Omnia "El Nuevo Orden"

XIII. La Vos del Priorato

Capitulo 13

Bien entrada la noche, luego de la cena y de una extensa conversación entre el rey Hazard, la princesa Attina y el rey Ícaro.

A pesar de la cordialidad del encuentro, todavía quedaba un asunto pendiente.

Era necesario hacerle llegar al regente Lyrak la resolución adoptada por el Priorato.

Con evidente cansancio, Hazard apoyó la copa sobre la mesa y comentó:

—Mañana debo partir hacia Palasor para notificar al regente sobre lo resuelto por la asamblea.

Ícaro permaneció pensativo durante unos instantes antes de responder.

—Su majestad, movilizar una comitiva hasta los pantanos únicamente para comunicar una resolución no parece lo más conveniente. Si lo considera oportuno, puedo encargarme personalmente de llevarle la noticia.

Hazard lo observó en silencio.

—Es un viaje extenso. Aún persisten riesgos en aquellas tierras.

—Pierda cuidado. Drako y yo tomaremos los recaudos necesarios. Iremos hasta Palasor, informaremos al regente y desde allí emprenderé el regreso hacia Yarlug.

Una leve sonrisa apareció en el rostro de Hazard.

—De acuerdo. Agradezco tu colaboración. Hay gestos cuyo valor supera cualquier discurso.

—Entonces, con vuestro permiso, me retiraré a descansar. Partiremos al amanecer.

Los presentes asintieron mientras Ícaro abandonaba el salón.

Una vez en su recámara, apenas había comenzado a prepararse para dormir cuando escuchó unos pasos acercándose por el corredor.

Alguien golpeó suavemente la puerta.

Al abrirla se encontró frente a Attina.

—¿Princesa? ¿Qué te trae por aquí?

Attina pareció dudar unos instantes antes de responder.

—Solo quería despedirme antes de que partieras hacia tu misión.

Ícaro sonrió.

—Eso es muy amable de tu parte.

La princesa bajó la mirada por un momento.

—También quería saber si tienes pensado volver.

—¿Volver?

—A Shangricol.

—Por supuesto que volveré. Primero debo atender algunos asuntos en mi reino, pero regresaré.

Attina asintió.

—Entonces aquí estaré esperando tu regreso.

Por un instante ninguno de los dos encontró algo más que decir.

—Hasta mañana, Attina.

—Hasta mañana, Ícaro.

La princesa se alejó por el corredor mientras una extraña sensación permanecía flotando en el ambiente.

Con las primeras luces del amanecer, Drako desplegó sus enormes alas y comenzó a ganar altura sobre las torres de Shangricol.

Sobre su lomo viajaba el rey Ícaro.

El viento golpeaba su rostro mientras atravesaban montañas, llanuras y extensiones de terreno cada vez más húmedas.

Horas después aparecieron ante ellos los interminables pantanos de Palasor.

El dragón descendió finalmente sobre la plaza de armas del castillo.

La presencia de Drako provocó la inmediata atención de soldados, sirvientes y habitantes que observaban desde las murallas.

Pocos instantes después apareció el consejero real.

—Bienvenido a Palasor, Su Majestad. El regente Lyrak os aguarda.

—Guíame hasta él.

El consejero inclinó la cabeza.

—Por aquí, si sois tan amable.

Atravesaron largos corredores de piedra hasta llegar al Salón de los Patíbulos.

Lyrak aguardaba de pie junto a una de las ventanas.

Al escuchar los pasos giró lentamente.

—Rey Ícaro. Vuestra presencia es una grata sorpresa.

—Traigo noticias del Priorato.

El regente comprendió de inmediato el motivo de la visita.

Ícaro extrajo el documento sellado y lo colocó sobre la mesa.

Lyrak rompió el sello y comenzó a leer.

El silencio se apoderó del salón.

Ni el consejero ni Ícaro pronunciaron palabra alguna.

Cuando terminó la lectura, el regente permaneció inmóvil observando el pergamino.

Luego lo enrolló cuidadosamente.

—Finalmente han tomado una decisión.

—Así es.

Lyrak dejó escapar una lenta exhalación.

—Agradezco al Priorato por su resolución. Y especialmente al rey Hazar por haber presentado mi petición.

Su mirada se dirigió hacia Ícaro.

—Y a vos por haber realizado este viaje.

—Solo cumplí con mi deber.

El regente asintió.

—Palasor continuará honrando la confianza depositada en él.

—Eso esperamos todos.

Durante unos instantes ambos permanecieron en silencio.

No era necesario agregar nada más.

La decisión había sido comunicada.

El asunto estaba resuelto.

—Permitidme al menos ofreceros un almuerzo antes de partir.

Ícaro negó con cordialidad.

—Agradezco vuestra hospitalidad, pero Yarlug me espera. He permanecido demasiado tiempo lejos de mi reino.

Lyrak sonrió.

—Entonces no os demoraré más.

Los dos gobernantes estrecharon sus manos.

Poco después, Ícaro abandonó el castillo, montó nuevamente sobre Drako y emprendió el regreso.

Mientras las murallas de Palasor desaparecían detrás de él, comprendió que la misión había concluido.

Ahora era momento de regresar a Yarlug y atender los asuntos que aguardaban al otro lado de las montañas.




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