ᒪoᏙiΝᏀ Yoᑌ ᗯᗩՏΝ't TᎻᎬ ᑭᎡoᏴᏞᎬᎷ.

✦ ━━ ᏟᎪᏢIͲႮᏞO 01.

┋ ❝𝘏𝘢𝘺 𝘱𝘦𝘳𝘴𝘰𝘯𝘢𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰 𝘴𝘦 𝘰𝘭𝘷𝘪𝘥𝘢𝘯.
𝘚𝘰𝘭𝘰 𝘴𝘦 𝘦𝘷𝘪𝘵𝘢𝘯.

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La U.A no había cambiado.

Puesto que seguía siendo demasiado grande, demasiado “pulcra”, incluso demasiado exigente para ciertos jóvenes y adolescentes que cargaban más peso emocional del que deberían. Reiko caminaba por los enormes pasillos con pasos decididos, observando sin invadir el espacio ajeno y analizando a cada estudiante que veía sin juzgar. Era una costumbre que jamás había podido dejar a un lado. Incluso, imposible de apagar, dirían ojos aparte.

Rostros cansados, hombros rígidos, miradas y mandíbulas tensas.

Anotó mentalmente para sacar una conclusión. Definitivamente era trauma funcional. Lo había visto antes y si no se manejaba bien, podía resultar hasta peligroso. Pensó.

Ajustó su bolso sobre su hombro y su portafolio fuertemente sostenido entre sus manos, dando un fuerte suspiro. Aceptar el trabajo no fué una decisión impulsiva, mucho menos acelerada; era importante, era necesario. Esos jóvenes necesitaban algo más que entrenamiento físico y saber de Dones. Necesitaban palabras. Espacios seguros. Silencio acompañado.

Y ella podía darles eso. Siempre podía.

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En la sala de reuniones el silencio predominaba, pues la misma estaba casi vacía cuando ella entró. Una mesa larga y las sillas perfectamente organizadas eran lo que la esperaba dentro, junto a un característico olor a café frío. Reiko dejó su portafolio frente a la silla que tenía su nombre y se dedicó a repasar mentalmente los puntos de la reunión. Estaba tan sumida en su repaso mental que no oyó cuando la puerta se abrió, pero el golpe de la misma al cerrarse la hizo despertar.

No tuvo que mirar para saber de quién se trataba, pues su olor lo había delatado.

Su cuerpo fue el primero en reaccionar. Primero, un nudo en la boca del estómago. Segundo, una presión persistente en el pecho. Y por último, levantó la mirada con un miedo negado.

Aizawa Shōta estaba allí. Justo frente a ella.

Tres años no habían logrado cambiar su expresión cansada, ni su mirada profunda que parecía escrudiñar su interior sin escrúpulos.
Tenía una carpeta en la mano y un ceño fruncido que Reiko conocía muy bien. Era una forma de autoconvencerse de que lo que estaba viendo no fuera real.

—¿Qué haces aquí? —preguntó él, sin vueltas extrañas.

Su voz seguía idéntica. Grave. Distante. Controlada.

Reiko apretó sus manos contra la tela de su pantalón, en silencio antes de responder.

—Bueno, yo... —Se aclaró la garganta debido a la extraña sequedad que sentía—. Seré la psicóloga de la U.A., al menos por este año.

Lo dicho sonó en un tono seco, profesional y tranquilo, extrañamente tranquilo.

Aizawa no pudo evitar analizarla en silencio, quizás más tiempo del que quería. Como si sacara una explicación lógica a cada gesto, cada mínimo movimiento que hacía en busca de algo que no sabía si estaba allí o no.

—¿Psicóloga...? —preguntó repitiendo lo mismo que ella había dicho.

—Los estudiantes necesitan apoyo —añadió la mujer—. Terapia individual, grupal. Evaluaciones por estrés postraumático, lo típico, creo yo.

Dijo cruzándose de brazos, ignorando el hecho de que en el fondo no le diría que también necesitaba el trabajo.

Él simplemente asintió, como siempre. Nunca había una reacción más allá, al menos no en estas cosas superficiales.

—No sabía que vendrías.

—Pues yo tampoco sabía que seguirías aquí.

La frase quedó en el aire que había entre ambos. Aunque no era un reproche, menos una disculpa.

Era más bien como... Como una verdad incómoda, muy incómoda de hecho.

Reiko fue la primera en apartar la mirada, sabía que él tenía una mirada pesada, así que no aguantó mucho él contacto visual incomodo.

—Supongo que ahora tendremos que trabjar juntos, ¿no? —dijo—. Después de todo somos profecionales.

El hombre no respondió de inmediato, solo dejó la información flotando. Aunque cuando lo hizo fue en el mismo tono monótono de siempre. ¿Cuando habían cambiado tanto las cosas entre ellos?

—Eso parece...

Ella tomó su carpeta en silencio y se acercó a él estirándole la mano, cuando lo hizo, noto un insignificante detalle... Seguía usando el mismo detergente. Un aroma que en el fondo alguna vez significó union e hizo parte de un hogar.

Él miró la mano estirada y la tomó con desdén. Más por eduación que por gusto. Ambos se quedaron agarrados un rato, hasta que se dieron cuenta de lo que hacían y se soltaron, puesto que ya habían comenzado a entrar otros profesores y directivos.

Éste primer encuentro había sido extrañamente agridulce para ambos.

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¡ Holaa de nuevo, gentecita !

¿Como han estado?

¿Qué tan les pareció el cap de hoy?
Pues es cortito pero se los público con todo el cariño.
DEJEN SU VOTITO Y COMENTARIO. ♥︎

NÚMERO DE PALABRAS:
¡ 733 !



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En el texto hay: aizawa, fancic, romance +16

Editado: 27.12.2025

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