Capitulo 16
Resultaba imponente contemplar las naves amarradas en el puerto de Orush.
Las embarcaciones del reino de Gadir aguardaban la llegada de los representantes que integrarían una de las asambleas más trascendentales celebradas por el Priorato desde su creación.
Allí no solo se debatiría el futuro de Palasor.
También se decidiría si Lyrak era digno de recibir el reconocimiento oficial de los cinco reinos y ocupar un lugar dentro del nuevo orden político que comenzaba a consolidarse.
La primera delegación en embarcar fue la del rey Summun.
Acompañado por un reducido contingente, abordó la nave que lo conduciría a través del estrecho de Gulaf rumbo a la isla de Gadir.
Poco después hicieron lo propio el rey Hazar y la princesa Attina, seguidos por la representación del reino de Rávena.
Una tras otra, las embarcaciones abandonaron el puerto.
Solo una permanecía inmóvil.
Esperaba al último integrante del Priorato.
El rey Ícaro.
La demora comenzó a despertar comentarios entre las distintas delegaciones.
Sin embargo, la espera terminó de la manera más inesperada.
Un poderoso rugido descendió desde el cielo.
Todas las miradas se elevaron al mismo tiempo.
Draco apareció sobrevolando el puerto con la majestuosidad que solo él era capaz de transmitir.
Sobre su lomo viajaba Ícaro.
No había necesitado ninguna embarcación.
Había llegado volando.
La inmensa sombra del dragón cubrió el puerto mientras descendía lentamente.
Muchos habitantes de Gadir contemplaban aquella escena con asombro.
Era la primera vez que Draco visitaba la isla.
Su sola presencia imponía respeto.
Galateo avanzó unos pasos para recibir personalmente al joven rey.
Tras los saludos protocolares, las delegaciones se dirigieron al gran salón del palacio, donde los aguardaba un banquete preparado en honor a todos los invitados.
La cena transcurrió entre conversaciones distendidas, recuerdos compartidos y la expectativa silenciosa de lo que ocurriría al día siguiente.
En un momento, Ícaro se puso de pie.
Caminó hasta la mesa donde se encontraban Hazar y la princesa Attina.
Saludó respetuosamente al rey y, con una leve inclinación de la cabeza, invitó a Attina a recorrer los jardines del palacio.
Ella aceptó con una sonrisa.
Mientras ambos se alejaban entre senderos iluminados por antorchas, Galateo y Summun continuaban conversando en voz baja.
Los dos sabían que aquella reunión marcaría un antes y un después para todos los reinos.
La organización había resultado impecable.
Cada detalle había sido previsto.
Cada llegada había ocurrido según lo planeado.
Todo estaba preparado.
Al amanecer comenzaría la asamblea que decidiría el destino de Palasor y pondría a prueba la fortaleza del Nuevo Orden.
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Editado: 05.07.2026