nunca expresar nada, esta vez las barreras habían caído, y una sonrisa acompañada del sonrojo en toda su faz, delataba todo el tumulto de sentimientos que experimentaba.

Provocando que al hombre que tenía frente a si, se le llenara el pecho de alegría.

Ella ya era suya.

Podía poseerla como debía.

Verle despertar cada día.

Conocerle cada segundo.

Grabarse aquella risa oxidada por el escaso uso.

Su voz autoritaria, pero no por eso menos dulce.

Esos ojos que eran su delirio.

Estaba tan perdido por ella, que desde mucho antes de ese día su voluntad ya le pertenecía.

La fortuna lo habia alcanzado.

No creyó que pudiera convertirse en su todo.

Si la tenía a su lado no necesitaba nada más para seguir.

Aunque debía ser sincero con el mismo, y decirse eso que le estaba inquietando.

La percibía cambiada.

Las horas que se separaron debió ocurrir algo, porque su actitud era... complicada de explicar, pero le preocupaba en sobremanera.

Estaba más desenvuelta y expresiva.

Daba el primer paso.

Sus ímpetus no eran refrenados.

Sus expresiones no parecían tan mecánicas.

Su espontaneidad lo habia dejado algo desconcertado, pese a que le gustaba ese cambio; pero amaba a la mujer difícil de descifrar, aquella que contestaba con monosílabos.

Que lo miraba con una seriedad inquebrantable, imposible de interpretar.

Regreso de sus cavilaciones cuando aquella tomo sus manos con algo de ansiedad.

Le observo con una sonrisa tranquilizadora, otorgándole solo un asentimiento de cabeza como respuesta.

Como si buscase impregnarse del todo el calor que fuese posible.

Cada segundo se confundía más.

Sus rodillas chocaban, y tambien estaba el hecho de que se refrenaba para no abordarle, y tomarla como un salvaje en el mobiliario.

Era una Diosa.

Su hada del bosque, que brillaba de una manera única.

Ese ser legendario, que ni en los libros de fantasía se hallaba con facilidad.

Se volvería loco si no la tomaba pronto.

El escote de su vestido lo estaba enloqueciendo.

Esa piel cremosa perfecta, su cuello largo que era una de sus debilidades, al ser el más receptivo a sus caricias.

El rendimiento de ambos.

Tenía las ansias elevadas de que se quitaran con caricias los miedos, y rompieran esas barreras que ya no los separaban.

No obstante se cuestionaba como la madre de esta se habia enterado de todo, y más le causaba intriga el hecho de que les hubiese ayudado a realizar aquel acto, que ante los ojos de las dos familias seria tachado de aberración.

Austin no le dio demasiados detalles sobre el asunto, pues solo último que se diera por bien servido de que sus encantos sirvieron de persuasión.

Un argumento bastante pobre, pero pensaría en eso despues, ya que lo que tenía frente a sus ojos se merecía toda la atención.

Volvió a entrelazar sus orbes con los de su ahora mujer, perdiéndose en estos, en las cosas incomprensibles que le gritaban.

Abrumándolo.

Minutos despues el carruaje se detuvo en la completa nada.

Todavía estaban lejos de alguna propiedad, o lugar de paso que los pudiese sobrecoger.

Iba a preguntar, pero esta le cayó con una sonrisa, que aunque fugaz le encandilo.

—Solo quiero devolver los pasos, recordando donde todo inicio— resolvió la incógnita que estuvo a punto de exponer.

Miro por la ventanilla del carruaje entendiendo lo que esta quería decir.

Estaban en la entrada del bosque que colindaba con las tierras de los Belalcazar.

—Nos estamos arriesgando en demasía— su idea le parecia magnifica, pero al parecer él era en esos instantes el más racional.

—Los momentos inolvidables se determinan por los riesgos tomados en cada una de las situaciones— guardo silencio con la duda plasmada en sus orbes azules— ¿Confías en mí?— indago logrando que el la escrutara de una forma más penetrante.

Tratando de dilucidar sus pensamientos y las razones de su actuar, pero fracaso en el proceso.

Rindiéndose a lo que le ofrecía.

>> Nunca haría algo que te pusiese en riesgo— esas palabras le supieron amargas, pero pese a eso asintió entregándole todo lo que era en una afirmación.




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