Omnia "El Nuevo Orden"

VII. El Peso del Reconocimiento

Capitulo 7

El banquete ofrecido por Lyrak estuvo a la altura de la ocasión.

Las extensas mesas del gran salón exhibían carnes asadas, frutos silvestres y recipientes tallados en piedra negra que contenían el vino elaborado en los territorios pantanosos.

Contra todo prejuicio, el Reino de Palasor poseía una tradición vitivinícola desarrollada durante generaciones por artesanos dedicados a perfeccionar el cultivo de la vid entre la humedad y las ciénagas.

Hazard llevó lentamente la copa hacia sus labios y, tras probar el vino, dejó escapar una leve sonrisa.

—Debo felicitarlo… es excepcional.

Lyrak inclinó apenas la cabeza.

—Nuestros artesanos llevan décadas perfeccionándolo. Incluso en los tiempos más oscuros, algunas tradiciones sobrevivieron al deterioro del reino.

Hazard observó nuevamente el contenido de la copa.

—Cuesta creer que entre pantanos y ciénagas pueda elaborarse un vino de semejante calidad.

—Palasor aún conserva mucho más de lo que el continente imagina —respondió Lyrak con serenidad—. Y me gustaría que usted y su gente puedan comprobarlo por sí mismos.

[...]

Hazard fue el primero en hablar.

—La petición presentada por usted será analizada durante el próximo encuentro del priorato.

Lyrak permaneció en silencio.

—Será allí donde los nobles del continente debatan el futuro político de Palasor —continuó Hazard—. Y en base a lo que allí se resuelva… se emitirá un veredicto definitivo.

Lyrak asintió lentamente.

Aquello era mucho más de lo que había esperado obtener en tan poco tiempo.

—Por mi parte —agregó Hazard— considero que vuestro reino merece ser escuchado.

En ese instante, la puerta del despacho comenzó a abrirse lentamente.

La figura del joven rey Ícaro apareció en el umbral.

—Rey Ícaro… quisiera conocer vuestra opinión respecto a la petición de Lyrak —expresó Hazard.

Ícaro avanzó unos pasos antes de responder.

—Considero que Palasor merece una oportunidad. Aunque ciertas condiciones deberán debatirse en el momento indicado.

Hazar asintió lentamente.

—Y así será.

La reunión llegó a su fin poco después.

Al amanecer siguiente, la reducida comitiva abandonó el Reino de los Pantanos escoltada por el sobrevuelo de Drako.

Mientras las ciénagas y la niebla comenzaban lentamente a quedar atrás, Hazard permaneció en silencio observando el horizonte.

Palasor ya no era exactamente el mismo reino que había enfrentado tiempo atrás.

Pero el verdadero juicio todavía no había comenzado.

La petición de Lyrak sería presentada ante el priorato.

Y sería allí, frente a los nobles del continente, donde el Reino de los Pantanos enfrentaría el peso definitivo del reconocimiento.




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