CAP 7
Por Honor
El viento recorría las ciénagas.
Los centinelas inmóviles, atentos a cualquier movimiento.
El joven guardián del pantano, montaba guardia por primera vez.
Detrás de él, un veterano permanecía quieto, con la mirada fija en la oscuridad
eterna.
—Hoy tomás tu puesto
—dijo el veterano al fin
—. Es un honor.
El joven no respondió de inmediato.
Sus ojos recorrían los caminos de piedra que atravesaban el reino, los puentes que
unían el lodazal con el pórtico del Rey.
Todo estaba listo.
Todo estaba espectante.
La amenaza de un ataque siempre estaba latente.
—Dicen que antes…
—murmuró el joven
— nuestras manos levantaban todo esto.
El veterano no se movió.
—Eso dicen.
El silencio volvió a instalarse entre los dos.
El joven apoyó la mano sobre la piedra fría del muro.
Antiguo.
Perfecto.
—¿Es verdad?
—preguntó.
El veterano tardó en responder.
—La leyenda dice que nuestro rey nos dio ese poder.
El joven giró la cabeza.
—¿Nuestro rey?
—El Primer Hacedor.
El viento sopló más fuerte.
—Dicen que un día podremos recuperarlo.
El joven frunció el ceño.
—¿Recuperar qué?
El veterano lo miró por primera vez.
—Lo que alguna vez fuimos.
El joven volvió a mirar el horizonte.
—¿Y qué éramos?
El veterano apoyó la mano sobre la piedra, junto a la del joven.
—Seres vivos.
El silencio los invadio.
Abajo, el reino dormía entre construcciones que nadie recordaba haber levantado.
El joven cerró la mano lentamente sobre la piedra.
—Entonces voy a luchar.
El veterano asintió.
—Por eso estamos aquí.
El joven levantó la vista hacia la oscuridad.
—Para recuperarlo.
El veterano no respondió.
Solo dijo una última frase antes de volver a su puesto.
—No.
El joven lo miró.
—Estamos aquí… porque nos dijeron que es un honor.