Olúnida - La Mujer de los Jardines Eternos

Capítulo 1 - La princesa del jardín

No recuerdo cuándo empecé a sentir que el palacio me quedaba demasiado pequeño.

Tal vez fue cuando entendí que todos sabían lo que esperaban de mí antes de que yo pudiera decidirlo.

O tal vez fue mucho antes, cuando era niña y una dama de la corte me corrigió porque había corrido por un pasillo con las manos manchadas de tierra.

Tenía dieciocho años, una habitación enorme, vestidos que yo no había elegido y un apellido que pesaba más de lo que cualquiera se atrevía a decir en voz alta.

Todos pensaban que vivir en el palacio era una suerte.

Yo no siempre lo sentía así.

Los pasillos eran hermosos, sí. Mármol pulido, tapices antiguos, ventanas altas y guardias en cada esquina. Pero eran fríos, demasiado perfectos y silenciosos. Cada vez que caminaba por ahí, sentía que debía recordar cómo mover las manos, cuándo sonreír y qué tan alto levantar la barbilla.

Por eso escapaba al jardín cada mañana.

No era una fuga real, claro. Todavía estaba dentro del palacio y seguía siendo la hija menor del rey. Además, la mitad de la corte vigilaba si saludaba bien o si hablaba demasiado. Pero el jardín era el único lugar donde podía respirar sin que nadie me midiera.

Esa mañana salí antes de que tocaran la primera campana.

Me puse una capa sencilla sobre el vestido, bajé las escaleras sin hacer ruido y crucé dos corredores que aún estaban vacíos. En el palacio, a esa hora, solo se oían pasos de sirvientes y el movimiento lejano de la cocina.

Cuando llegué al jardín, solté el aire que no sabía que estaba conteniendo.

El lugar estaba algo descuidado, como siempre. Había rosales viejos, árboles frutales, plantas creciendo donde no debían y caminos de piedra que casi desaparecían bajo el musgo. A mí me gustaba así. No era perfecto pero me impresionaba y me hacía sentir viva.

Me arrodillé junto a una zona donde habían nacido brotes nuevos y me quité los guantes.

—Princesa, por favor, no haga eso —habría dicho mi institutriz si me viera las manos.

Sonreí sola.

Las manos no se me iban a caer por tocar la tierra.

Acomodé un poco el suelo alrededor de los brotes. Estaba frío y húmedo. Me manché las uñas casi de inmediato, pero eso no me molestó. Al contrario. Era una de las pocas cosas que hacía sin pensar en si estaba bien o mal.

—Llegaste antes que yo.

Levanté la vista.

Mi madre venía por el sendero con las mangas recogidas y el cabello sujeto de cualquier manera.

Llevaba guantes viejos, de esos que ninguna reina debería usar, si le preguntaran a la corte.

A mí me encantaba verla así.

—No podía dormir —le dije.

—Eso dices siempre.

—Porque casi siempre es verdad.

Ella se sentó a mi lado, con más cuidado del que solía tener antes. Últimamente se cansaba más rápido, aunque intentara disimularlo.

—¿Otra vez estabas pensando demasiado? —preguntó.

—¿Cuándo no?

Mi madre soltó una risa suave.

—En eso saliste a mí.

Me quedé mirando mis dedos hundidos en la tierra.

—A veces siento que todos saben quién debo ser menos yo

—A veces siento que todos saben quién debo ser menos yo.

Su expresión cambió un poco. No se puso seria de golpe, pero sí dejó de sonreír.

—¿Hoy amaneciste con esa angustia?

—Algo así.

Mi madre no respondió enseguida. Se quitó un guante y tocó una hoja con la yema de los dedos, como si necesitara ganar tiempo.

—Cuando yo tenía tu edad, también me sentía atrapada —dijo al fin.

La miré con sorpresa.

—¿Tú?

—Sí, yo. Aunque muchos crean que nací sabiendo cómo ser reina.

—A veces parece que sí.

—Porque aprendí a aparentarlo.

Eso me dolió un poco, aunque no supe por qué.

—¿Y qué hacías cuando querías irte? —pregunté.

—Buscaba lugares donde pudiera estar sola. Lugares donde nadie me pidiera una respuesta perfecta.

—¿Y funcionaba?

—Solo por un rato.

Asentí, porque entendía eso demasiado bien.

—No quiero pasar la vida obedeciendo reglas sin sentido —dije en voz baja—. No quiero sonreír solo por obligación, ni casarme con alguien que el consejo elija por política. Quiero dejar de ser un adorno más.



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En el texto hay: fantasia, princesa, inmortalidad

Editado: 21.08.2026

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