Omnia "El Nuevo Orden"

XIV. El Símbolo del Nuevo Orden

Capitulo 14

Con su corcel negro irrumpió en la Plaza Mayor de Rávena.

Apenas desmontó, uno de los asesores tomó las riendas del animal y lo condujo hacia los establos mientras Feristeo se dirigía al recinto real.

Su labor había sido cumplida.

El Priorato había concluido sus deliberaciones y, por primera vez en varios días, podía dejar atrás las responsabilidades institucionales para regresar junto a quien más había extrañado.

Al atravesar las puertas del salón principal encontró a Catabella aguardándolo.

La reina no ocultó su alegría.

—¿Has vuelto?

Feristeo sonrió.

—Sí, he vuelto. Y ansiaba este momento con todo mi corazón.

Catabella se acercó a él.

—He ordenado que preparen para la cena tu plato favorito.

—Es una grata sorpresa —respondió él—. Aunque antes de sentarme a tu lado y compartir la mesa, debo asearme. El viaje fue más extenso de lo que esperaba.

—Es lo más indicado.

Catabella sonrió con cierta complicidad.

—Y cuando regreses, tengo una propuesta más que interesante para compartir contigo.

Feristeo arqueó una ceja, intrigado.

—¿Una propuesta interesante?

—Así es.

—Ahora has despertado mi curiosidad.

—Entonces procura no demorarte demasiado.

Feristeo soltó una breve carcajada.

—Ya vuelvo. No me demoraré en absoluto.

Mientras se alejaba por los corredores del castillo, no pudo evitar preguntarse qué idea rondaba la mente de la reina.

Conociendo a Catabella, seguramente se trataba de algo mucho más importante que una simple conversación.

Y fue así como aquello que parecía una simple propuesta terminó quedando relegado por algo mucho más importante.

Tan importante como volver a compartir una cena que desbordaba emociones y sentimientos contenidos tras varios días de ausencia.

Las conversaciones se extendieron entre anécdotas, recuerdos y comentarios sobre los acontecimientos ocurridos durante la reunión del Priorato.

Por unas horas dejaron de ser reina y consorte.

Simplemente fueron Catabella y Feristeo.

Cuando la cena llegó a su fin, Catabella se puso de pie.

—Hoy ha sido una jornada extensa. Creo que ha llegado el momento de descansar.

Feristeo sonrió mientras dejaba su copa sobre la mesa.

—Aguarda. Yo también he terminado.

La reina lo observó con cierta picardía.

—¿Ocurre algo? Te noto particularmente ansioso esta noche.

—Tal vez sea porque llevo demasiados días lejos de casa.

Las miradas de ambos se encontraron.

No hicieron falta más palabras.

Abandonaron el salón y caminaron juntos por los silenciosos corredores del castillo.

Al llegar a la alcoba real, Catabella indicó a las damas de servicio que no permitieran interrupciones bajo ninguna circunstancia.

Las puertas se cerraron lentamente tras ellos.

Por unos instantes permanecieron en silencio.

Feristeo se acercó y tomó suavemente a Catabella por la cintura.

La observó como si intentara recuperar en unos segundos todos los días que habían pasado separados.

La reina apoyó una mano sobre su rostro y sonrió.

Afuera, la noche continuaba su marcha sobre los acantilados de Rávena.

Dentro de la alcoba, lejos de responsabilidades, consejos y asuntos de Estado, ambos encontraron finalmente el tiempo que tanto habían esperado para volver a estar juntos.

La propuesta de Catabella podía esperar hasta la mañana siguiente.

Aquella noche pertenecía únicamente a ellos.

Al abrir los ojos y observar como su amado aún seguía durmiendo comienza a rozar con su mano hasta lograr que despierte y unirse en un abrazo añorado por tiempo.

Fue cuando Feristeo le consulta sobre lo dicho en la cena

Ayer mencionaste una propuesta importante y aún no me has interiorizado de la misma.

Sí una propuesta que se convertirá en un símbolo del nuevo orden.

Un símbolo del nuevo orden pregunta Feristeo

Vayamos a lo concreto cuál es tu idea pregunta

Haré construir un faro el cual se podrá divisar desde los confines de los mares y del continente.

Un faro cuya luz guiará hacia nuestro reino a Los viajeros y a los navegantes.

Ese faro se convertirá en el símbolo de nuestro reino y será de Gran importancia para los demás reinados.

Pues una idea fabulosa responde filisteo.

Es una idea fabulosa y en la que ambos nos pondremos a trabajar para lograr al detalle el futuro símbolo de rávena.

Pondré toda mi dedicación y mi esmero para lograr que tu proyecto se haga un hecho y destaque con su presencia la magnitud no solo de nuestro reino sino de la luz que nos guía.

Al abrir los ojos y comprobar que Feristeo aún dormía, Catabella deslizó suavemente la mano sobre su rostro hasta lograr despertarlo.

El consorte abrió los ojos y sonrió al verla.

Sin decir palabra, ambos se fundieron en un abrazo que parecía compensar los días que habían permanecido separados.

Fue entonces cuando Feristeo recordó la conversación pendiente.

—Anoche mencionaste una propuesta importante y todavía no me has contado de qué se trata.

Catabella sonrió.

—Así es. Una propuesta que, con el tiempo, podría convertirse en un símbolo del nuevo orden.

—¿Un símbolo del nuevo orden?

—Exactamente.

Feristeo la observó con curiosidad.

—Entonces vayamos a lo concreto. ¿Cuál es tu idea?

La reina se incorporó y dirigió la mirada hacia la ventana que daba al mar.

—Quiero construir un faro.

—¿Un faro?

—Sí. Una torre cuya luz pueda divisarse desde grandes distancias. Un punto de referencia para navegantes, viajeros y comerciantes que se aproximen a nuestras costas.

Feristeo permaneció en silencio unos instantes.

—Es una obra ambiciosa.

—No deseo que Rávena sea recordada por una guerra ni por una conquista. Quiero que sea recordada por algo que ayude a otros a encontrar el camino.




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