Omnia "El Nuevo Orden"

V. Un Paso Adelante

Capitulo 5

La transformación de Palasor ya no podía ocultarse tras las murallas de los pantanos.

El nombramiento de Lyrak como Rey Honoris Causa había comenzado a modificar lentamente la percepción interna del reino, pero el nuevo líder comprendía que el verdadero desafío no se encontraba dentro de sus dominios.

Sino fuera de ellos.

El Reino de los Pantanos había permanecido aislado durante generaciones. Su nombre todavía evocaba temor, oscuridad y sometimiento. Por esa razón, Lyrak entendió que ningún cambio tendría valor real mientras los demás soberanos continuaran viendo a Palasor como el antiguo reino de Palus.

Por decisión propia, ordenó preparar un mensaje diplomático dirigido hacia Shangricol.

No hacia Yarlug.

No hacia Tiemkush.

Sino hacia el Reino del Desierto.

El mismo reino que había resistido y derrotado el avance de la alianza de la sombra.

El mensaje fue entregado por un emisario real que atravesó las rutas comerciales del continente hasta llegar a San Gregor, donde el rey Hazar recibió personalmente la solicitud de audiencia.

Días después, Lyrak llegó a Shangricol acompañado únicamente por un pequeño grupo de legionarios ceremoniales. Sin exigencias. Sin reclamos. Sin condiciones.

Solo con una intención clara:

Iniciar un nuevo vínculo entre reinos.

El encuentro tuvo lugar en el Salón Dorado del palacio real.

Las enormes columnas revestidas en mármol claro reflejaban la luz del desierto mientras Hazar observaba en silencio al nuevo líder de Palasor.

Durante años, aquel reino había representado una amenaza para Omnia.

Ahora, frente a él, se encontraba el hombre que afirmaba haber cambiado su destino.

—Agradezco que haya aceptado recibirme, majestad —declaró Lyrak inclinando levemente la cabeza.

Hazar permaneció en silencio durante unos segundos antes de responder.

—No todos los días el líder de Palasor solicita una audiencia en Shangricol.

Lyrak sostuvo la mirada del soberano del desierto.

—Los tiempos han cambiado.

—Eso aún está por demostrarse —contestó Hazar con serenidad.

La tensión permaneció suspendida entre ambos.

Sin embargo, Lyrak no retrocedió.

—No he venido a reclamar reconocimiento —continuó—. He venido a invitarlo oficialmente a visitar el Reino de los Pantanos.

Las palabras provocaron un silencioso desconcierto entre algunos consejeros presentes.

Jamás un soberano de Shangricol había sido invitado formalmente a Palasor.

Hazar observó fijamente al líder de los pantanos.

No respondió de inmediato.

Porque entendía perfectamente el peso político de aquella invitación.

Aceptar significaba reconocer la posibilidad de un cambio.

Negarse significaba condenar a Palasor eternamente por su pasado.

Finalmente, el rey del desierto se puso de pie.

—Consideraré vuestra invitación.

No fue una aceptación.

Pero tampoco una negativa.

Y Lyrak comprendió el significado de aquella respuesta.

La audiencia concluyó poco después.

Esa misma noche, Hazar ordenó enviar un mensaje hacia Yarlug.

El destinatario era el nuevo rey del Fuego.

Ícaro.

La respuesta no tardó en llegar.

Al amanecer siguiente, la gigantesca figura de Draco apareció sobre los cielos de Shangricol.

El dragón descendió lentamente sobre las terrazas reales mientras los guardias del desierto observaban con admiración la llegada del soberano de Yarlug.

Ícaro fue recibido por Hazar con todos los honores correspondientes a un rey.

Pero aquella no era una visita ceremonial.

Era una reunión privada.

Estratégica.

Horas más tarde, ambos se reunieron en el Salón Dorado.

—Necesito de tu colaboración —declaró Hazar.

—Estoy a su disposición, majestad.

El rey del desierto caminó lentamente hasta uno de los grandes ventanales desde donde podían verse las dunas interminables de Shangricol.

—He sido invitado al Reino de los Pantanos —dijo finalmente—. Y quiero que me acompañes.

Ícaro frunció levemente el ceño.

—¿A qué se debe?

Hazar giró lentamente hacia él.

—Uno debe estar siempre un paso adelante.

El silencio dominó el recinto.

—Si Draco realiza un sobrevuelo previo sobre Palasor, podremos conocer mejor las verdaderas intenciones de Lyrak antes de ingresar al reino.

Ícaro comprendió inmediatamente el trasfondo de aquellas palabras.

—¿Desconfía de él?

Hazar sostuvo la mirada del joven rey.

—No olvido que Palasor fue nuestro enemigo.

Ícaro asintió lentamente.

Y aunque entendía la cautela del soberano del desierto, también percibía que aquella visita podía convertirse en el inicio de algo mucho más importante para el futuro de Omnia.

—Entonces puede contar conmigo —respondió con firmeza.

La decisión estaba tomada.

El Reino del Desierto viajaría hacia los Pantanos.

Pero esta vez, la historia los encontraría desde un lugar completamente diferente.




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