Omnia 3 "Estirpe Insurgente"

XVI. La Tregua

Capitulo 16:

La Tregua

La luna cabal derramaba una luz fría y cruda sobre el desierto, desnudando las posiciones de ambos ejércitos. No había mística en el silencio; era la parálisis del odio. Miles de hombres y bestias respiraban el mismo aire espeso, conteniendo la violencia a la espera de una orden.

Desde el flanco de la Fusión del Halo, el Rey Hazard espoleó a su corcel negro. Avanzó hacia el centro del terreno sosteniendo una bandera blanca. El trapo pálido apenas se movía en la brisa helada. Del otro lado, el Rey Palus y el Rey Summun hicieron avanzar a sus monturas, cortando la distancia con prisa y desprecio.

Justo cuando los tres monarcas tiraron de las riendas para quedar frente a frente, el cielo se desgarró.

No fue un sonido, fue una presión atmosférica aplastante y un calor repentino. La sombra de Drako que junto a su serpiente ícaro cayó sobre ellos y, al instante, el dragón liberó un torrente masivo de fuego. La bocanada ígnea brilló con una intensidad cegadora, iluminando la noche con un resplandor infernal mientras se curvaba sobre la reunión de los reyes.

Y así Drako conducido por su sapiente Icaro se apostó sobre un risco en una posición expectante.

Fue una exhibición de voracidad pura. El estruendo del fuego rugiendo asfixió cualquier otro sonido, y la onda de calor instantáneo hizo que las filas de ambos ejércitos se estremecieran. Los guerreros del bando conspirador, acostumbrados a la brutalidad, se encogieron; los lanceros y los colosos de los mazos retrocedieron, completamente sacudidos por la magnitud del poderío que acababa de manifestarse sobre sus cabezas. Los caballos de los reyes se encabritaron en un pánico incontrolable. Ícaro, sobre el lomo de la bestia, permanecía impasible, pero la acción del dragón había reescrito las reglas de la noche.

La bestia volvió a elevarse, ganando altura con batidos de alas pesados que hacían vibrar los pulmones de los presentes, y fue a posarse de nuevo en el risco lejano. El mensaje ya no era una advertencia silenciosa; era una demostración de aniquilación inminente.

En el centro del campo, el silencio regresó más pesado, pero ahora cargado con el terror carnal del fuego. Hazard habló con sequedad, sin adornos. Hazard apeló a la lógica del desgaste, al costo de vidas que caería sobre ambos bandos si las armas salían de sus vainas.

La respuesta de Palus y Summun, pese a la voraz intimidación, fue de un rechazo absoluto. Para la Conspiración, el derramamiento de sangre no era un precio, era el método. Había un desprecio total por la vida, una ambición que exigía el exterminio a cualquier costo. No negociaron. No cedieron.

El intento de mediación se extinguió.

Palus y Summun giraron sus cabalgaduras de golpe, dando la espalda con hostilidad. Regresaron al galope hacia sus filas, donde los generales ya ajustaban sus filas integradas por los Jamanis, Spektris y Renaquistas

A los que se les sumaron los Vidras, Klushdassen y Klushcar.

Los gritos desafiantes rebotaban por el extenso terreno generando una acústica temible.

de pronto un viento fuerte levantó la tibia arena atravesando las líneas enemigas ahí estaba el rey Hazard que arrojó la bandera blanca a la arena. Regresó a su posición, se colocó a la cabeza de la Fusión del Halo y desenvainó. El metal cortó la noche.

Ya no quedaba espacio para las palabras. La decisión estaba tomada y el desierto solo esperaba el rugido del primer golpe.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.