«Si llego hoy, mañana no morirá Chesmolkova», pensó Iranova mientras el péndulo de la pared de la casa de su abuela se movía de un lado al otro contando y dictaminando cada segundo y latido de su corazón. Su madre la veía con una mirada vacía, cargada de sed de violencia y crueldad cruda como si en un instante toda la humanidad y la empatía hubiera muerto en una sola persona dando la impresión de que su madre se hubiera perdido dentro de sí misma y solo quedara las claras intenciones de un verdugo medieval.
Fue a inicios de la mañana en casa que todo parecía normal, las golondrinas trinaban y los pequeños roedores se iban por los desagües. Iranova despertaba al lado de su madre, al despertarse bien ambas fueron a desayunar y luego a arreglarse. Ellas miraron hacía afuera para admirar el pequeño paisaje urbano, fue entonces cuando encontraron cientos de paquetes en la puerta de su humilde casa en Sanderstonkov, ya adentro se dispusieron a abrir esos paquetes; uno de esos fueron para la madre, eran un libro de cocina tradicional ruso con las recetas para las fiestas acompañado de una Makárov PM para la defensa de su hogar ; los demás fueron para Iranova , todos aquellos eran muñecas, libros y pequeños lienzos para sus clases de pintura en la escuela distrital de Sanderstonkov, finalmente , destaparon y destaparon hasta llegar al último, vieron que era dirigida para su madre , observó la madre una firma hecha con elegancia por encima de un folder azul , rojo y blanco que tenía por destinatario a ella misma así que inmediatamente, se trasladaron al comedor madre e hija .
Expectantes, la madre abrió el folder y observó el interior con gran curiosidad, en ese momento la madre quedó paralizada observando una hoja blanca con marcas de tinta corrida, y con la misma firma elegante al final de la carta, después de leer el contenido de la carta ambas se fueron a la casa de la abuela de Iranova, mientras iban a aquella casa , Iranova empezó a pensar en Chesmolkova, un gato callejero que se colaba a la casa sin que la madre de Iranova se diera cuenta. Antes Iranova vio compañía en ese gato que consideraba su único amigo, ella lo alimentaba para que no se muriera de hambre, a menudo ella lo veía y le daba de comer cuando su madre iba a trabajar, así hasta llegar a vivir en su cuarto, pero en fin son solo recuerdos, recuerdos que iban y venían por cada paso que daban hacía aquella casa desgastada por las décadas.
Cuando llegaron vieron a la entrada una puerta de roble solido con un tono de marrón quemado significando que en efecto habían llegado a la casa de la querida abuela de iranova y hogar de su madre; notó Iranova mucha tensión cuando su madre la miraba, la expresión de ella era una expresión de miedo, confusión y herida como si su corazón hubiera sido destrozado de la manera más cruel posible, no se puede expresar lo que la madre sintió cuando leyó aquella carta. La abuela saludo a su hija y a su nieta pidiéndole a su hija que fuera a su habitación para hablar sobre unos asuntos, mientras Iranova estaba en el sillón escuchando cada segundo del reloj..., cada latido de su corazón sentía el oscuro vacío que no sentía desde su nacimiento…, cada pensamiento resonaba en su cabeza teniendo dudas de si misma mientras esperaba a su madre....
«¿Qué será que le esté diciendo mi abuela a mi madre?», pensó Iranova hasta que la vio, vio con sus ojos de color azur grisáceos, la mirada fría en su rostro y los distintos pensamientos que rondaban por su cabeza, esa manera de mirar a su hija era la cúspide del odio que se sentía como ardía en su interior; esa mirada cargada por sus mismos demonios desde su juventud, desde ese momento se vio la aterradora cara del odio.
Después de tan densa situación, no hubo ni un sonido en aquella casa en Sanderstonkov.