Omnia "El Nuevo Orden"

III. El Elegido

Capítulo III

En el Reino del Fuego todo estaba preparado para la ceremonia más esperada de las últimas décadas.

Banderas y estandartes decoraban las calles de Yarlug. Los habitantes llegaban desde aldeas y poblados distantes para presenciar un acontecimiento que marcaría el comienzo de una nueva etapa para el reino.

Después de dedicar toda una vida a la corona, el rey Cícero había tomado una decisión que pocos creían posible.

Abdicar.

Los años habían dejado su huella.

La sabiduría seguía intacta, pero el peso del tiempo y las responsabilidades de un reino exigían más de lo que su cuerpo podía ofrecer.

Ningún soberano gobierna para siempre.

Y Cícero lo sabía.

Por ello había decidido entregar la corona a quien consideraba digno de continuar su legado.

Ícaro.

Joven, leal y fiel a los principios que habían guiado al Reino del Fuego durante generaciones.

Un hombre que había demostrado su valor tanto en tiempos de paz como en los momentos más difíciles que enfrentó Omnia.

A su lado permanecía Drako.

El valiente dragón que había sido condecorado por el acto que puso fin a la mayor amenaza conocida por el continente.

Su nombre ya formaba parte de la historia.

Y junto a él también quedaría grabado el de Ícaro.

Durante una ceremonia previa, Cícero se dirigió a los nobles y representantes del reino.

—Hoy se encuentra ante ustedes un hombre que ha ganado su lugar con honor, esfuerzo y lealtad. Un caballero cuya voluntad jamás vaciló cuando fue necesario proteger a su pueblo.

Las palabras del anciano rey resonaron por todo el salón.

—No hereda únicamente una corona. Hereda la responsabilidad de velar por cada habitante de estas tierras.

Los presentes guardaron silencio.

—Y puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que el trono encontrará en él a un digno soberano.

Los aplausos no tardaron en llegar.

Mensajeros partieron hacia todos los rincones de Omnia llevando la invitación oficial para la ceremonia de coronación.

Los reyes y soberanos comenzaron a responder.

Entre ellos, el rey Hazard confirmó su presencia acompañado por su hija, la princesa Attina.

También llegaron respuestas desde otros reinos, cuyos representantes deseaban presenciar el nacimiento de una nueva era para Yarlug.

La noticia recorrió el continente con rapidez.

El Reino del Fuego tendría un nuevo rey.

Y Omnia aguardaba expectante el día en que Ícaro fuese coronado ante la mirada de la nobleza y de aquellos que depositaban en él la esperanza del futuro.




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