Omnia 3 "Estirpe Insurgente"

CAPITULO 14

CAP 14

Los Oteadores

Con la primera luz, Ícaro y Drako partieron hacia los acantilados que custodian el Reino de las Catacumbas. No volaron alto al principio. Buscaron borde. Cobertura. Silencio. Desde ese límite —donde la selva se extingue y el desierto impone su ley—, la vista era árida. Desnuda. Detectaron primero una vanguardia. Pocos. Bien distribuidos. Atentos. No era un despliegue. Era un aviso. Ícaro contuvo a Drako en altura. Esperaron. El desierto no reveló nada al principio. Solo calor. Solo distancia. Hasta que cambió. No con ruido. Con presencia. El horizonte se quebró. Apareció. No una columna. No una línea. Un cuerpo. El ejército de la conspiración emergió completo. Denso. Extendido. Imposible de medir de un vistazo. Más de lo previsto. Mucho más. Renacidos y mesnadas avanzaban con orden. Sin fisuras visibles. Ícaro no habló. Memorizó. Formaciones. Ritmo. Señales. Lo suficiente. —Regresamos. Drako giró sin demora. No hubo segundo intento. La llegada a Shangricol no trajo alivio. Trajo certeza. Hazard los recibió sin protocolo. Escuchó. No interrumpió. Cuando terminó el informe, el silencio pesó más que las palabras. —Ya no es una suposición —dijo al consejo de guerra—. Es una presencia. No elevó la voz. —Superan lo estimado. Y avanzan. No hubo discusión. No hacía falta. La orden llegó sin énfasis: Preparen las tropas. Breve. Definitiva. —Partimos




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